Junto a los ensayos finales de la célebre obra de Ibsen se nos presenta paralelamente la vida privada y las complicadas interrelaciones de la directora, el reparto y el equipo artístico. No recordamos un resultado tan fantástico de este frecuente planteamiento, el llamado metateatro. Una producción excelente muy por encima de lo habitual en nuestros escenarios.
El drama original estrenado en 1891 fue una conmoción entonces y sigue siendo misterioso hoy, a pesar de las muchas versiones, adaptaciones y variaciones que ha sufrido y gozado. Porque se ha ido viendo con diferentes enfoques conforme las épocas, predominando el de la mujer víctima, pobrecita, de los hombres, de la sociedad y de todo. El mérito de la concepción de esta buena señora, Aurore Fattier, una jóvena de 44 años bien aprovechados, es el de sutilmente enfrentarse a la pandemia woke que sufre la noosfera occidental, y plantear que Hedda es en realidad una psicópata dedicada a destruir la vida de los demás porque es una cobarde rencorosa que se aburre mantenida y bien mantenida, una mujer frígida envidiosa de las otras, una personalidad tóxica, como ahora se dice y se aplica a conveniencia. A ella Ibsen la dota de una refinada maldad unida a un intelecto brillante.
Hedda Gabler, la aristocrática hija del general Gabler, tiene 29 años y acaba de contraer matrimonio con Jørgen Tesman, al que no ama. El matrimonio regresa de una luna de miel que a ella la contraría. La tía del marido, Juliane, les ayuda económicamente a instalarse en uan caszza por encima de las posiblidades de él, que espera ser nombrado catedrático muy pronto. Llega Thea, una antigua compañera de colegio de Hedda; ha abandonado a su esposo por el exalcohólico Løvborg, también escritor y también un antiguo novio de Hedda. Más tarde aparece el juez Brack, que aspira a ser amante de Hedda. Finalmente hace su aparición el exalcohólico Løvborg, que ha escrito un libro exitoso pero que lleva consigo el manuscrito de otro que acaba de terminar y cree verdaderamente genial. Los tres hombres se van a una fiesta y Løvborg borracho pierde el libro, Jørgen lo encuentra y lo lleva a casa. Hedda guarda el libro y cuando Løvborg se muestra desesperado por la pérdida del manuscrito, le sugiere que se suicide «de manera bella» con una pistola de su padre, el general. Luego quema el manuscrito. Løvborg muere, pero no suicidado sino tras recibir un disparo accidental en un prostíbulo, Thea y Tesman acuerdan reconstruir el manuscrito de Løvborg a partir de las notas que Thea ha conservado, y Brack, que sabe de donde procede la pistola encontrada junto al cadáver de Løvborg, emplea este conocimiento con el fin de presionar a Hedda para ser su amante. y cuando esta se muestra dispuesta, la desprecia. Hundida, Hedda se suicida. Uf, complicado sin duda.
Mientras ultiman una representación de la obra, la directora Laura Stijn se muestra inquieta y descontenta del resultado y sobre todo de cómo la actriz Louise Bernier interpreta a la protagonista. El papel de Tesman lo hace Grèbe Kojek, con el que ha tenido relaciones y ya no quiere mantenerlas, mientras la obsesiona la sombra de su hermana Esther, desaparecida hace diez años; mientras la visita agresivo el marido de la desaparecida, Stephane, al que se acusó del crimen sin pruebas; mientras se ocupa de la hija de ambos, a la que mantiene en un internado y tiene que sufrir a su padre Bram, un gran compositor echado a perder al que ha pedido que termine de una vez una pieza que inició cuando ella y su hermana eran niñas, para incorporarla a la versión de la obra que va a estrenar en unos días. Hay más personajes, pues Marie interpreta en la obra que ensayan a Thea, Irene hace de la tía de Tesman, mientras Colin a Løvborg, y Richard a Brack; Kim es la ayudante de Laura, y todavía hay algún personaje más, como un técnico de sonido que cuando habla, filosofa con enjundia. Se irá descubriendo la patología enfermiza de Laura obsesionada por la sombra de su hermana, que conseguirá sustituir a Irene en el papel de Hedda Gabler y así ser actriz como lo fue Thea.
Tal ambicioso, descomunal planteamiento es puesto en escena a dos niveles: arriba, una proyección vídeográfica; abajo una representación en vivo; y en ambos se intercalan las imágenes en directo y las escenas en vivo del decorado donde ensayan, de los camerinos donde sed agitan y de los pasillos que comunican ambas realidades paralelas. Si decimos que el resultado nos pareció deslumbrante, somos sinceros. La escenografía de Marc Lainé y la cinematografía de Vincent Pinckaers se combinan de forma cautivadora gracias a la dramarturgia de Sébastien Monfè y Mira Goldwicht, que son los autores además de un texto que combina extractos de la obra de Ibsen con una trama actual de desamores, envidias, trastornos y lúcidas visiones de nuestro tiempo con apuntes de primera categoría. Iluminación, vestuario, peluquería y maquillaje son impecables en su doble faceta -costumbrista en los ensayos y ‘casual’ en los camerinos-, y la mezcla de ambas vestimentas en el trascurso de la trama se convierte en un aliciente más.
Mención especial merece la música de Maxence Vandevelde y la idea de hacer orquestal lo que al piano se toca. Del mérito del reparto, de su equilibrismo en la doble faceta que les toca a los papeles principales, hablaríamos quizás demasiado, pero no podemos por menos que destacar a Carlo Brandt en ese músico enloquecido entre la obra maestra inalcanzable y la frustrada vida personal. Pero Annah Schaeffer se duplica y Maud Wyler se descompone con interpretaciones realmente conmovedoras, al igual que Joann Blanc y Fabien Magry en sus dobles tareas; en fin, que habría que mencionar a todos y cada uno de los once componentes de tan buen elenco.
‘Hemos creado una obra que se interesa profundamente por la mujer, de la manera más sincera posible, y que incorpora todas las contradicciones que puede conllevar ser mujer. En ese sentido, es una obra feminista… Por otro lado, socava los ideales feministas de moda, como el empoderamiento o la sororidad. No presenta un modelo de guerrera o de mujer brillante. En este montaje no hay ideología, pero sí un interés por la honestidad y el realismo sobre el hecho de ser mujer hoy en día, su relación con el deseo, la sexualidad, el poder, los hombres, la maternidad…’.
En planteamiento y ejecución, en altura de miras y visión madura, esta producción que nos ha visitado de forma tan rauda es una lección de cómo encontrar significado en las grandes piezas teatrales del pasado, en cómo enfrentarse a la hermosa tarea de hacernos reflexionar sobre la vida, sobre nuestras vidas, de hacer teatro con mayúsculas. Una lección tanto y más necesaria en los momentos de decadencia y esterilidad que atraviesa la cultura en general y el teatro en particular en esta España acomodaticia, que tras desperdiciar el impulso de la Transición se desangra en banderías y se consume en banalidad.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 10
Versión, 9
Dirección, 9
Interpretación, 9
Escenografía, 9
Producción, 10
Teatros del Canal – Sala Roja
Hedda, una variación contemporánea basada en Hedda Gabler, de Henrik Ibsen.
Estreno en España
País: Bélgica
Idioma: francés (con sobretítulos en español)
Duración: 2 h 30 min (sin intermedio)
6 y 7 de febrero, a las 20.00 h
Con: Fabrice Adde, Delphine Bibet, Yoann Blanc, Carlo Brandt, Lara Ceulemans, Valentine Gérard, Fabien Magry, Deborah Marchal, Annah Schaeffer, Alexandre Trocki, Maud Wyler
Concepto, dirección y puesta en escena: Aurore Fattier
Texto y dramaturgia: Sébastien Monfè y Mira Goldwicht, basado en Hedda Gabler, de Herrik Ibsen
Asistentes: Deborah Marchal, Lara Ceulemans
Escenografía: Marc Lainé, en colaboración con Stéphane Zimmerli y Juliette Terreaux
Cinematografía: Vincent Pinckaers
Vestuario: Prunelle Rulens, en colaboración con Odile Dubucq
Peluquería: Isabel García Moya
Maquillaje: Sophie Carlier
Consultora de vestuario: Anne-Sophie Vanhalle
Iluminación: Enrico Bagnoli
Composición musical: Maxence Vandevelde
Directora técnica: Nathalie Borlée
Administración general: Dylan Schmit
Regiduría: Manu Savini
Regiduría de sonido: Jérôme Mylonas
Dirección de vídeo: Gwen Laroche
Regiduría de iluminación: Jean-François Bertrand
Decorados y trajes: Théâtre de Liège workshops
Aprendices: Mégane Arnaud, Edouard Blaimont, Mahi Hadjammar y Berktan Yurdover
Producción: Théâtre de Liège y DC&J Création
Coproducción: Solarium Asbl, Théâtre National Wallonie-Bruxelles, Théâtre Royal de Namur, Théâtre de La Cité-Cdn Toulouse-Occitanie, Comédie de Valence-Cdn Drôme-Ardèche, the Théâtres de la ville du Luxembourg, MARS Mons Arts de la Scène, Comédie de Reims, Prospero – Extended Theatre, Tax Shelter del gobierno federal belga, Inver Tax Shelter y Club des Entreprises partners del Théâtre de Liège
El espectáculo se realiza dentro del proyecto internacional “Prospero Extended Theatre”, gracias al apoyo del programa “Europa Creativa” de la Unión Europea.



