José Catalán Deus

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Panorama espeluznante desde un puente lejano

Una gran producción de ‘Panorama desde el puente’, el clásico moderno de Arthur Miller con un final de violencia inusitada y una indefinición moral que puede dejar descontento a quien no gusta de brutalidades en el escenario y prefiere que se haga justicia incluso sobre las tablas.

Empecemos por el desconcertante final, dado que la pieza no pretende sorpresas. El abogado Alfieri, personaje que nos va comentando la historia, pone el punto final o moraleja señalando la inevitabilidad de la tragedia ocurrida, y sentencia que, aunque Eddie Carbone estaba equivocado, fue fiel a sí mismo, a su naturaleza impulsiva y destructiva, aunque su obsesión le llevó a un destino inevitable. Infiere que la mayoría de las personas se conforman con una vida a medias, reconociendo finalmente en la trágica caída de Eddie una pureza escalofriante. Dice textualmente: ‘La mayoría de las veces nos conformamos con la mitad, y me gusta más. Y aún así, cuando la marea va bien, y el olor verde del mar flota hasta mi ventana, las olas de esta bahía son las olas que baten Siracusa. Y veo un rostro de repente que parece tallado; los ojos semejan túneles conduciendo de regreso hacia alguna playa ancestral donde todos vivimos alguna vez. Y me pregunto en esos momentos cuántos de nosotros realmente vivimos allí todavía y cuándo realmente nos fuimos de aquel oscuro lugar, de aquel mundo caído como una piedra. Este es el final de la historia. Buenas noches’.

Hombre, una moraleja como poco desatinada, que casi presenta como un héroe o un mártir al buen estibador; un final impostado, quién sabe la razón de Miller para ello. Veamos la trama y veamos como en el comportamiento del protagonista hay poca justificación. Eddie Carbone vive con su esposa Bea y con Katie, su sobrina, hija de su cuñada fallecida a quien prometió que la cuidaría siempre. Desde el comienzo, su sobreprotección sobre la muchacha despierta sospechas de una inconfesable atracción, pero nunca resulta explícita. Cuando la familia acoge a dos primos de Bea, inmigrantes ilegales que vienen de Italia, -Marco, que ha dejado tres hijos y esposa en la miseria en Sicilia, y su hermano pequeño Rodolfo, un sensible e idealista muchacho-, este inicia un romance con Katie que saca de quicio a Eddie. Eddie alega que Katie no debe salir de noche, que Rodolfo sólo la quiere para poder casarse y obtener la nacionalidad, y por encima de todo que es un afeminado porque canta, lleva el pelo largo, es elegante y encima sabe coser. Y afeminado para él es pervertido delincuente. El disparadero estalla cuando les descubre juntos amándose. No puede resistir que vayan a casarse y que su idolatrada Katie le abandone, y recurre a denunciar a los hermanos a la policía, una traición considerada la mayor bajeza por la comunidad italoamericana de la que forman parte. Bea reprocha a su esposo lo que ha hecho y esa atracción por Katie, y cuando los ponen en libertad provisional y Rodolfo y Katie van a casarse para evitar que lo deporten, Marco llega a vengarse. Entonces, Edie lo ataca con un puñal y…

La versión de Eduardo Galán parece fiel, aunque ha eliminado algunos personajes y acortado intervenciones, y la dirección de Javier Molina es muy acertada en el aspecto actoral, aunque llevando el drama al máximo sensacionalismo y poniendo excesivamente el corazón en un puño al espectador que se deja emocionar por el teatro como se emociona por la vida. Se nos informa de que es Molina el actual codirector artístico del Actors Studio de Nueva York, así como de que el responsable de vestuario Emilio Sosa ha hecho grandes musicales y producciones internacionales y ha presidido durante cuatro años el AmericanTheatre Wing, institución de los Premios Tony.

Elisa Sanz firma la escenografía, un espacio convencional que sitúa la acción entre el apartamento de los Carbone y el despacho del abogado Alfieri que puede valer, pero en el chirrían las dos chocantes paredes blancas al fondo donde se proyectan imágenes en directo de algunas escenas, mostrando detalles de miradas y gestos que pasarían desapercibidos para el público sin estos primeros planos. Esa profundización tiene sus pros y sus contras, pero es interesante si los actores se expresan intensamente. La iluminación de Nicolás Fischtel, a través de contrastes entre zonas de sombra y focos muy definidos, acompaña a la tensión del relato. Al vestuario de Emilio Sosa solo podemos reprocharle que Beatriz parezca una dama elegante más que la mujer de un obrero.

El reparto consigue un realismo crudo que conmociona. José Luis García Pérez es este estibador que va enloqueciendo hasta convertirse en un monstruo; María Adánez es su esposa Beatriz en un papel repleto de sensibilidad, y Ana Garcés es esa sobrina que de niña pasa a mujer para verse envuelta en tan gran tragedia. Están acompañados por Pablo Béjar y Rodrigo Poisón en los hermanos Rodolfo y Marco, y a todos ellos la obra obliga a un despliegue pasional tremendo. Que contrasta premeditadamente con el hieratismo de Francesc Galcerán, convincente en el papel del abogado narrador; el elenco se completa con Manuel de Andrés y Pedro Orenes en dobles papeles de vecinos y policías.

La propuesta potencia el drama social de la inmigración ilegal, tan actual, en detrimento de la historia que subyace, el drama individual del hombre maduro obsesionado por una mujer joven -próxima pero imposible- que termina enloqueciendo. Recuerda a La Malquerida, recién repuesta en los escenarios madrileños, y resulta un poco obsoleta en lo que entonces era escandaloso afeminamiento y hoy está completamente integrado. Esta versión ya se ha podido ver en Santander, Zaragoza y Valladolid; y en España la obra se estrenó en el Teatro Lara en 1958, y se repuso en 1980, dirigida por José Luis Alonso, en 2000, con dirección de Miguel Narros, y en 2017 por Georges Lavaudant.

Arthur Asher Miller fue junto con Eugène O’Neill y Tennessee Williams, gran protagonista del teatro norteamericano del siglo XX. Sus obras se caracterizan por su mirada crítica de la realidad social y política, no obstante fue más célebre por su matrimonio con Marilyn Monroe a la que quiso manipular para convertirla en gran actriz y la hizo desgraciada. Paradigma del intelectual americano de izquierdas de entonces, su familia fueron emigrantes judíos polacos y denunciaba la gran mentira del sueño americano y la deshumanización de la vida estadounidense. Su último hijo nació con síndrome de down, no quiso vivir con él, lo internó en una residencia y no lo volvió a ver. Solo se reencontraron al final de la vida del escritor. Cuando se hizo pública su existencia, la reputación de Miller sufrió un duro golpe. No logró comprenderse esta acción, teniendo en cuenta sobre todo la bandera de activista social que este autor enarboló durante toda su vida. Dijo que el teatro es el único arte donde uno se enfrento a sí mismo. Fue un restaurador de la tragedia moderna, pensaba Antonio Buero Vallejo. La última media hora en esta puesta en escena hiperrealista resultará un tanto espeluznante al espectador corriente. No así a los muchos invitados del gremio que asistieron al estreno de este martes, para ellos todo es truco y apariencia.

PD.- Para el autor y el director de la pieza, y para la crítica que les secunda, Eddie es un buen hombre, está disculpado. Es el buenismo de siempre, es gratis y renta. A ver quién se atreve a opinar otra cosa.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 7
Versión, 7
Dirección, 8
Interpretación, 9
Escenografía, 6
Producción, 8
Documentación para los medios, 7
Programa de mano, 8

Centro Cultural de la Villa – Sala Guirau
‘Panorama desde el puente’
De Arthur Miller
Versión: Eduardo Galán
Dirección: Javier Molina
Del 16 de abril al 17 de mayo de 2026

Intérpretes: José Luis García-Pérez, María Adánez, Ana Garcés, Pablo Béjar, Francesc Galcerán, Rodrigo Poisón, Manuel de Andrés y Pedro Orenes.

Diseño de escenografía: Elisa Sanz
Diseño de vestuario: Emilio Sosa
Diseño de vestuario adjunto y confección: Navascués
Diseño de Iluminación: Nicolás Fischtel
Música y Espacio Sonoro: Manu Solís

Una producción de Secuencia 3 con Teatro Calderón de Valladolid, Tal y Cual Producciones, El Terrat (The Mediapro Studio), Esarte, Teatros Luchana, García Pérez Producciones, Lilicar Films, Hawork Studio, Magasaz y Carlos Arana (Broadway).

Encuentros con el público (con el elenco artístico).
30 de abril (al termino de la función)
6 de mayo (al termino de la función). Invitada especial Amy Cassello (Directora artística de BAM / Brooklyn Academy of Music)

NOTA: Los días 7, 8, 9 y 10 de mayo José Luis García-Pérez (Eddie Carbone) será sustituido por Rodrigo Poisón y el personaje de Marco lo interpretará Alejandro Arestegui.

Las funciones de los días 3, 5 y 6 de mayo contarán con subtítulos en inglés.