José Catalán Deus

JCDeus.org

Otoño en el Botánico: sueños, flores y enigmas

Están empezando a caerse las hojas y el Real Jardín Botánico renueva sus exposiciones temporales con pintura neosurrealista, flores exóticas y fotos enigmáticas. Son tres propuestas muy diferentes que permiten hacer un alto en el recorrido por los senderos siempre sorprendentes de la joya vegetal del Paseo del Prado.

‘El último refugio’ recoge una muestra de la obra del pintor peruano establecido en España Héctor Acevedo (Lima,1963), que estudió bellas artes e ingeniería antes de inclinarse definitivamente por lo primero, donde cree haber encontrado su verdadera vocación. Sus cuadros parecen surgir de un sueño. Un universo poblado de elementos simbólicos y misteriosos, un mundo onírico en el que naturaleza, figuras humanas y símbolos se entrelazan para crear escenas cargadas de imaginación.

Los universos oníricos en la pintura representan uno de los capítulos más fascinantes de la historia del arte. Un territorio donde las leyes de la física, la lógica y el tiempo se disuelven para dar paso a otra realidad, la del subconsciente. Pintar el sueño no es simplemente ilustrar una fantasía; es trasladar al lienzo ese estado de vigilia suspendida donde lo imposible se vuelve cotidiano y lo absurdo adquiere una verdad irrefutable.Desde las visiones medievales y moralistas de El Bosco, repletas de criaturas híbridas y jardines de tentación, hasta los caprichos oscuros de Francisco de Goya, el arte siempre ha buscado una grieta para escapar de la razón. Ello sin olvidar figuras icónicas como Salvador Dalí o René Magritte, que invitan a cruzar el umbral de lo real para conocer lugares, paisajes o figuras que rompen con el espacio geométrico tradicional, desafiando la gravedad y donde el color deja de ser descriptivo para volverse emocional.

Con un objetivo similar, Acevedo inventa mundos nuevos de tonos desaturados que transmiten calma, en contraste con rojos intensos que actúan como fuego interior o pasión oculta. Según la comisaria de la exposición, su arte “no es sencillo ni fácil de interpretar o descifrar. Está considerado neosurrealista, aunque él no se siente plenamente surrealista porque, si bien empieza sus obras con trazos automáticos, luego va incluyendo muchos símbolos o parafraseando obras del ayer que le dan un carácter simbólico y posmoderno. Hablar de la pintura de Acevedo es hablar de magia, alquimia, inconsciente consciencia o surrealismo; pero también de simbolismo y poesía”.

En sus lienzos, las figuras levitan y navegan, los caballos vuelan y los árboles se convierten en espacios de cobijo y de memoria. Todo parece habitar un territorio donde realidad, sueño e imaginación conviven con absoluta naturalidad, recordando a Marc Chagall, porque «ambos comparten la capacidad de liberarnos por un instante de la gravedad cotidiana para llevarnos a un lugar donde la poesía tiene voz propia. Pero la voz de Héctor Acevedo es profundamente personal, nacida de la memoria de su tierra, de la riqueza simbólica de la cultura andina y de una mirada muy singular sobre nuestro tiempo”, en palabras de la directora del CSIC, María-Paz Martín.

Acevedo explica que su pintura nace “del diálogo entre la naturaleza, la percepción, y la memoria, y encontrarla ahora en el Jardín Botánico me produce una sensación muy especial porque el espacio no es simplemente un lugar donde mostrarla, sino que pasa a formar parte de la propia obra. Me interesa observar cómo el contexto natural transforma la mirada del visitante. En el Jardín Botánico espero que la obra pueda generar una experiencia más pausada y sensorial; que invite a detenerse, mirar y establecer una conexión personal».

María del Socorro MoraC define a este artista como, “un ser especial, sensible e inquieto. Aunque ligado intelectualmente a la obra de Magritte con sus acertijos visuales, podemos relacionarlo con El Bosco o con Gerardo Chávez por el horror vacui y el deseo desesperado de decir algo sobre nuestra sociedad. Las obras de Acevedo nos mueven y nos conmueven. Preciosistas y armoniosas, esconden, sin embargo, espinas punzantes de interrogantes sin responder”.

FLORES MEXICANAS

La segunda propuesta otoñal del RJB es ‘No acabarán mis flores. Las múltiples vidas de la flora mexicana’, que relata datos y leyendas de once flores mexicanas a modo de biografías en torno a cinco ámbitos: el amor, la muerte, la embriaguez, el poder y la conversión, para acercarse a la diversidad de usos, conocimientos y significados asociados a ellas. La muestra presta también atención a sus aromas e incorpora cuatro espacios olfativos inspirados en algunas de las especies y materias primas más emblemáticas de la cultura mexicana: vainilla, copal, magnolia y tagete. Habría que decir que el copal no es flor sino resina aromática de un árbol de la familia de las burseráceas (Bursera): esa resina es el incienso sagrado que se quema en los braseros rituales. Su intenso aroma dulce y maderoso es el elemento que impregna el ambiente y actúa de forma inseparable junto al cempasúchil (Tagetes erecta) la emblemática flor de color naranja encendido o amarillo intenso que se ha convertido en el símbolo del Día de Muertos en México. Su nombre proviene del náhuatl cempohualxóchitl, que significa «veinte flores» o «muchas flores», en referencia a la gran cantidad de pétalos que forman su densa corona redonda. En la tradicional cosmovisión mesoamericana, guía a los espíritus de los difuntos de vuelta al mundo de los vivos para que no se pierdan. No es estrictamente mexicana sino que se extiende hasta Perú. Tiene 151 variedades catalogadas. Se utiliza mucho también en festivales religiosos de la India y es considerado símbolo nacional en Ucrania.

La exposición es una idea bonita que busca explorar el papel de estas flores en la sociedad a través del tiempo, pues más allá de su realidad física y dimensión ornamental, han formado parte de prácticas, creencias y expresiones culturales, adquiriendo distintos significados según los contextos en los que han sido conocidas y utilizadas. Pero el despliegue expositivo es atrayente aunque algo confuso. Los libros de la biblioteca del RJB tienen un papel destacado en la exposición, junto a códices, pinturas y otros testimonios que permiten recuperar la historia cultural de estas flores. Los materiales reunidos muestran también su presencia en la poesía nahua, donde flores y cantos aparecen estrechamente relacionados, y plantean una reflexión sobre la memoria y la permanencia de aquello que, como las propias flores, está ligado a lo efímero.

Jana Černá es investigadora del Instituto Interuniversitario López Piñero y del Departamento de Historia de la Ciencia y Documentación de la Universidad de Valencia y Félix Alonso es efe de la unidad de biblioteca del RJB. Resulta decepcionante que ni ellos ni el Botánico aporte en el parco material promocional disponible ni siquiera el nombre de todas las flores presentes en el recorrido como soporte para ilustrar amor, muerte, embriaguez, poder y conversión con ilustraciones de los códices prehispánicos, láminas botánicas históricas y cantos tradicionales. No obstante, podemos incluir la lista completa, gracias a una amiga competente, la IA de Google:

1. Dalia (Dahlia)
2. Vainilla (Vanilla planifolia)
3. Magnolia / Yoloxóchitl (Magnolia)
4. Cempasúchil / Tagete (Tagetes erecta)
5. Nardo / Omixóchitl (Agave amica / Polianthes tuberosa)
6. Flor de Nochebuena / Cuetlaxóchitl (Euphorbia pulcherrima)
7. Plumeria / Cacahuaxóchitl (Plumeria rubra)
8. Orquídea de San Diego / Tzicxóchitl (Laelia speciosa)
9. Pasiflora / Pasionaria (Passiflora)
10. Toloache (Datura stramonium / Datura inoxia)
11. Yauhtli / Pericón (Tagetes lucida).

PAREIDOLIA VEGETAL

Y como tercera propuesta, el fotógrafo Sergio de Luz (Madrid, 1978) presenta una corta selección de fotografías en blanco y negro de gran formato que explora lo que se denomina pareidolia, la capacidad de reconocer formas o figuras en imágenes y estructuras que no las representan de manera explícita, como punto de encuentro entre naturaleza, fotografía y percepción. El artista traslada al entorno vegetal una investigación iniciada en espacios urbanos, invitando al espectador a descubrir rostros, figuras y otras formas sugeridas entre las plantas y estructuras del Botánico.

El proyecto expositivo se titula ‘Juegos de Jardín’, adivinanzas en primer plano de cómo un enfoque minucioso puede crear visiones espectaculares. A través de sus fotografías, la exposición propone un juego abierto entre lo que vemos y lo que imaginamos, donde cada mirada puede construir una interpretación diferente; naturaleza y fotografía se unen para reivindicar la pluralidad de formas de observar, interpretar y dar significado al mundo.

La exposición se basa en una idea fundamental: la obra de arte se completa a través de la interpretación del espectador, que aporta significado, imaginación y diversidad perceptual a cada fotografía. Las imágenes funcionan como espacios abiertos cuyo significado depende del espectador. Según la responsable de la muestra, la trayectoria de Sergio de Luz se ha definido por una investigación sostenida en torno a la pareidolia como fenómeno perceptivo y como estrategia estética. En su producción inicial, centrada en el entorno urbano, este mecanismo activaba lecturas figurativas en superficies arquitectónicas y estructuras aparentemente neutras. Este proyecto supone una expansión de este marco conceptual hacia un territorio vivo, un entorno donde la vida vegetal amplifica las posibilidades perceptivas. Las formas vegetales, sometidas a variaciones de luz, textura y crecimiento, generan estructuras ambiguas que invitan a la interpretación. La fotografía se convierte así en un dispositivo de activación semiótica, donde el sentido no está fijado, sino que emerge de la interacción entre obra y mirada. Este enfoque se alinea con corrientes del arte contemporáneo que cuestionan la centralidad del autor y reivindican la participación activa del espectador,

Las imágenes resultantes no pueden asociarse a nada conocido. Intrigan, pero al visitante le vendría bien alguna explicación sobre procedencia, proceso y conclusión del autor. Sergio de Luz es un fotógrafo de alto nivel conceptual y estético, en la línea del conocido Chema Madoz pero yendo más allá en su semiótica, más intelectual y menos poética, más exigente, más intrincada.

Resumiendo, las tres exposiciones forman una propuesta conjunta interesante. Necesitarían programa de mano, por modesta que fuera la impresión, y desde luego un dossier detallado para los medios de comunicación.

Aproximación a la propuesta conjunta (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegues: 7
Comisariados: 7
Programas de mano: n/h
Catálogos: n/h
Documentación a los medios: n/h

Real Jardín Botánico
Pabellón Villanueva

–‘ El último refugio
Comisariada por María del Socorro MoraC
Del 25 de septiembre de 2026 al 13 de enero de 2027
Con el apoyo de la Fundación Obra Pía de los Pizarro (Palacio de los Barrantes-Cervantes), Embajada del Perú en España, ARTPEC y galería Michels de Champourcin

–‘No acabarán mis flores. Las múltiples vidas de la flora mexicana’
Comisariada por Jana Černá y Félix Alonso.
Del 30 de septiembre de 2026 al 12 de enero de 2027

–‘Juegos de Jardín’
Diálogos vivos entre lo real y lo imaginado en la obra fotográfica de Sergio de Luz
Comisariada por Ester Bueno Fernandez
Del 16 de septiembre de 2026 al 10 de enero de 2027.