José Catalán Deus

JCDeus.org

Un caballero entre Olmedo y Medina del Campo

‘Que de noche le mataron al Caballero, la gala de Medina, la flor de Olmedo’ Lope de vega se basó en esta copla para escribir una de las tragicomedias más famosas del Siglo de Oro, emparentada directamente con La Celestina y la tradición clásica. Laila Ripoll y Compañía Nacional de Teatro Clásico ofrecen un montaje brillante y totalmente fidedigno con tan insigne autoría.

Cuando fue estrenada ‘El caballero de Olmedo’ hace cuatro siglos, ya era crónica de una muerte anunciada en la que desde el inicio el público conocía el fatal desenlace, y por ello, por la fuerza terrible e inexorable del destino, generaba una profunda inquietud. Lo que comienza siendo un cuento amable, una aparentemente previsible historia de amor, con sus lances, su criado gracioso, sus divertidos engaños y disfraces, poco a poco se va enturbiando hasta convertirse en un angustioso y siniestro cuento de miedo.

La historia venía trasmitiéndose tiempo ha. El 6 de noviembre de 1521, Miguel Ruiz, vecino de Olmedo, mató alevosamente a su vecino Juan de Vivero cuando regresaba de los toros de Medina del Campo, en el sitio que desde entonces se conoce como La cuesta del Caballero. Punto. Y dicen que Lope no llegó a conocerla y que solo se basó en el cantar antes mencionado y sus dotes literarias pusieron todo lo demás. Murió antes de ver su obra impresa y representada, y estuvo olvidada hasta que a fines del XIX Menéndez Pelayo la hizo objeto de una revalorización que llega hasta nuestros días.

Amor y muerte son los ejes del drama. Lo que empieza muy bien termina muy mal porque las pasiones humanas tejen un laberinto en el que las alegrías se combinan con las penas, nada dura para siempre, y la desgracia nos atisba desde la próxima esquina. El azar y el destino hacen que no sepamos lo que pueda traer el mañana, aún en las circunstancias más estables y seguras. Para su elaborada construcción, Lope desplegó todo su ingenio, combinando sabiamente los elementos del arte dramático propios de la época y condensando en ella todas las formas y los modelos poéticos en uso. La trama es coherente, las escenas se suceden con prestancia, y el texto, los diálogos en verso vienen a ser apabullantes en su brillantez e ingenio.

Dice Laila Ripoll, que no ha resistido la tentación de hacer ‘su’ caballero durante la etapa en que está dirigiendo la CNTC, que nada en la obra resulta superfluo; todo, incluso el inicial tono alegre y primaveral, está al servicio de la tragedia que se insinúa desde el inicio con gran sutileza. ‘También los espectadores de hoy continuamos siendo cómplices, continuamos compartiendo un secreto en el que está encerrado el destino de los personajes, pero también conocemos muchas más cosas que en 1620 estaban por suceder. No dice a qué secreto se refiere y a qué muchas más cosas que conocemos hoy. Y pregunta retóricamente: ¿Cómo no volver a Olmedo con todo ese arsenal de conocimiento contemporáneo?

Su adaptación de la obra sitúa la acción a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Los personajes visten trajes de estilo imperio bonapartista. Explora la conexión de la obra con el romanticismo y la novela gótica (al estilo de Frankenstein o El castillo de Otranto), enfatizando los elementos fantásticos, supersticiosos, de misterio y de destino inexorable que Lope adelantó en su época. Don Alonso se aleja de los clichés tradicionales de bravura rígida y es un jovenzuelo tierno, que siente miedo ante las premoniciones, pero cuyo amor apasionado le empuja inevitablemente hacia su trágico final. La propuesta utiliza una puesta en escena minimalista a cargo de Arturo Martín Burgos, con doble proscenio trazado con el abrirse y cerrar de enormes visillos translúcidos que caen del techo en los que la iluminación suave y cambiante de Luis Perdiguero y los efectos vídeoescénicos de Álvaro Luna crean un entorno etéreo, volátil y fantasmal donde juegan la luz y la sombra. Ese efecto sugerente se refuerza con el espacio sonoro envolvente creado por Mariano Marín y algunas pequeñas notas musicales interpretadas por los actores para acentuar el tono melancólico y trágico.

Pero comentario aparte merece la intervención musical más larga y lograda al inicio del tercer acto, antes de que comience el lance de toros, cuyo texto proviene de esa copla popular citada al inicio y cuya música y danza son de una belleza excepcional, un contraste macabro entre su alegría y lo que nos disponemos a presenciar. Una copla tan poderosa que hasta un grupo de rock duro como Los Ilegales le puso música en 1995.

El reparto tiene un punto de espontaneidad en la dicción y el manejo del verso que al principio escama pero que al final convence. Nos gustó mucho esa criada pizpireta que hace Sandra Landín y sobre todo su cante y baile en la escena musical ya mencionada. Sobresaliente Elisabet Altube y muy volcados Toni Misó y Arantxa Aranguren en esos personajes secundarios que terminan mandando en nuestro teatro del siglo de oro. Jorge Varandela hace un malo convincente y todo el reparto encaja en el sitio de cada cual, especialmente Carlos Jiménez Alfaro y José Luis Martínez como el rey y su valido.

Una gran producción para una obra eterna. Ya en 2018, Eduardo Vasco hizo otra gran propuesta en este mismo escenario (ver nuestra reseña de entonces), y en 2023 se estrenó una sobresaliente ópera de Arturo Díez Boscovich con libreto adaptado por Luis Pascual (ver nuestra reseña de entonces). Y es que este caballero, gala de Medina y flor de Olmedo, sigue vivo recorriendo los veinte kilómetros que separan estas dos ilustres localidades castellanas tan cargadas de historia como merecedoras de futuro.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 9
Texto: 10
Versión y Dirección: 9
Puesta en escena: 9
Interpretación: 9
Producción: 9
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 7

Teatro de la Comedia
Compañía Nacional de Teatro Clásico
‘El caballero de Olmedo’, de Lope de Vega
Versión y dirección – Laila Ripoll
Escenografía Arturo Martín Burgos
Diseño de iluminación Luis Perdiguero
Diseño de vestuario Almudena R. Huertas
Videoescena Álvaro Luna con la colaboración de Elvira Ruiz Zurita
Composición musical y espacio sonoro Mariano Marín
Diseño de sonido David Roldán
Diseño de caracterización Moisés Echevarría
Asesora de verso Eva Rufo
Canciones Raquel Molano
Lucha escénica Kike Inchausti
Producción Compañía Nacional de Teatro Clásico

Reparto:

• Víctor Sáinz – Don Alonso (el protagonista y Caballero de Olmedo).
• Elisabet Altube – Doña Inés (la dama amada por Alonso).
• Toni Misó – Tello (el fiel criado de Don Alonso).
• Arantxa Aranguren – Fabia (la alcahueta y curandera).
• Jorge Varandela – Don Rodrigo (el pretendiente rival y antagonista).
• Clara Cabrera – Doña Leonor (hermana de Doña Inés).
• Gerardo Quintana – Don Pedro (padre de Inés y Leonor).
• Mateo Rubistein – Don Fernando (amigo de Don Rodrigo).
• Teo Maiztegui – Mendo (sirviente o cómplice de Don Rodrigo).
• Sandra Landín – Ana (la criada de la casa).
• Carlos Jiménez Alfaro – Rey (Don Juan II de Castilla).
• José Luis Martínez – Condestable (Don Álvaro de Luna, quien ejerce como su valido).