José Catalán Deus

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‘Manon Lescaut’ de Puccini, contundente melodrama

Con esta su tercera ópera, Giacomo Puccini (1858-1924) se ganó el podio de heredero de Verdi. Quiso contar una pasión desesperada pero resulta un edulcorado y caótico retrato de una joven que duda entre riqueza y placer muriendo en el empeño. Con una floja puesta en escena, su segundo reparto tuvo el enorme aliciente de que la pareja protagonista fueran ambos españoles, y que consiguieran una actuación magnífica.

El venezolano Carlos Wagner concibe la puesta en escena como un carrusel movido por la pasión, el deseo y el amor que atrapa a los protagonistas en un implacable movimiento de eterno retorno. La escenografía de Frank Philipp Schlößmann lo plasma en un tiovivo que se convierte en jaula, en una diversión que termina fatal. Y el vestuario de Jon Morrell evoca la alta sociedad de mediados del siglo pasado. La producción se desarrolla pues sobre una estructura circular en la que el tiovivo del primer acto da lugar al tocador de la amante en el segundo, a una cárcel en el tercero, y a un descampado fantasmal en el cuarto y último. Es parca en demasía y trastoca el ambiente original en una sucesión de incongruencias, empezando en ambiente circense, hurtando el puerto original y los barcos donde llegan unos y se irán los otros, y terminando en lo que debía ser un desierto y es un paraje lleno de charcos donde la protagonista muere de sed.

La batuta está a cargo del director honorario del Teatro Real, Nicola Luisotti, que inaugura por tercera vez una temporada con su quinto título de Puccini en el Real, después de Turandot (en dos temporadas), Tosca, La bohème y Madama Butterfly. Este jueves no diremos que estuvo redondo pues el primer acto sonó todo desabrido y descompasado, aunque en los sucesivos fue mejorando hasta resultar notable, no sin superar el grave escollo de una orquestación tan potente que eclipsaba las voces en no pocas ocasiones. Pero en este teatro el maestro milanés es reverenciado más allá de la cuenta, así que no es de extrañar los ditirambos que vuelve a recibir esta vez, abusando de protagonismo en el entreacto sinfónico entre los dos últimos de una manera un poco obscena. Pero el público del Real, como es habitual en los espectáculos hoy día, reaccionará como el perro de Pavlov a la incitación de la claque y habrá una ovación descomunal y desproporcionada. En general, los aplausos fueron incitados a lo largo de la velada, y llegando al desenlace consiguieron interrumpir de mala manera la escena decisiva.

Los expertos dicen que en Puccini será sobre todo el Tristán e Isolda el que le deje más profunda huella wagneriana, y que en esta ópera hace uso reiterado del leiv-motiv wagneriano, especialmente en ese ‘Intermezzo sinfónico’ que comentábamos, cuando la orquesta acomete compases del cuarto acto, el de Des Grieux ‘Manon, senti’ y el dúo con Manon que la sigue. Nosotros en nuestra ignorancia no captamos influencia alguna wagneriana a lo largo de esta ópera.

Antoine François Prévost (1697-1763) fue un religioso francés conocido principalmente por su novela Manon Lescaut, que originalmente se llamó ‘Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut’, y formaba parte de las ‘Memorias y Aventuras de un hombre de calidad retirado del mundo’ en siete volúmenes. Tras ser condenado dos veces al considerarse escandalosa, Prévost publicaría en 1753 otra revisada, corregida y ampliada con un importante episodio que será la definitiva. Su Manon inspiró ya tres óperas anteriores a la de Puccini: una de Auber (1865), otra de Ponchielli (1872) y la tercera, de Jules Massenet (1884), estrenada con éxito apenas nueve meses antes, así como el remedo de Hans Werner Henze en su Boulevard Solitude, ya en 1952. Es una historia escandalosa para su época de una joven desinhibida, que termina en moraleja pues la avaricia rompe el saco y máxime si es pecaminosa: no consigue renunciar al lujo y opulencia del estatus de querida de ricachón, pero le gusta el placer amoroso que la obligaría a una vida modesta. Duda y cuando se decide por lo segundo un fatal destino la mata.

El libreto de la Manon Lescaut de Puccini se resiente de su tormentosa redacción, en la que participaron varios autores, dejando la trama con elipses y saltos narrativos que la partitura intenta ensamblar sin conseguirlo del todo. Escrito y reescrito por siete lumbreras consecutivas, quedó de pena: te tienen que contar de qué va, y el texto es de una cursilería extrema. Se mantiene en el repertorio canónico del género y en las estadísticas de Operabase aparece la 40 de las cien óperas más representadas en el período 2005-2010. Pero es solo un prólogo de lo que vendría después: La bohème (1896), Tosca (1900), Madama Butterfly (1904), y el remate inconcluso de Turandot estrenada dos años después de su fallecimiento.

Puccini diría de su Manon comparada a la coetánea de Massenet, que este ‘la siente como francés, empolvada y con minués. Yo la sentiré como italiano, con una pasión desesperada’. Se queda lejos de ello. O quizás los 133 años transcurridos desde su estreno no la perdonan. La prensa le cororó y el público lo refrendó. El Corriere della Sera decía que ‘Manon puede considerarse ya, entre las óperas clásicas. El genio de Puccini, es realmente italiano. Su canto es el canto de nuestro paganismo, de nuestro sensualismo artístico. Nos acaricia y se hace parte de nosotros’.

Nacionalismo exaltado. Sin embargo, hay que celebrar que hayamos podido escuchar juntas dos grandes voces españoles en los papeles protagonistas, algo bien raro en este teatro. Saioa Hernández y Jorge de León bordaron una sobresaliente actuación conjunta que el público premió con creces tras bajar el telón; se enfrentaban a una partitura comprometida, más aún teniendo en cuenta que deben traspasar una tupida orquesta, destacando la tremenda dificultad vocal del personaje Des Grieux. Pero ya en el «Donna non vidi mai», la gran aria del acto I donde expresa su enamoramiento instantáneo al ver a Manon por primera vez, el tenor canario dejó clara su valía. Y otro tanto demostró la soprano madrileña en sus «In quelle trine morbide», la romántica y melancólica aria del acto II y la famosa «Sola, perdida, abbandonata», la dramática aria del acto IV donde Manon se lamenta de su destino fatal antes de morir.

En cuanto al resto del reparto, Szymon Mechlinski como el hermano de Manon encabezó notablemente un reparto en el que el absurdo desempeño de Edmondo como incongruente presentador opacó a Albert Casals, mientras que Pietro Spagnoli se mantenía incombustible en su Geronte di Ravoir, Mercedes Gancedo estaba muy graciosa como cabeza del coro de marineritos, mientras que Javier Franco, Javier Castañeda y Mikeldi Atxalandabaso cumplían perfectamente en sus cortas intervenciones.

Puccini tardó tres laboriosos y accidentados años en componerla y recurrió a fragmentos y melodías de obras suyas anteriores. La sensación que tuvimos es que los dos primeros actos son francamente flojos y los dos siguientes son excelentes, como si en medio encontrara su camino.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 7
Partitura: 7
Libreto: 5
Dirección musical: 7
Dirección artística: 6
Voces: 8
Producción: 6
Programa de mano: 9
Documentación a los medios: 9

Teatro Real
MANON LESCAUT
Música de Giacomo Puccini (1858-1924)
Nadie aparece como autor del libreto en el original, basado en la obra L’histoire du chevalier Des Grieux et de Manon Lescaut (1731) de Antoine-François Prévost
23, 24, 26, 27, 29, 30 de septiembre de 2026
2, 3, 5, 6, 8, 9, 11 de octubre de 2026
Estrenada en el Teatro Regio de Turín el 1 de febrero de 1893
Estrenada en el Teatro Real el 4 de noviembre de 1893
Nueva producción del Teatro Real en coproducción con la Oper Köln, donde se estrenó el pasado año.

Dirección musical Nicola Luisotti
Dirección de escena Carlos Wagner
Escenografía Frank Philipp Schlößmann
Vestuario Jon Morrell
Iluminación Nicol Hungsberg
Dirección del coro José Luis Basso

Manon Lescaut Sondra Radvanovsky (23, 26, 29 sep; 2, 5, 8, 11 oct)
Saioa Hernández (24, 27, 30 sep; 3, 6, 9 oct)
Lescaut Lucas Meachem (23, 26, 29 sep; 2, 5, 8, 11 oct)
Szymon Mechliński (24, 27, 30 sep; 3, 6, 9 oct)
Renato Des Grieux Michael Fabiano (23, 26, 29 sep; 2, 5, 8, 11 oct)
Jorge de León (24, 27, 30 sep; 3, 6, 9 oct)
Geronte di Ravoir Pietro Spagnoli
Edmondo Alejandro del Cerro (23, 26, 29 sep; 2, 5, 8, 11 oct)
Albert Casals (24, 27, 30 sep; 3, 6, 9 oct)
El posadero / Un capitán de la marina Javier Castañeda
El maestro de baile / El farolero Mikeldi Atxalandabaso
Una cantante Mercedes Gancedo
Un sargento de los arqueros Javier Franco

Actores/bailarines
María Briones, Yanelis Brooks, Marta García, Verónica Moreno, Urielle Perona, Carola Tauler, Chiara Mordeglia, Fredo Belda, Santiago Cano, José Carpe, Fabricio Oieni (pole dancer), Francisco Hilario (pole dancer)
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
Duración aproximada 2 horas y 30 minutos
Actos I y II: 1 hora y 20 minutos
Pausa de 25 minutos
Actos III y IV: 45 minutos.