Se trata de una transición desde la danza contemporánea hasta el flamenco en torno a un eje conceptual: el tránsito de «la herida» a la reconstrucción personal y la luz, estas cosas en las que se empeñan los coreógrafos en plasmar y nunca lo consiguen del todo. Intercala música original flamenca e innovaciones contemporáneas con logradas adaptaciones de las sonatas de ese gran músico que fue Antonio Soler. La principal novedad estructural es que la partitura original para teclado se traslada a la cuerda. Las sonatas son tocadas por un violonchelo en lugar de por un piano. Este cambio modifica por completo la textura musical de la obra original: el violonchelo aporta un tono mucho más melancólico, profundo y sostenido, que simula «la herida» o el lamento inicial, que se fusiona con percusión contemporánea y flamenca con un resultado vibrante, a veces estridente, y siempre a un volumen exagerado.
El director musical Luqui Losada y el músico Batio Hangonyi desarman y rearma las sonatas logrando una simbiosis entre el violonchelo contemporáneo y la base rítmica del folclore y el compás. Esto, facilitado porque las partituras de Soler ya poseían de origen células rítmicas inspiradas en la escuela bolera y los fandangos andaluces. La compañía aprovecha esa raíz rítmica común para que la transición entre la música clásica del siglo XVIII y el flamenco en directo resulte sutil y casi imperceptible. No obstante, y como siempre cuando se intenta coreografiar danza española en todas sus variantes, el flamenco se va imponiendo a lo largo de las ocho secuencias de que consta la suite para terminar teniendo primacía absoluta. Sigue siendo asignatura casi virgen desarrollar coreografías modernas sobre la base de las danzas tradicionales españolas, sean muñeiras, jotas o sardanas.
Las sonatas para teclado de Soler son más de 120 composiciones entre barroco tardío y estilo galante temprano. Antonio Soler (1729–1783), discípulo de Domenico Scarlatti, mezcla la técnica italiana y el teclado virtuoso con ritmos y aires populares españoles como el bolero, la malagueña o la saeta. La mayoría son piezas breves de un solo movimiento en forma bipartita. Antonio Francisco Javier José Soler y Ramos es considerado uno de los más importantes representantes de la música para teclado del siglo XVIII. Monje y sacerdote de la Orden de los Jerónimos, fue maestro de capilla de la catedral de Lérida, hasta pasar a ocupar el cargo de organista y director del coro en el Monasterio de El Escorial. Se le considera un maestro de la música barroca española, su espíritu, carácter y marcada personalidad pintan el paisaje de la música española del siglo XVIII
La dirección escénica de Mónica Fernández y Raúl Alonso resulta acertada en una sobriedad habitual en los escenarios de danza contemporánea en los que las gigantescas gasas colgantes del fondo del escenario toman vida gracias a un sobresaliente diseño de iluminación de Pedro Yagüe completado por la proyección en varios momentos de pinturas oníricas del artista Manel Pujol, muy influido por Dalí y Miró. Y el resultado es adecuado marco para un bello y variado despliegue de vestuario diseñado también por la directora artística, Mónica Fernández, con la ayuda de Jasanzo.

Todo ello construye un marco de notable nivel para una coreografía de Mónica Fernández con aportaciones de Rubén Olmo que tiene garbo y elegancia, que aporta original lectura a lo de siempre para que resulte nuevamente interesante. En ella destaca a nuestro parecer el tercer elemento, el de las evoluciones de las bailarinas en torno a sillas y en bonito juego con sus trajes dobles, negros por fuera y blancos por dentro. Y el momento más brillante se producirá en el cuadro que sigue, un solo de bailarín que marcaría un momento de liberación personal, que es interpretado alternativamente por Aaron Beltrán y Borja Lebrón, sin que nos informen de quien de los dos lo interpretaba en la tercera velada, la de este sábado en el cual asistimos. Además de ellos habría que destacar a los restante veinte integrantes del cuerpo de baile, una presencia conjunta notable, de buen nivel técnico y prometedor futuro.
La estructura de la suite alterna e intercala fragmentos de sonatas de Soler adaptadas por Losada y Hangonyi con composiciones de corte puramente flamenco y de raíz, creadas por el conjunto de guitarristas y percusionistas que desarrollan la música en directo, aunque ocultos de la vista del espectador por alguna razón que no compartimos.
El percusionista Luis Fernández Salazar, conocido artísticamente como Luqui Losada, miembro de una conocida saga del flamenco, ha planteado la música de «Nascencia» no como un simple acompañamiento variado, sino como un conjunto unificado. Él y Hangonyi traducen la base melódica escrita originalmente para teclado hacia una métrica encajada en el compás, sustituyendo el piano clásico por la profundidad de un violonchelo en escena y arropándolo con percusión, con un formato donde los músicos interactúan de forma directa con los bailarines. La percusión y las guitarras en vivo dialogan con las castañuelas, el zapateado y las voces de las cantaoras Chelo Pantoja y Carmen Ruiz, buscando que la intensidad de la música fluctúe de manera orgánica según el recorrido emocional que marca la coreografía.
Losada es un percusionistas y director musical consolidado en el flamenco contemporáneo, el nuevo flamenco o el denostado neoflamenco, que predica mucho y da escaso trigo. A los 14 años se especializó en el cajón flamenco, incorporado por Paco de Lucía, de origen peruano pero incorporando en su interior cuerdas metálicas (denominadas bordones) que producen un sonido más agudo, y domina los tres tipos de percusión flamenca: para el baile, para el cante y para el acompañamiento de guitarra. Barnabas Hangonyi «Batio», es pionero en la introducción del violonchelo. Es el único de los músicos que aparece sobre el escenario, aunque en el rincón más oculto, y su chelo representa musicalmente «la herida» de la que nace el concepto de la obra. Su sonido melancólico, hondo y sostenido abre el viaje emocional del espectáculo, creando una atmósfera introspectiva y oscura de la que el cuerpo de baile se sirve para iniciar su coreografía antes de viajar hacia el jaleo y la luz de las guitarras. Nacido en Eslovaquia en 1974, en el año 2000 se trasladó a España.
Las cantaoras que interpretan el repertorio en directo y marcan los palos flamencos de la suite son Chelo Pantoja y Carmen Ruiz, encargadas de transmitir la carga dramática de la obra. El repertorio incluye soleá, cantes de ida y vuelta y cantiñas. No se facilitan las letras por ‘la improvisación propia del directo’ -dicen-, pero formando parte esencial del argumento, se hurta al público -y no hablemos de la crítica- una información esencial para comprender y juzgar la propuesta.

Mónica Fernández Pacheco (Cornellá de Llobregat, 1973), ostenta el cargo de directora artística del Ballet Español de la Comunidad de Madrid tras la salida del anterior director artístico, Jesús Carmona, a finales de 2024. Criada en el ambiente de las peñas flamencas catalanas, se tituló en el Real Conservatorio de Danza de Sevilla y amplió sus horizontes artísticos en ballet clásico, escuela bolera, folclore y danza contemporánea. Con Antonio Canales desarrolló más de dos décadas como primera bailarina, repetidora y ayudante de dirección. Busca redefinir la danza española y planea al frente de la compañía el estreno de «Cibeles» en diciembre y un homenaje a La Argentinita para la próxima primavera. Entrevistada recientemente en ‘Albidanza’ se guía por un decálogo autodidacta que comienza porque no es oro todo lo que reluce y que el ego te destruye, sigue por tratar a todos por igual y que en el arte uno no se casa con nadie, y termina con que la humildad nos lleva hasta el infinito y más allá, que al escenario se sale con la cabeza fría y el corazón caliente, y que no se puede vivir de los recuerdos y hay que seguir trabajando todos los días.
Pues a ver si con ello consigue que este ballet español y madrileño se consolide.
Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 8
Planteamiento: 9
Música: 8
Coreografía: 8
Interpretación: 8
Producción: 8
Programa de mano: 5
Documentación a los medios: 3
BALLET ESPAÑOL DE LA COMUNIDAD DE MADRID
‘Nascencia’
Del 24 de septiembre al 4 de octubre de 2026
Duración: 1 h 5 min (sin intermedio)
Dirección artística: Mónica Fernández
Coreografía: Mónica Fernández y coreografías cedidas por Rubén Olmo
Ayudante de coreografía: Mariano Bernal
Maestra especialista: Cristina Gómez
Dirección musical: Lucky Losada
Música: La sonata del padre Soler alternada con composiciones flamencas de los músicos presentes, Agustín Diassera, Jesús Calluela, Lucky Losada, Vaqui Losada, Iván Losada y David Cerreduela.
Adaptación musical de la sonata: Lucky Losada y Batio Hangonyi
Dirección escénica: Mónica Fernández, Raúl Alonso
Diseño de iluminación: Pedro Yagüe
Diseño de vestuario: Mónica Fernández, Jasanzo
Vestuario: Enrique Vicent, Omohonia, Jasanzo, Eva Pedraza, Cristina Collado, Gracia Collado, Silvia Álvarez, José Cantero, Justo Algaba, Taller Gabriel Besa
Zapatos: Artefyl y Gallardo
Comunicación: Futura Comunicación
Equipo de producción: Juan Manuel Borraspardo
Elenco: Aarón Miguel Beltrán García, Borja Lebrón, Fermín Astrain Cía, Rodrigo García Martínez, Carmen Alonso, Nuria Diez, Alejandro Cerdá, Andrea Antó Hernández, Carmen Segura, Aarón Beltrán, Jan Gálvez, Lucía Cardeñoso, Candela Molina, Ainara Cardoso, Ismael Gómez Atienzar, Lourdes Sevilla, Úrsula Mazuelos López, Marina Madiedo, Yeray Fonseca Cádiz, Mario Mingueza, Alejandro Mármol Riquelme.
Músicos: David Cerreduela (guitarra), Iván Losada (guitarra), Lucky Losada (percusión), Chelo Pantoja (cantaora) y Carmen Ruiz (cantaora)
Músico invitado: Barnabás ‘Batio’ Hangonyi (cello).



