José Catalán Deus

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‘Las irresponsables’ y el teatro como teleserie

Autor y directora han seguido una trayectoria descendente que esta obra patentiza. El estilo de plató televisivo, de superficialidad inaceptable, de rodaje en dos mañanas, está contaminando peligrosamente la escena española y estas irresponsables son claro ejemplo.

Lila tiene cuarenta años y su novio le ha dejado. Su amiga Nuria y su hermana Fabi la llevan a pasar un fin de semana fuera de la ciudad para que se le pase la depre, a un chalé de alto copete que unos conocidos de Nuria le han prestado. Solo hay una condición: vigilar que el perro de los vecinos no se cague en el jardín. La típica y tópica comedieta de tres personajes que esta vez son mujeres empoderadas y más perdidas que carracuca. Pero el autor argentino Javier Daulte, haciendo gala de la obsesión nacional por la psicoanalisismanía, se mete a indagar en sus impulsos inconfesables, en esa parte de nosotros que permanece escondida bajo las normas, la educación y el sentido común, y en ese no saber que se quiere de verdad, que se quiere cuando se quiere algo y resulta que lo que se quiere es lo contrario, o sea, en ese pegajoso territorio del consciente/subconsciente/inconsciente con el que van tomando decisiones cada vez más absurdas, donde los límites entre lo correcto y lo incorrecto comienzan a desdibujarse y cada intento por arreglar la situación solo consigue empeorarla.

En principio, complicar las cosas de la vida cotidiana tan trivial y previsible no está mal. Pero no es tan fácil y puede pasarte como a Daulte, terminar empantanado entre la caca del perro de los vecinos y la estupidez de Lila, en las interminables disquisiciones de Nuria y Fabi que terminan pareciendo la misma. Nos explica el autor que formamos parte de una sociedad que no se deja llevar por sus impulsos primarios. Somos educados, tolerantes, controlados. Pero todo tiene un límite. Porque, pensémoslo por un momento: ¿Quién no ha soñado, dormido o despierto, con la posibilidad de perder ese control? ¿Quién no fantaseó con dar rienda suelta a sus más genuinos y primitivos impulsos? Y quizá la línea que separa nuestro comportamiento más correcto de la locura más desaforada sea más delgada de lo que suponemos .En Las Irresponsables esos impulsos salen a la superficie y se hacen realidad. Pero tan sesudo propósito a dónde conduce a Nuria, Lila y Fabi. Pues a querer y no querer matar a un perro, a querer y no querer seguir con el novio, a querer y no querer emborracharse. Ya ve usted, qué lejos. ¿Irresponsables? De qué, no lo captamos.

¿Cuántas veces guardamos las formas y contenemos nuestros deseos más oscuros cuando, en realidad, lo que nos pide el cuerpo es entrar en el barro y jugar con fuego? nos pregunta poéticamente la directora. Y se responde: vivimos acostumbrados a mostrarnos en el escaparate de lo políticamente correcto. Pero basta una crisis y pueden aflorar partes de nosotros que preferimos mantener bien escondidas. Me fascinaba acompañar a estas tres mujeres en ese viaje hacia la fragilidad, el desequilibrio y el reencuentro con su propia naturaleza. Descubrir cómo, poco a poco, las certezas se resquebrajan y dejan paso a lo imprevisible, a lo caótico y, quizá por eso mismo, a lo auténtico. Porque, aunque nunca lo admitamos, todos llevamos un irresponsable dentro.

Pues sí, promete. Pero el argumento es trivial. La trama está cogida con pinzas. Y lo que vemos en escena, decepciona. La escenografía de Enric Planas es poco más que un anuncio del fabricante de cocinas Bulthaup. La iluminación de David González es atrabiliaria, un juego de colorines sin pies ni cabeza. Y el reparto hace un trabajo convencional, ese que han impuesto las teleseries, ese que identifica inmediatamente el coach potato que solo se mueve de delante de la pantalla cuando puede encontrar algo semejante. Los intentos de Daulte por profundizar en la sombra jungiana que todos tenemos se diluyen en ese querer vender localidades por encima de todo. Y los pinitos de Poveda por ampliar su recorrido hacia la dirección de escena se sumergen en la anodina papilla de agradar a todos los espectadores para que atraigan a otros.

Ella se encarga del personaje Fabi, esa mujer de rompe y rasga que ha creado el feminismo radical a costa de secarla por dentro. Eva Ugarte es la amiga Nuria, que representaría la versión más juiciosa a costa de silenciar sus verdaderas apetencias, y Angy Fernández es Lila, cuarenta años insulsos e inmaduros que no saben lo que quieren. Actuaciones correctas mas convencionales. Pero todo es un final feliz reconfortante de un enredo peliculesco, lejano de la vida real. En un estreno todo de invitaciones agradecidas, nos decepcionaron francamente Daulte y Poveda por su exagerado sesgo comercial. Él, si lo comparamos con su ‘Nunca estuviste tan adorable’, (ver nuestra reseña de entonces) presentada en 2008 en el Teatro Valle Inclán. Ella, si recordamos su etapa de actriz en la CNTC e incluso su anterior trabajo de dirección, ‘La francesa Laura’ (ver nuestra reseña de entonces) , una obra atribuida a Lope de Vega en cuya puesta en escena estuvo notable.

Sabemos que es difícil resistirse al tirón de las cámaras, a los emolumentos de las pantallas grandes y chicas, y que el teatro-teatro está de capa caída aunque digan lo contrario. Pero….

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 6
Texto, 6
Dirección, 6
Escenografía, 5
Interpretación, 6
Producción, 5
Documentación para los medios, 5
Programa de mano, 5

Teatro Maravillas
‘Las irresponsables’
AUTORÍA Javier Daulte.
DIRECCIÓN Marta Poveda.

REPARTO
Eva Ugarte – Nuria,
Angy Fernández – Lila,
Marta Poveda – Fabi.

PRODUCCIÓN EJECUTIVA Verteatro
DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓN Carlos Larrañaga
DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA Enric Planas, con la colaboración de Bulthaup
DISEÑO DE ILUMINACIÓN David González
DISEÑO DE VESTUARIO Pablo Alcándara
FOTOGRAFÍA Juan Carlos Arévalo
PRODUCCIÓN Verteatro · Smedia · Focus · Bitó Producciones · Secuencia 3.