Hoy vuelve Rigoletto al Teatro Real. Nunca antes se habían programado tantas -18- funciones de una producción operística suya, pero las 35.000 localidades están ya prácticamente vendidas. No en vano estamos ante una de las óperas más populares y queridas del repertorio, una obra que se ha puesto en Madrid 379 veces anteriormente. Para los que no consigan una entrada -hay también dos funciones a precios reducidos de entre 8 y 80 €-, el sábado 6 de junio habrá 1.500 sillas al aire libre frente a una pantalla gigante que proyectará la función simultáneamente a su desarrollo en el interior del teatro.
La nueva producción de Rigoletto firmada por el Teatro Real en coproducción con el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, basada en una producción original de la Ópera de Ámsterdam, lleva el sello de la directora de escena Monique Wagemakers, por vez primera en Madrid. Su propuesta se basa en un espacio de líneas geométricas e iluminación cambiante, un marco impactante para resaltar el trágico argumento y la fuerza de los personajes. Al frente de la orquesta está Roberto Abbado, que también debuta en el Real. Tres repartos se combinan para tan gran empresa, con los tenores José Bros, Roberto Aronica y Celso Albelo como el duque de Mantua; los barítonos Roberto Frontali, Zeljko Lucic, Anthony Michaels-Moore y Leo Nucci (en una sola aparición) como Rigoletto; y tres sopranos como Gilda, la española Mariola Cantarero y las italianas Patrizia Ciofi y Cinzia Forte.
Rigoletto se considera la primera ópera de la llamada “trilogía popular” –a la que le seguirían La traviata e Il trovatore– y la que logra desplazar por primera vez los términos tradicionales del melodrama italiano: el protagonista no es el noble, sino el bufón de la corte. Estrenada en 1851 con éxito clamoroso en La Fenice de Venecia (llegaron a representarse más de 250 funciones en diez años), inicia el camino de Verdi hacia su propia concepción del drama musical. Sorprende por su dinamismo y consistencia, al limitar los momentos contemplativos y fusionarlos con la acción, y también por el papel que asume la orquesta como constante apoyo dramático.
Giuseppe Verdi (1813 – 1901) compuso este melodrama en tres actos, sobre un libreto de Francesco Maria Piave, basado en Le roi s’amuse de Victor Hugo. La censura impuso que el personaje del rey francés Francisco I fuera sustituido por el del duque de Mantua. La trama se centra en la maldición que lanza el conde de Monterone a Rigoletto, el bufón del duque, por burlarse de su deshonra. Esa maldición, cuyo motivo musical inicia y culmina la obra, será para el bufón la semilla de su desgracia: su hija Gilda será seducida por el duque, raptada por los cortesanos y morirá víctima de la sed de venganza de su desgraciado padre.
Antonio del Moral, el director artístico del Real, afirma haber visto más de quince producciones diferentes de esta ópera, desde tradicionales a supermodernas, y seguir pensando que es muy difícil encontrar del punto justo en ella. Por eso insistió en convencer a Monique Wagemakers de que rehiciera su producción holandesa para Madrid. ‘Respeta absolutamente el original y crea un ambiente abstracto en el que lo importante son los personajes’. A la complicación intrínseca de su montaje, a su complicación escénica que necesita serios ensayos, se han juntado esta vez una larga serie de problemas: la decisión de retirarse del cartel de Juan Diego Flores, la bronconeumonía de Francesco Meli, una enfermedad de Fabio Sartori y hasta la ruptura del talón de Aquiles en el caso de Roberto Abbado. Finalmente, aquí está a tiempo. ‘Y como todos la conocemos, todo el mundo tendrá sus comentarios y sus críticas que hacer’, prevé Del Moral.
Para Roberto Abbado, sobrino del gran Claudio, ésta es una ópera perfecta, basada en una idea simple y eficaz, equilibrada entre forma y expresividad, repleta de duetos que sitúan las relaciones interpresonales. Verdi construye seres humanos verdaderos, con la misma psicología cambiante de las personas, con dobles personalidades, o triples, como en el caso de Rigoletto, con esa Gilda que al comienzo es una jovencita inmadura y al final toda una mujer capaz de morir por amor. ‘¿Por qué esta ópera es tan popular?’, plantea el maestro. ‘Por su música perfecta, por su unidad dramática, por ser un drama bellísimo, porque todo en ella es lógico, como en las obras maestras de Mozart, con una orquestación llena de colores que establecen las relaciones personales’, se responde y nos responde.


