Magdalena Correa se fue al último lugar habitado al norte del planeta para captar cómo era vivir cuatro meses a oscuras y bajo cero, por qué hacerlo y por qué es una experiencia especial. El resultado lo ha plasmado en una exposición de fotografías y video-instalación que es de lo más original en la temporada madrileña.
Vamos para el invierno y el otoño llegó al cenit, uno de los mejores momentos para visitar el Jardín Botánico, y esta vez con un aliciente especial, esta denominada ‘investigación artística’ realizada en Longyearbyen, capital del archipiélago noruego de Svalbard, una localidad de 2500 habitantes que tiempo atrás vivían gracias a una importante mina de carbón y ahora lo hacen básicamente de un turismo especial, que busca el Kos, una palabra del idioma noruego que representa la felicidad en los pequeños placeres simples, la calidez, la seguridad y la compañía. Va más allá de la simple comodidad para definir una sensación de bienestar, intimidad y disfrute consciente de la vida cotidiana que es tan difícil de logar allá y acá.
La curiosidad por conocer cómo se vive aislado y rodeado de nieves perpetuas y si los visitantes encontraban en la experiencia algo importante, llevó a esta artista chilena a querer conocer los hábitos de vida de la comunidad y su capacidad de resistencia ante la adversidad climática, así como a comprobar si el famoso Kos noruego era capaz de mantenerse en semejantes condiciones medioambientales y existenciales. ‘La oscuridad, el sosiego, el silencio nos ponen en contexto. Las conclusiones personales de su experiencia dotan de diferenciación a cada una de las dos secciones de la exposición. En una primera focaliza especialmente lo que considera que la mayoría de los habitantes de Svalbard lleva a cabo durante la noche polar: una suerte de hibernación, una especie de encierro voluntario en el hogar de cada uno, volviéndose en cierto modo invisibles; y en la segunda parte del recorrido expositivo nos comparte como desarrollan una escasa vida social en el exterior cuando deciden hacerse visibles”, ha explicado el comisario de la muestra Emilio Navarro. La parte final del recorrido la ocupa un documental donde se presenta una investigación más científica y objetiva de la situación en Longyearbyen, con entrevistas a personas que desarrollan su vida personal y profesional en el lugar todo el año.
“Antes de iniciar mi residencia en el Spitbergen Artist Center en enero de 2025, dice la artista, mi objetivo principal era verificar y desvelar la capacidad de resiliencia. Ya estando en el territorio y conviviendo con sus habitantes durante un mes, pude comprobar que el ser humano se oculta como el sol, permaneciendo la mayoría del tiempo ensimismado en su propia soledad y en la magnificencia de una naturaleza salvaje e indomable”, explica Magdalena Correa. Día tras día, la soledad perpetua de sus calles era la tónica. Cómo una mirona se detenía ante las ventanas de las casas para intentar captar que hacían dentro. Otras veces, permanecía hipnotizada mirando a través de las suyas desde el interior para solo ver una y otra vez, interminablemente, la nieve movida por ráfagas de viento y solo alguien pasar muy de vez en cuando. ‘Después de un mes comprobé que sus habitantes sentían admiración por aquella tierra. Para la mayoría se trataba de un templo, donde se les obligaba a conectarse con la espiritualidad, a conocerse más interiormente y a vivir en armonía con la naturaleza, entre el ser humano y el territorio se creaba una sinergia, no existía rivalidad ni competencia. El hombre comprendía que se encontraba en desventaja por lo que se rendía ante ella. El último día antes de mi partida el sol se asomó 15 minutos, para alertar de que pronto comenzaría el sol de medianoche’.
Al parecer no temperatura solo baja a -40º excepcionalmente: oscila entre -14°C durante el invierno y 6 ° C durante el verano y hay zonas en Noruega mucho más frías. Al parecer, Magdalena no consiguió entablar contacto humano ni entrar en las casas. Al parecer, se volvió sin averiguar si el kos podía encontrarse allí, incluso si algún noruego lo había encontrado rodeado de nieve, oscuridad y silencio. En 2018, la prensa española publicó algunos reportajes sobre tan exótico lugar. Uno se titulaba ‘Buenos sueldos, cero mortalidad, y otros motivos para mudarse a la ciudad más remota del planeta’, y otro ‘Longyearbyen: la ciudad noruega donde morir es ilegal’ refiriéndose a que los cadáveres no se descomponen allí enterrados y deben ser trasladados al continente.
La artista declara en su página: ‘Desde la fotografía y la video-instalación, mi trabajo explora el habitar de personas en territorios remotos y extremos, con un enfoque de corte antropológico. En los primeros proyectos, el territorio era el protagonista; sin embargo, en mis trabajos más recientes, el centro de atención se ha desplazado hacia el ser humano. Me adentro por largos periodos en parajes olvidados, descubriendo a personas que han construido una vida en armonía con una naturaleza desafiante. Con la cámara como fiel testigo, documento tanto sus historias como el entorno que los rodea, buscando visibilizar realidades a menudo ignoradas’. Y sí, ha realizado un reportaje de calidad y en profundidad que resulta sorprendente. Es llamativo pero, nunca mejor dicho, no consigue romper el hielo. Al parecer, no hay evidencia que respalde la leyenda de que Longyearbyen sea un lugar con una alta incidencia de problemas mentales graves o suicidios, más allá de los desafíos habituales asociados a vivir en un entorno extremo, y aunque la depresión y la ansiedad son riesgos conocidos asociados con la noche polar y el aislamiento, la comunidad parece haber desarrollado mecanismos de adaptación y resiliencia.
Aproximación a la propuesta (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 8
Comisariado: 7
Programa de mano: n/h
Catálogo: n/h
Documentación a los medios: 6
Real Jardín Botánico – CSIC
Ala norte del Pabellón Villanueva
‘KOS, entre la oscuridad, la alienación y el frío’
Magdalena Correa
Comisariada por Emilio Navarro
Organizado por Real Jardín Botánico y ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile.
El proyecto KOS ha contado con el financiamiento del fondo nacional de Desarrollo Cultural y las Artes del Estado chileno.



