José Catalán Deus

JCDeus.org

Malvivir de una pobre pícara

Un acertado brebaje -cocinado con discutible intención didáctica- de textos poco conocidos del Siglo de Oro, da pie a que la pícara Elena de Paz nos cuente su vida desde el vientre de su madre bruja al cadalso donde será ajusticiada. Un despliegue de buen decir en un montaje poco agraciado para dos actrices de primera entre coplas y guitarra.

Sin abandonar la veterana compañía Ron Lalá, Álvaro Tato y Yayo Cáceres, juntoa a la productora Emilia Yagüe, se han lanzado a otra aventura, Ay Teatro, cuya tercera entrega es esta Malvivir, en la que Tato inserta, retoca y funde textos del siglo de oro, y Cáceres le pone música a un espectáculo de pequeño formato y modesta puesta en escena que todo lo fía a dos actrices bien conocidas y prestigiosas. La pieza tiene indudables valores comenzando por el rescate de estos magníficos extractos del más exquisito idioma nostrano; siguiendo por la originalidad de reivindicar la picaresca en femenino y presentar a la protagonista interpretada simultáneamente por dos actrices, muy diferentes teóricamente pero bien complementarias sobre el escenario; y terminando en esa línea tan suya de teatro muy musical, que siempre es de agradecer.

Entre los reparos, deberíamos citar prioritariamente ese regusto por cargar las tintas en una supuesta cara oscura del Siglo de Oro, que no fue más oscura que la de todos los siglos en todos los sitios, es decir, claroscura como la vida misma; también ese maniqueismo de predicar que para ser mujer realizada hay que ser rebelde, el barnicillo a la moda de idealizar a la pobre pícara como modelo feminista; y sin duda, la cicatería en los gastos de producción, reducido de modo inmisericorde el reparto, y empobrecida la puesta en escena hasta extremos inaceptables, con un feo espacio escénico de cuatro cajones, un miserable atrezzo de cordónrojo-multiuso, y unos horribles atuendos verdes con los que las dos actrices trepan, saltan y se contorsionan entre y sobre los cajones como simios enjaulados.

Si no fuera por Aitana Sánchez‐Gijón y Marta Poveda aviados habríamos ido, pero afortunadamente las dos actrices están en pletórica buena forma y consiguen no solo dar forma homogénea a la pícara Elena sino rodearla de una decena de personajes caricaturescos cuyos ademanes, gestos y voces extrovertidos y exagerados hacen las delicias del público que busca divertirse en una historia que tendría poca gracia sin toda la pimienta que le pone el director y todo el mensaje de leyenda negra -‘en una España de esplendor y hambruna, de ensueño y engaño, de fe y brujería, de ilusión y muerte, una visión tragicómica del siglo XVII, una reflexión sobre la libertad y la supervivencia-‘ con que la trufa el dramaturgo adaptador.

Como dice bien el dosier de prensa, mucho menos conocido que su correlato masculino (célebre por obras maestras como Lazarillo de Tormes, El buscón o Guzmán de Alfarache), el género picaresco femenino nos permite asomarnos al mundo marginal de la España del siglo XVII. Aunque la literatura y el teatro clásico español se nutre de docenas de ejemplos, en muy escasas ocasiones se ha acometido un montaje en torno al tema. La novela La segunda Celestina (también llamada La ingeniosa Elena), de Jerónimo de Salas Barbadillo, conforma la base para la dramaturgia de este espectáculo, que retoma y reescribe sus personajes y situaciones añadiendo diversos elementos de otras dos piezas fundamentales del género: La niña de los embustes de Alonso de Castillo Solórzano y La pícara Justina de Francisco López de Úbeda. Se reproducen diversos pasajes y escenas de las tres obras para ofrecer una visión completa y activa de aquellas mujeres.

Brujas, alcahuetas, prostitutas, hechiceras, pordioseras, estafadoras, ladronas, falsas beatas… todo tipo de estrategia de supervivencia cabe bajo la etiqueta de pícara, con la cual y a la vera de sus más abundantes colegas masculinos, forman elsustrato social a lo largo del siglo XVII en España y en toda Europa. Algunos historiadores creen que los pícaros en la península alcanzan las docenas de miles: personas sin ocupación (o al menos sin trabajo conocido) que subsisten a partir de labores marginales e ilegales, sobreviviendo a través del hurto, el engaño, el timo y cosdas peores. Lo que tiene de especial el caso español es que creó con ellos una literatura tan potente que ha pasado a ser clásica y que tiene poco parangón en otras naciones de la época. No es que hubiera más pícaros aquí que en Londres, Roma o París, es que nuestros escritores fueron más realistas y auténticos.

La huella de la picaresca en la literatura española se remonta a la Edad Media y al prebarroco, como muestra toda la caterva de vividores, gorrones, estudiantes y pedigüeños que puebla el teatro breve de Lope de Rueda, por ejemplo, y de su discípulo Cervantes (así Chirinos y Chanfalla en El retablo de las maravillas, o Rinconete y Cortadillo, entre otros) y es de sobra conocida no solo a través del género entremesil, sino también, y sobre todo, en la plasmación de grandes obras narrativas del género: Lazarillo de Tormes, Vida del buscón don Pablos (obra magna de un Quevedo esperpéntico y genial), y uno de los incuestionables best‐sellers de la época: Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, extensa novela que bajo un prisma aleccionador y moralista nos ofrece una mirada lúcida, pesimista y crítica de una juventud descarriada.

Al aire de estas piezas salen a la luz las obras de picaresca femenina; novelas menores de espíritu moralista o burlesco, pero llenas de fascinantes descripciones del mundo del hampa, protagonizadas por mujeres libres y pecadoras ante las que los narradores no pueden evitar una evidente mezcla de atracción y desdén, de fascinación y repudio. Su estirpe, ya sea en su vertiente celestinesca como brujeril, ya sea en clave aleccionadora como paródica, procede de lejos, de la Trotaconventos y demás mujeres casquivanas del Libro de buen amor del Arcipreste de Hita (que hereda en sus versos toda la tradición juglaresca y popular) o del romancero, la copla popular, el auto, el paso y el entremés, y se extienden por toda la literatura renacentista y barroca, desde la Sibila Casandra de Gil Vicente, la Lozana andaluza de Francisco Delicado o la inolvidable Celestina de Fernando de Rojas hasta las lopescas Fabia (de El caballero de Olmedo) o Bernarda (de La Dorotea), sin olvidar las pícaras de sus comedias El anzuelo de Fenisa o El Arenal de Sevilla, entre otras. Además de otras novelas breves como Las harpías de Madrid o La garduña de las bolsas, el autor Salas Barbadillo nos brinda el retrato más sintético y contundente de una pícara en La segunda Celestina (también llamada La ingeniosa Elena); de ahí que Tato haya elegido esa obra como base de la dramaturgia de Malvivir. La vida, peripecias y muerte de Elena de Paz y su inseparable Montúfar, y el mal fin que tienen ambos, supone un ejemplo perfecto de ese tipo de literatura. ‘La niña de los embustes de Alonso de Castillo Solórzano y La pícara Justina de Francisco López de Úbeda son las dos novelas complementarias que hemos empleado -dice- para añadir o modificar peripecias, personajes o situaciones; la primera es una versión considerablemente más cortesana y refinada del personaje, con una visión más edulcorada y paternalista por parte del autor; la segunda, muy rica en locuciones frescas y populares aunque farragosa y discursiva, tiene como ventaja el ser la única escrita a la manera que mandan los cánones picarescos masculinos, es decir, en primera persona, de modo que podemos saborear la palabra viva de una pícara (literaria, claro) que no es sino un trasunto a modo de respuesta al Guzmán de Alfarache de Alemán.

En cualquier caso, la de Tato ha pretendido reescribir en clave teatral los hechos, sucesos y personajes de las fuentes; hay diversas citas literales de las tres, pero una considerable parte de Malvivir consiste en la adaptación teatral de la masa textual narrativa. Una recreación, vaya, en algún momento discutible pero en general acertada, en la que se ha insertado, como letra de las diversas canciones que jalonan el espectáculo, tres letrillas y un célebre romance de Francisco de Quevedo (autor de obras cumbres acerca de la mala vida, como son la Jácara de Escarramán o El buscón, entre otras). El mundo poético quevedesco en su vertiente más transgresora y burlesca arroja un contrapunto y una perspectiva sarcástica a la tremenda historia de esta Elena de Paz, pícara por nacimiento, por condición, y cree Tato que por vocación también, aunque nosotros lo dudemos mucho. Reivindican una puesta en escena sencilla y rotunda, basada en la fisicidad, en el ritmo implacable, en la música en directo y en una sucesión de imágenes y estímulos que no dejan tregua, apostando por la quintaesencia del teatro puro y básico, un regreso a las esencias, a las claves carnavalescas del fenómeno teatral barroco y prebarroco.

Ciertamente, ingrediente importante en la propuesta de Ay Teatro resulta la música original interpretada en directo por Bruno Tambascio, aunque el mero rasgueo de una guitarra necesitaría algún aliciente. Las dos actrices demuestran enormes dotes ante el inmenso trabajo que les toca en suerte y resuelven de forma sobresaliente los momentos más intensos de la vida de la pobre pícara, que por más que se nos presente como motivo de chanza, es un dramón como una casa. Pero el público que este sábado llenaba al completo la sala, aprobó el enfoque desefadado puesto en pie a toque de corneta y prorrumpiendo en entusiastas ovaciones. Lo que menos se puede discutir a Malvivir es que va a ser un exitazo económico y que con una gira ya realizada por una veintena de escenarios y con un mes por delante de presencia en Madrid, tiene amplio y orondo futuro.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 7
Adaptación: 8
Dramaturgia: 8
Dirección: 8
Puesta en escena: 6
Interpretación: 9
Música: 7
Producción: 6
Programa de mano: (siguen sin repartirlo)
Documentación a los medios: 9

Naves del Español en Matadero / Sala Max Aub (Nave 10)
Malvivir, basado en las novelas de pícaras del Siglo de Oro
5 Mayo a 5 Junio 2022

-Dramaturgia y adaptación Álvaro Tato
Con fragmentos de:
La hija de Celestina, de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo
La niña de los embustes, de Alonso de Castillo Solórzano
La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda
Tres letrillas y Un romance de Francisco de Quevedo

CON
Aitana Sánchez‐Gijón (Beata/Montúfar/Zara/Pierre/Ventero/Doña Teodora/Don Lupercio/
Elena de Paz)
Marta Poveda (Elena de Paz/Don Lupercio/Montúfar/Paje/ Don Sancho/Don
Rodrigo/Perico el Zurdo/Beata)
Bruno Tambascio (Juglar/Pregonero/Estudiante/Doctor/Labradora)

Dirección Yayo Cáceres
Composición música original Yayo Cáceres
Arreglos Yayo Cáceres y Bruno Tambascio
Diseño de espacio escénico Monica Boromello
Diseño de vestuario Tatiana de Sarabia
Diseño de iluminación Miguel A. Camacho
Fotografía David Ruiz
Diseño de producción Emilia Yagüe
Una producción de Ay Teatro

Duración del espectáculo, unos 100 minutos
Precio 20€
Martes a domingo / 19:30h.

Gira 2022
8 enero, Torrelavega. Teatro Municipal Concha Espina
14 enero, Miranda de Ebro. Teatro Apolo
22 enero, Murcia. 14 enero, Teatro Romea
28 enero, Ontinyent. Teatro Echegaray
29 enero, Alzira. Gran Teatre
30 enero, Castellón. Teatre Principal
18 febrero, Narón. Pazo da Cultura
19 febrero, Ourense. Teatro Principal
23 febrero, Ponferrada. Teatro Bergidum
24 febrero, León. Auditorio
25 febrero, Benavente. Gran Teatro
27 febrero, Medina del Campo. Auditorio Municipal
4 marzo, Laguna de Duero. Casa de las Artes
12 marzo, Petrer. Teatro Cervantes
18 marzo, Collado Villalba. Casa de Cultura
19 marzo, Alcorcón. Teatro Buero Vallejo
20 marzo, Talavera de la Reina. Teatro Palenque
25 marzo, Leganés. Teatro José Monleón
27 marzo, Toledo. Teatro Rojas
Del 1 al 3 abril, Bilbao. Teatro Arriaga
8 y 9 abril, Las Palmas de Gran Canaria. Teatro Cuyás
5 mayo a 5 junio 2022, Matadero Madrid /Naves del Español.