José Catalán Deus

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‘Electra Jonda’, sí, honda y magnífica

De este mito clásico hay decenas de buenas versiones, incluidas las de Galdós y Pemán. Pero esta, funde el mito griego con el mito andaluz lorquiano en una potente síntesis en la que la guitarra, el cante y el baile flamencos aportan una dimensión inédita. Ya es de celebrar su rescate del limbo donde esperó cuarenta años, pero el resultado final duplica el aplauso.

Los tres grandes trágicos griegos antiguos -Esquilo, Sófocles y Eurípides- nos dejaron sus visiones y el personaje ha recibido especial atención en la cultura occidental: Jean-Paul Sartre con ‘El drama Las moscas’, Jean Giraudoux con ‘Électre’, Eugene O’Neill y su ‘A Electra le sienta bien el luto’, Marguerite Yourcenar en ‘Électre ou la Chute des masques’ o la opera del mismo título de Richard Strauss son ejemplo de ello.

Antes de partir hacia Troya, Agamenón había sacrificado a su hija menor Ifigenia a la diosa Artemisa para obtener su ayuda. Tras diez años de guerra, regresa a Micenas trayendo a su concubina Casandra, una princesa troyana, como botín de guerra, y ambos son asesinados por Egisto, el amante de Clitemnestra, esposa de Agamenón, según unas versiones, o por la misma Clitemnestra, según otras. En la dramatización de Esquilo, los hermanos Orestes y Electra se encontraron ante la tumba de su padre Agamenón y se pusieron de acuerdo para vengarse matando a Egisto y Clitemnestra. Ella es «la mala madre» y Agamenón «el buen padre», sin pararse a pensar en que ella podría tener algo de bueno y él algo de malo.

Friedrich Engels se refiere a este mito en ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’, afirmando que alude al paso de la sociedad matriarcal común a los pueblos ancestrales a una sociedad patriarcal en la que estamos, o estábamos hasta ayer. Y el conocido Complejo de Electra es un concepto propuesto en 1912 por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung para designar la contrapartida femenina del complejo de Edipo, la atracción afectiva de la niña por la figura del padre.

Hay que tener valor para atreverse con tal monumento, pero Juan Guerrero Zamora (1927-2002) se sintió capaz de trasladar el drama a la Andalucía profunda y lo hizo con pericia, escribiendo un texto de genuino realismo en el que lo jondo deja de ser paisaje para convertirse en protagonista principal. Tenía enorme experiencia como realizador teatral para televisión -aquel inolvidable Estudio 1-, 600 obras en 30 años, y estaba escribiendo una ‘Historia del teatro contemporáneo’, obra titánica y sin parangón de siete volúmenes, los tres últimos publicados tras su muerte. Digitalizados y puestos al alcance gratuito de todos por la Fundación Juan March. Pero la Transición al juancarlismo que también fue la transición a una cierta imbecilidad cultural, le marginó y no pudo estrenar su Electra Jonda ni cuando la terminó en los años ochenta ni después hasta fallecer en 2002.

Este año ha dejado de estar inédita gracias a su hija, la actriz Alejandra Torray, como ‘un bonito homenaje a mi padre que escribió la obra regresando a sus raíces y a su Andalucía más profunda, en una creación que supone un reconocimiento abierto a Lorca, con referencias a ‘La casa de Bernarda Alba’. Dice que la obra nunca tuvo la intención de ser un homenaje directo, pero que los personajes femeninos y el lenguaje poético evocan al mundo lorquiano. Guerrero Zamora, como decimos, murió sin ver estrenada esta versión del mito clásico trasladada a un cortijo andaluz, y ha tenido que ser su hija quien emprendiera la adaptación definitiva y quien, además, interprete en escena a Clitemnestra.

La arriesgada puesta en escena ha sido abordada por Manuel Canseco confirmando su dilatada experiencia en el Teatro Romano de Mérida, donde ha dirigido diez espectáculos desde 1977 y fue director del Festival entre 1990 y 1992. Canseco, extremeño de Villanueva de la Serena, dice que es el trabajo más complejo de toda su carrera: integrar interpretación, cante, guitarra y danza en un todo, y no ‘como un puzle’.

‘Electra es uno de los caracteres mejor perfilados y uno de los personajes más estudiados de la literatura universal, dice. Su vida carece de sentido desde que su padre, Agamenón, cayera asesinado por su madre y su amante, y el rasgo que mejor la define es la sed de venganza. A caballo entre las diferentes “Electra”, presentadas por los tres grandes trágicos griegos, el planteamiento que lleva a cabo Guerrero Zamora, en su tratamiento del mito, es rabiosamente actual, o intemporal si se quiere. Su acierto es trasladar la acción y el conflicto a un cortijo andaluz, hacer a los personajes de carne y hueso, cercanos a nosotros, con pasiones perfectamente reconocibles hoy día y, todo ello, sin hacer que se pierdan ninguno de los elementos esenciales que deben caracterizar a una tragedia’. Y continúa:

‘Su tratamiento del coro, formado por bailaoras y bailaores; su concepción de la figura de Casandra, presente con sus cantes en situaciones clave, así como la importancia trágica dada al ciego que la acompaña, y el peso zumbón del pueblo, encarnado por la figura del Aya, son aciertos que complementan de manera eficacísima la acción de las figuras principales. Todo ello permite la creación de un espectáculo completo, la posibilidad de un espectáculo total. Pero hay que reconocer que es complejo, lleno de dificultades, que obliga a contar con un gran equipo. Intentamos que el espectáculo sea fluido, sin apenas interrupciones, a pesar de los rompimientos que algunas veces nos brindan los cantes, y que hemos aprovechado, justamente, para el paso de una escena a otra’. Nos gusta dar la palabra a los protagonistas cuando se expresan claro y sin reclamos encubiertos.

El montaje es sencillo con escenografía y figurines de Anselmo Gervolés e iluminación de Ion Aníbal López, un gran zaguán escoltado por fardos de paja, en el que el féretro ocupa el centro y sobre él se coloca la mesa del comedor. El complejo diseño de sonido necesario es obra de Manuel Solís, y en él suenan mejor los cantos que algunos parlamentos. En nuestra modesta opinión, el mérito principal del reparto recae en la banda sonora ideada por José Luis Montón e interpretada por él en directo a la guitarra acompañando a una Casandra cantaora que en el estreno estuvo a cargo de Teresa Hernández, con una verdadera exhibición de voz y sentimiento que la convirtió en protagonista del espectáculo, tanto o más que hija y madre consecutivamente vengadoras, una Clitemnestra a cargo de Alejandra Torray y una Electra vivida por Carolina Lapausa, algo irregular la primera, algo inmadura la segunda, pero ambas bien cumplidoras de su cometido.

La propuesta de Guerrero Zamora tiene la virtud de realzar otros personajes secundarios de la tragedia, y así María Garralón como el Aya y Juan Gea como el Ciego estuvieron magníficos, y bien notables el resto del reparto, con Orestes a cargo de Daniel Migueláñez, Egisto interpretado por César Lucendo, Jaime Puente haciendo de vaquero y Ainhoa Molina de niño, el fruto escondido de las relaciones secretas de Agamenón con Casandra. Crisótemis es el personaje menos cuidado, pero Paula Colorado lo salva no obstante. Y el más espectacular de todos, un hermoso caballo que pasea por el escenario hasta en tres ocasiones.

El drama clásico se hace en esta versión un drama aún más profundo por su cercanía y realismo. El autor se mueve en un terreno sombrío en el que hay muchos culpables, casi tantos como inocentes. Es su principal acierto, unos Agamenón y Clitemnestra casados sin amor, con la infidelidad de él empujando la de ella, una Electra enamorada de su padre con el que quizás llegó a tener relaciones, un Orestes débil, un cruce de sombras, de sospechas, de insinuaciones, de dobles sentidos, tan real como los que tienen lugar en la vida cotidiana. Y todo ello rodeados de un coro que se expresa bailando, ocho mujeres y cuatro hombres en coreografías tremendistas de Manuel Segovia que no nos terminaron de encajar.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 8
Textos, 9
Dirección, 8
Escenografía, 7
Interpretación, 8
Producción, 9
Documentación para los medios, 0
Programa de mano, 7

Teatros del Canal
ELECTRA JONDA, de JUAN GUERRERO ZAMORA
Del 5 al 18 de septiembre de 2026
Creación Canal
Con la colaboración de IBÉRICA DE DANZA
Sala Roja Concha Velasco. Duración: 1 h 45 min (sin intermedio)

Reparto (por orden de intervención):
Clitemnestra – Alejandra Torray
Electra – Carolina Lapausa
Crisótemis – Paula Colorado
Casandra (cantaoras) – Teresa Hernández (del 5 al 12 de septiembre) / Gabriela Giménez (del 13 al 18 de septiembre)
Ciego – Juan Gea
Aya – María Garralón (del 5 al 11 de septiembre) / Natalia Jara (del 12 al 18 de septiembre)
Orestes – Daniel Migueláñez
Egisto – César Lucendo
Un vaquero – Jaime Puente
Niño – Ainhoa Molina
Guitarrista: José Luis Montón
Caballo: LMA Horses S.L.
Coro Ibérica de Danza: Raquel Ruiz, María Muñoz Gurria, Marta Mármol, Alejandra Rodríguez, Begoña Pérez-Marsá, Adriana Dávila, Ariadna Craviotto, Yolanda García, Jaime Puente, Alejandro Mármol, Mario Mingueza, José Luis Gil

Dirección: Manuel Canseco
Composición y dirección musical: José Luis Montón
Dirección coreográfica: Manuel Segovia
Escenografía y figurines: Anselmo Gervolés
Diseño de iluminación: Ion Aníbal López
Diseño de sonido: Manuel Solís
Coordinación técnica: The Patanes Lighting Studio (Raúl Baena y Eduardo Vizuete)
Jefatura de producción: Natalia Ortega Chíes
Dirección de producción: Olvido Orovio
Producción ejecutiva: Producciones Teatrales Contemporáneas
Una producción de la Comunidad de Madrid para Teatros del Canal.