Con el tiempo, como todos, se ha desgastado un poco en originalidad y ha ganado un mucho en dominio del mensaje. Ya no es subrepticio, tácito, entre líneas, ahora es claro y directo, tanto que puede serlo demasiado y le está haciendo un poco convertirse en predicador desde las tablas a falta de púlpito. La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús es el estreno de este año en el Teatro Alcázar de Madrid, donde ya presentará hace casi una década ‘Autobiografía de un yogui’ dedicado a su venerado maestro Paramahansa Yogananda (1853-1952).
Dice que este espectáculo es el título más arriesgado de toda su carrera, y lo dice porque en él hace abierta propaganda del libro, de sus verdades desmitificadoras del cristianismo y del yoga como instrumento eficaz para llegar a dios dentro de uno mismo. No descubre nada para los veteranos buscadores del movimiento nueva era, pero todavía resulta desafiante para las buenas gentes de la clase media, que ya no van a misa, cierto, pero que no están dispuestos a creer en nada.
Una obra con mensaje espiritual en estos tiempos no está llamada a los premios goya, pero El Brujo es un artista consumado que ameniza su sermón con sus consabidos gestos, ademanes, énfasis y guiños, que no por ser su tarjeta de vista perenne dejan de ser eficaces. Sus referencias a la actualidad son siempre perspicaces y convincentes por elegantes, y respetuosas al fin y al cabo. Piensa que es este un momento en el que el mundo necesita saber cómo conectar con la revolucionaria verdad de la ciencia del alma, que Álvarez debiera saber que va más allá del yoga y de Yogananda, y que ya la formuló alrededor del año 922 d.C. (siglo X) el misticismo sufí islamico, en la persona del poeta y pensador persa Mansur Al-Hallaj con el ‘Dios es yo y yo soy Dios cuando ceso de ser yo’.
‘El Brujo’ proclama -de forma solemne al final, cosa nueva en sus espectáculos- que a través de técnicas definidas y métodos científicos de meditación podemos tener acceso al nivel supremo de conciencia. ‘Sobre esta idea hago una interpretación de los evangelios cristianos desde la perspectiva de la sabiduría espiritual de los antiguos yoguis de la India. Una versión original sobre las genuinas enseñanzas de Jesucristo que muestra la identidad esencial de estas con la tradición védica y el conocimiento antiguo de la ciencia del Yoga. Mi trabajo en esto ha consistido en exponer esa enseñanza del yoga místico que muestra Yogananda, siguiendo algunos de los episodios de la vida y milagros de Jesús, según los evangelios y concretamente el de San Juan’. Usa fragmentos de su obra de hace quince años sobre ello, y cita su reverenciado Dario Fo como inspirador de su estilo, esa combinación peculiar de humor, gestualidad, sonido, silencios y palabras al estilo de los antiguos juglares del medievo.
Las aportaciones de esta pieza al tema son la tesis bien dudosa de la reencarnación de Jesús y San Juan Bautista del profeta Elías y su discípulo Eliseo, la historieta bien conocida y no por ello más fiable de que Jesús estuvo aprendiendo poderes mágicos en la India, las interpretaciones arriesgadas de varios de los milagros en clave esotérica, y la defensa apasionada de la figura del guru y de las relaciones estupendas entre maestro y discípulo, algo que habrá ocurrido en algunas ocasiones, pero en el siglo transcurrido desde que los gurus orientales comenzaron a venir para acá es amplia la sucesión de escándalos, corrupciones y malas prácticas que han protagonizado.
Y a su inseparable acompañante músico, Javier Alejano, le encontramos más reservado que nunca a meras ilustraciones sonoras con un violín que a veces sonó desatinado.
Dicho todo lo cual, ‘El Brujo’ -cumple 76 años dentro de un mes- es uno de los más firmes activos de la dramaturgia actual española. Y de sus espectáculos hemos hablado a menudo:
—El evangelio de San Juan (2010)
—La Odisea, de Homero (2013)
—El asno de oro (2015)
—Misterios del Quijote (2016)
—Teresa o el sol por dentro (2016)
—Autobiografía de un yogui (2017)
—El alma de Valle-Inclán (2020)
—Los dioses y Dios (2022)
—El viaje del monstruo fiero (2023)
—Iconos o la exploración del destino (2025)
EL SESUDO CONTEXTO DE LA PIEZA
Y ahora, para los que entienden y quieren entender, una contextualización explicativa no apta para el que tenga prisa:
La segunda venida o Parusía es la creencia religiosa de que Jesucristo regresará a la Tierra con poder y gloria al final de los tiempos para juzgar a la humanidad y establecer su reino definitivo. Este concepto central del cristianismo se basa en promesas bíblicas de los evangelios y textos proféticos. Los textos sagrados mencionan señales previas como guerras, desastres, aumento de la maldad y la difusión del mensaje religioso. Incluye el juicio final, la resurrección de los muertos y el inicio de una era de paz o la vida eterna. La Segunda Venida es una creencia compartida por el Islam: el Mahdi, el Guiado, es el líder esperado que llegará antes del fin del mundo para eliminar la injusticia, vencer la tiranía y restaurar la verdadera religión.
Las citas bíblicas más destacadas sobre la Segunda Venida de Jesús organizadas por su enfoque principal:
+El regreso visible y glorioso
–Mateo 24:30 – Verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
-Apocalipsis 1:7 – He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá.
-Hechos 1:11 – Este mismo Jesús… vendrá de la misma manera en que lo habéis visto ir al cielo.
+El factor sorpresa
-Mateo 24:44 – Estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.
-Tesalonicenses 5:2 – El día del Señor vendrá así como ladrón en la noche.
-Mateo 24:36 – Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos.
+El juicio y la recompensa
-Mateo 16:27 – El Hijo del Hombre vendrá… y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.
-Apocalipsis 22:12 – He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno.
-Timoteo 4:1 – Jesucristo… juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino.
+La transformación de los creyentes
-Tesalonicenses 4:16-17 – El Señor mismo descenderá del cielo… y los muertos en Cristo resucitarán primero.
-Filipenses 3:20-21 – Esperamos al Salvador… el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra.
Para Yogananda, este concepto de la segunda venida no describe un evento físico o literal en las nubes. Su interpretación es enteramente esotérica, mística y universal. La tesis central de Yogananda diferencia estrictamente al hombre de la conciencia que encarnó: Jesús fue el nombre del hombre humano. Cristo no es un apellido, sino un estado cósmico: la Conciencia Crística (Kutastha Chaitanya). Esta es la inteligencia e infinito amor de Dios manifestados y presentes dentro de cada átomo de la creación.
Yogananda enseñaba que la verdadera «Segunda Venida» ocurre cuando un buscador espiritual, mediante la meditación profunda y técnicas como el Kriya Yoga, logra elevar su propia conciencia hasta unirse con la Conciencia Crística universal. Él retorno de Cristo no debe esperarse como un mesías físico individual que llega de manera externa. Debe suceder en el interior del propio ser humano, despertando el reflejo divino del alma. Argumenta que las enseñanzas originales de Jesús están en perfecta sintonía con las expuestas por Krishna en el Bhagavad Guita hindú. Ambos caminos buscan devolver al «Rey Alma» el control sobre el ser humano. Apoyándose en las palabras del Evangelio de Lucas, insistía en que la divinidad no se alcanza por medio del dogma religioso o la fe ciega, sino a través de la experiencia intuitiva directa lograda en el silencio de la meditación.
Hay críticas serias y profundas hacia esta tesis, provenientes principalmente de la teología cristiana académica, los estudios históricos y ciertos sectores del propio hinduismo ortodoxo. Las objeciones no se centran en la validez de su camino meditativo, sino en su metodología de interpretación y en la alteración de los conceptos originales del Nuevo Testamento. Para los teólogos cristianos, el método de Yogananda es un ejemplo de eiségesis (introducir ideas ajenas dentro del texto bíblico para forzar un significado) en lugar de exégesis (extraer el significado real del texto en su contexto original). El cristianismo defiende una separación clara entre el Creador y la creación. Yogananda diluye esto al proponer una visión panteísta o monista (todo es Dios y el alma humana es idéntica a Dios). Al separar al «Jesús histórico» de la «Conciencia Crística», la teología académica señala que Yogananda vacía el cristianismo de su pilar central: la encarnación única, histórica e irrepetible de Dios en un solo hombre.
Los historiadores bíblicos argumentan que Jesús de Nazaret era un judío del siglo I cuyas palabras se enmarcaban en la tradición profética y apocalíptica del Antiguo Testamento. El concepto bíblico del «Reino de Dios» o la «Parusía» tenía un carácter comunitario, social y escatológico (el fin del sufrimiento en el mundo físico y la justicia divina). Al transformar esto en una «experiencia interna y psicológica de meditación individual», Yogananda despoja al mensaje de Jesús de su contexto histórico e intención original para adaptarlo a la filosofía oriental contemporánea.
No todas las críticas vienen de Occidente. Teólogos de escuelas tradicionales del hinduismo (como ciertas ramas de Vaisnavismo o Vedanta) han cuestionado los intentos de asimilar la figura de Jesucristo a la de avatares como Krishna o Buda. Algunos eruditos (como los de la línea de Bhaktivedanta Swami Prabhupada) argumentaban que este tipo de sincretismo universalista tiende a «licuar» las identidades y los textos de ambas religiones para crear una doctrina híbrida atractiva para el público occidental, pero carente del rigor teológico estricto de las escrituras védicas originales.
Desde el punto de vista del análisis literario secular, se le critica que su comentario bíblico presupone que existe una especie de «misticismo secreto o esotérico ocultado por la Iglesia». Los académicos señalan que no hay pruebas documentales ni filológicas en los manuscritos antiguos del Mar Muerto o el Nuevo Testamento que apunten a que Jesús enseñara técnicas de control de la energía (como el Kriya Yoga) de forma oculta a sus discípulos modernos.
En resumen, los analistas consideran que la obra de Yogananda es una excelente pieza de literatura mística oriental de la era de la Nueva Era, pero carece de validez como un análisis histórico o teológico riguroso del cristianismo original.
La organización fundada por Yogananda no busca competir en el terreno de la filología o la historia secular, sino que defiende su postura desde una perspectiva metafísica y pragmática: argumenta que la Biblia fue escrita por profetas que alcanzaron estados elevados de conciencia. Por lo tanto, afirman que un texto místico solo puede ser correctamente interpretado por otro místico (como Yogananda) a través de la percepción intuitiva, y no por académicos que dependen exclusivamente de la razón y la gramática. Sostienen que el propósito de Jesús no era crear una religión basada en su personalidad histórica, sino mostrar el camino para que otros alcanzaran la misma unión con el Padre y recuerdan que el cristianismo primitivo (como los primeros padres de la iglesia y corrientes gnósticas tempranas) era mucho más místico e interiorizado de lo que la Iglesia institucionalizada permitió siglos después tras el Concilio de Nicea. Para ellos, Yogananda no «inventó» algo nuevo, sino que restauró la dimensión mística perdida de las enseñanzas de Jesús. Si un practicante occidental logra experimentar paz profunda, amor universal y la presencia de Dios usando el Kriya Yoga mientras lee los Evangelios, consideran que la tesis de Yogananda queda validada por la experiencia personal directa.
La comparación entre la doctrina de Yogananda y místicos occidentales como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila o el Maestro Eckhart tiene asombrosas coincidencias y diferencias insalvables. Quienes defienden que experimentaron exactamente lo mismo señalan paralelismos idénticos en el proceso interior: la «Noche Oscura» de Juan de la Cruz es idéntico al concepto yóguico de Pratyahara (interiorización de los sentidos) y la destrucción del ahamkara (ego), y el «matrimonio espiritual» es la definición exacta de Samadhi: la disolución de la ola (el alma individual) en el océano (la Conciencia Cósmica). En fin, ambos caminos coinciden en que a Dios no se le encuentra en el pensamiento o el discurso intelectual, sino en la quietud absoluta de la mente.
Pero los teólogos e historiadores tradicionales advierten que, aunque los síntomas psicológicos o de paz sean parecidos, la base teológica y la experiencia final difieren, pues por ejemplo para Juan de la Cruz, la unión con Dios es un don gratuito, un acto de gracia, y en el Yoga de Yogananda el proceso es visto casi como una «ciencia matemática». En el misticismo católico el alma nunca pierde su identidad pero en el monismo (Advaita) el alma descubre que la separación siempre fue una ilusión (Maya): el alma es esencialmente Dios.
En conclusión, mientras que los críticos ven una brecha teológica insalvable entre el misticismo teísta de San Juan de la Cruz y el misticismo oriental de Yogananda, los defensores de la filosofía perenne afirman que ambos escalaron la misma montaña desde laderas diferentes, describiendo la cumbre con el lenguaje cultural que tenían a su disposición.
VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Texto: 7
Interpretación: 8
Puesta en escena: 6
Música: 6
Producción: 6
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: n/h
Teatro Alcázar
LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO O EL YOGA DE JESÚS
Del 20 de agosto al 27 de septiembre de 2026
Rafael Álvarez ‘El Brujo’
Duración 1h45′.



