La relación de la obra de Salvador Dalí (1904-1989) con los escritos de Sigmund Freud (1856-1939) constituye una de las claves que articulan su poética visual, y es asunto evidente a primera vista. Una nueva exposición incide en ello y nos permite acercarnos de nuevo al mundo de uno de los más importantes pintores contemporáneos.
Esta exposición reúne unas 130 obras, entre cuadros, dibujos, esculturas y vídeos, y propone una relectura del conjunto de la carrera del artista de Figueras con esta relación como hilo conductor, recorriendo toda su biografía, desde el complejo universo familiar patente en sus primeros años hasta sus creaciones más tardías, y así mostrar la huella freudiana en su vida y en su obra.

Ya en el manifiesto inaugural del surrealismo, André Breton reconocía: «Con toda justicia, debemos agradecer a los descubrimientos de Sigmund Freud que una parte del mundo intelectual haya podido comenzar a orientar sus investigaciones en ese sentido». Por tanto, fue referencia constante de todo el movimiento y no solo de Dalí. Este, desde que leyó ‘La interpretación de los sueños’ a principios de la década de 1920 en la Residencia de Estudiantes de Madrid encontró el justificante intelectual de sus obsesiones. Su admiración por el austriaco no cesó hasta conseguir una entrevista en 1938 en Londres. Pero Freud no le prestó mucha atención, y la entrevista fue breve y compartida con el escritor austriaco Stefan Zweig y al poeta británico Edward James: dicen que dijo que era ejemplo excelente del fanatismo que atribuía a los españoles. “En la primera etapa de mi vida, mi héroe era Sigmund Freud. Mi pintura expresaba la angustia y las visiones neuróticas que tenía en esa época”, dirá; las ideas freudianas le dieron fuerza para transformar sus fantasías, complejos, obsesiones, traumas y deseos insatisfechos en expresiones poéticas, visuales principalmente, y también escritas: comenzó a crear un sistema de signos y símbolos visuales que daban forma a su mundo interior y que, repetidos, acabaron conformando un tipo de metalenguaje.
El recorrido de la muestra se organiza en seis secciones cronológicas en base a su biografía. En todas hay obras suyas relacionadas con el pensamiento freudiano y la conexión se ilustra también con pinturas y dibujos de Ingres, Severini, Arp, Schwitters, Lorca y Tanguy, con presencia de Ramón y Cajal y el mismo Freud.

1. El entorno familiar, Figueres y Cadaqués
La primera sección aborda el complicado entorno familiar del pintor: su madre falleció cuando él tenía 17 años; su autoritario padre se casó enseguida con su cuñada, que se convirtió en su tía-madrasta; con su hermana -Retrato de Ana Maria (1924) y Figura en una mesa (1925), compartió vivencias que traspasaban lo fraternal. En los años de formación artística se manifestaron los primeros complejos y traumas, y la fuerte impronta del cabo de Creus, en el entorno de Cadaqués -Acantilados (1926)-, cuyas siluetas están presentes en muchas de sus obras.
2. 1922-1928. La Residencia de Estudiantes. Retorno a Cataluña
El segundo capítulo se centra en el periodo en el que Dalí conoció el surrealismo a través de publicaciones francesas, leyó las obras de Freud y descubrió los dibujos de tejidos neuronales de Santiago Ramón y Cajal. Asimismo, entabló relación con muchos de los protagonistas de la modernidad española, en especial con Federico García Lorca y Luis Buñuel, junto a los que, en torno a 1926, hace ahora 100 años, daría forma a los cimientos del primer surrealismo español. En esta época Dalí realizó sus primeras exposiciones importantes en Madrid y Barcelona y, tras experimentar con varios lenguajes, consolidó su peculiar identidad visual, en la que se observaban ya sus miedos y su obsesión por los elementos de carácter sexual, con obras como Los esfuerzos estériles (Cenicitas) (1927-1928) y Los deseos insatisfechos (1928).
3. 1929-1931. La joven promesa del surrealismo
Óleos como El hombre invisible (1929-1933),Los placeres iluminados (1929), Los primeros días de la primavera (1929) y Guillermo Tell (1930), en este tercer apartado abarcan los años en París, formando parte activa del movimiento surrealista, y siendo probablemente el que mejor plasmó en imágenes sus fundamentos teóricos. Será cuando conozca a Gala, con la que se casó en 1932 por lo civil y de nuevo en 1958 por el rito católico, y será su musa y compañera el resto de su vida. También da la impresión de que un poco su agridulce tormento, su vigilanta, su dueña: “Firmando mis obras como Gala-Dalí no hago más que dar nombre a una verdad existencial, porque no existiría sin mi gemela Gala“. Desempeñó un papel profundamente maternal, protector y administrativo en su vida, en definitiva, fue el sostén de un genio desequilibrado.
4. 1932-1937. El método paranoico-crítico
La cuarta sección reúne una treintena de obras que abordan el desarrollo del que llamó ‘método paranoico-crítico’, las bases de su vinculación con el psicoanálisis freudiano; consideraba la paranoia como un “estado de gracia” en el que el artista es capaz de asociar formas y objetos significados que van más allá de lo que aparentemente representan. Destacan en esta sala obras como Nacimiento de los deseos líquidos (1931-1932), El Ángelus de Gala (Retrato de Gala) (1935), El destete del mueble-alimento (1934), Soledad paranoico-crítica (1935) y El gran paranoico (1936).
5. 1938-39. Encuentro con Freud. Expulsión del grupo surrealista
Es el período de su expulsión del grupo surrealista en 1939 -por envidia de Breton que no admitía que fuera más brillante que él- y la marcha a Estados Unidos. Incluye obras como El escritorio antropomórfico (1936), el Dibujo de Sigmund Freud (1938) -que Dalí realizó a raíz del encuentro-, Enigma sin fin (1938), España (1938) y tres fotografías del Sueño de Venus, el pabellón que diseñó en la zona de ocio de la Feria Mundial de Nueva York, una enorme y provocadora instalación que quería aproximar el surrealismo a la cultura popular estadounidense.
6. Después de 1940. la persistente sombra de Freud
Finalmente, el sexto apartado rastrea los vestigios freudianos que nunca llegaron a abandonar su obra, a pesar de que su atención se centrara en otros asuntos científicos y en su retorno a la religión católica. Los ecos del psicoanálisis -reblandecimiento de las formas, imágenes dobles…- se aprecian en obras como Apoteosis de Homero (sueño diurno de Gala) (hacia 1945) y Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar (hacia 1944), así como en sus decorados para espectáculos de ballet estrenados en Nueva York, como el boceto Proyecto para “Laberinto” (1941). Espectacular complemento es el telón de casi quince metros que realizó para la ópera Tristán enloquecido (1944) que se exhibe en el vestíbulo de entrada. Las ideas religiosas y la fascinación por el mundo clásico son patentes en obras como La ascensión de Cristo (Piedad) (1958), La Madonna de Portlligat (1949) y El Anuncio (La Trinidad) (1960).
La exposición exhibe también la película Comiendo erizos de mar (1930) y fragmentos de sus participaciones en Un perro andaluz (1929) y La Edad de Oro (1930), de Luis Buñuel, así como de Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock. Además, se incluyen tres audiovisuales realizados por el escritor, productor y fotógrafo Joan Dolç para contextualizar la muestra: Salvador Dalí y Julio Romero de Torres (2026), Génesis de ‘La metamorfosis de Narciso’, 1937 (2026) y Dalí. Un esbozo freudiano (2026).
En estos momentos, hay otras dos exposiciones en España de su obra: «Dalí Infinito» en el recientemente recuperado Palacio de Gaviria en pleno centro de Madrid, con 14 esculturas de gran formato, acompañadas de dibujos preparatorios, obra gráfica e ilustraciones, con especial foco en el periodo 1973‑1980 cuando el pintor se volcó en desarrollar un lenguaje tridimensional muy personal, que es un recorrido inédito por su faceta de escultor, tan desconocida. Y la otra es «Diez recetas de inmortalidad», en el Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella, disponible hasta el 15 de noviembre de 2026.
A lo largo de este siglo, el repaso más importante sobre su obra ha sido el del Centro Pompidou de París (2012-2013), que se convirtió en la segunda más visitada de su historia, con 790.090 asistentes. El éxito fue tan abrumador que, durante sus últimos cuatro días, el museo tomó la medida inédita de abrir ininterrumpidamente las 24 horas del día. Tras París, y titulada «Dalí. Todas las sugestiones poéticas y todos los misterios plásticos» vino al Museo Reina Sofía. Reunió más de 200 obras (entre pinturas, esculturas y dibujos) y fue también la muestra temporal más exitosa del siglo en Madrid, sumando más de 730.000 visitantes (ver nuestra reseña de entonces). También son de destacar «Dalí & Film» (2007-2008), una coproducción entre la Tate Modern de Londres y el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, y la inauguración en 2011 del nuevo edificio del The Dalí Museum en San Petersburgo (Florida) marcó un hito con «Dalí y la transformación de Estados Unidos», tomando como eje central su lienzo monumental El descubrimiento de América, donde Dalí se retrata como un fraile que acompaña a Cristóbal Colón, con referencias a San Juan de la Cruz y al milagro de las moscas de San Narciso, el patrón de Gerona.

Picasso ha eclipsado a Dalí en España en las últimas décadas por razones esencialmente políticas, al haberse mostrado admirador de los logros del franquismo, por ser conservador y católico, y por decirlo bien alto. Y algunos debemos recordar que en octubre de 1975, tras los fusilamientos de los que entonces eran nuestros camaradas en el FRAP, declaró que Franco era una «persona maravillosa» y que «lo que se necesita es el triple de ejecuciones». No obstante, su obra pictórica es de lo más interesante que ha dado el siglo XX. Y alguien tendría que afrontar una retrospectiva de su obra durante el franquismo, especialmente al final. ¿Qué hacía Dalí mientras España cambiaba de régimen?
Aproximación a la propuesta (del 1 al 10)
Interés: 9
Despliegue: 8
Comisariado: 7
Programa de mano: 9
Catálogo: 9
Documentación a los medios: 9
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
El universo freudiano de Dalí
Del 20 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027
Comisario: Jaime Brihuega.
Comisarios técnicos: Leticia de Cos y Juan Ángel López-Manzanares.
Con la colaboración de: Comunidad de Madrid y Ayuntamiento de Madrid
Con el patrocinio de: Natixis Corporate Investment Banking.
Catálogo con textos de Jaime Brihuega, William Jeffett, Dawn Ades e Ignacio Gómez de Liaño.
Ciclo de conferencias todos los miércoles del 28 de octubre al 25 de noviembre de 2026: participan los especialistas Ian Gibson (hispanista y escritor), Juan José Lahuerta (arquitecto, historiador del arte y ensayista, especialista en las vanguardias artísticas y en la cultura visual de los siglos XIX y XX), Jaime Brihuega (profesor emérito de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid y comisario de la exposición), Alyce Mahon (profesora de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo en la Universidad de Cambridge) y Elliot King (catedrático de Historia del Arte en la Universidad Washington and Lee).
Paseo del Prado, 8. 28014, Madrid. Salas de exposiciones temporales, planta baja.
De martes a domingo, de 10 a 19 h; sábados, de 10 a 23 h; lunes cerrado.
Noches Thyssen con Uber: Entrada gratuita todos los sábados, de 21 a 23 horas.
Tarifas: Entrada única: Colección permanente y exposiciones temporales. General: 14 €; reducida: 10 € mayores de 65 años, pensionistas y estudiantes; Grupos (a partir de 7): 12 € por persona; Gratuita: menores de 18 años, ciudadanos en situación legal de desempleo, personas con discapacidad, familias numerosas, personal docente en activo y Carné Joven y Carné Joven Europeo.
Venta anticipada en taquillas, web del museo y 91 791 13 70.



