Una obra de pequeño formato, que nació en mayo pasado en el teatro alternativo, estrena segunda temporada en un teatro importante, todo un avance del que pueden estar contentos. El argumento procede de la célebre película ‘El ángel exterminador’ de Luis Buñuel, y el título procede de un famoso cuadro de hace dos siglos que se convirtió en símbolo del romanticismo. Con estos orígenes, un elenco esforzado consigue mantener la tensión 75 minutos de creciente incomodidad y desasosiego.
La balsa de la Medusa (Le Radeau de la Méduse) es un gran óleo de 5×7 metros de tamaño. Théodore Géricault lo pintó entre 1818 y 1819 sin haber cumplido aún los 30 años, y el cuadro se convirtió en Francia en un símbolo del Romanticismo. Representa la vbalsa en la que sobrevivieron 15 náufragos de la fragata Méduse, que encalló frente a la costa de Mauritania el 5 de julio de 1816. De las 147 personas que en un principio quedaron a la deriva, el resto murieron durante los 13 días que tardaron en ser rescatadas, en un infierno de hambre, deshidratación, canibalismo y locura. El suceso llegó a ser un escándalo internacional, en parte porque se aprovechó para atacar a la monarquía francesa, que había sido recientemente restaurada.
El ángel exterminador es una película de Luis Buñuel que fue premio de la crítica en Cannes en 1962. Tras asistir a la ópera, un grupo de amigos de la alta sociedad van a cenar a una mansión. Al terminar la cena, los invitados se dan cuenta de que no pueden salir del gran salón, aunque no hay aparentemente nada que lo impida. A medida que van pasando los días, el alimento y la bebida escasean, algunos enferman y la basura se acumula. A partir de ese momento, las buenas costumbres y la cordialidad se acaban perdiendo y los refinados señores pierden todo recato. Buñuel quiso plasmar un naufragio colectivo, como el evocado por La balsa de la Medusa de Gericault, pero en tierra firme, el hundimiento de las normas sociales en los más humillantes límites de degradación, así como lo inexplicable de la desgracia, lo caprichoso del azar. Se han propuesto explicaciones religiosas o marxistas, pero es puro surrealismo sin más.
Con estos nada raquíticos mimbres, Antonio Escribano ha montado una versión muy fiel de la película de Buñuel, de la que apenas se distingue en una drástica reducción de personajes y escenario, en una llovizna de situaciones y frases que apuntan a personajes indefinidos, y en un final menos solemne que aquel de la misa de acción de gracias rodeada de una manifestación de protesta popular, el repique de las campanas y un rebaño de ovejas. Los cambios no justifican el esfuerzo, poco y desdibujado en lo que aportan. La versión aporta también un mayordomo que ejerce de contrapunto racional a la histeria de los señores.
Escribano ha querido reflejar algunas ideas de moda, como que vivimos un cambio de ciclo -algo tan exagerado como aquello de crisis sistémica que se repitió hasta la saciedad y se demostró absolutamente erróneo- y ese terremoto telúrico asusta a las clases más acomodadas hasta conectar con lo más primitivo de sus almas,como que los cimientos del mundo se tambalean en un océano de incertidumbre que asola a sus ciudadanos más afortunados. Filosofandos de redes sociales, prejuicios que impiden captar la realidad real que nos rodea. Tanta trascendencia no se vislumbra en un texto más bien flojo, repleto de lagunas, de obviedades, de incluso contradicciones.
El director Manu Báñez sólo dispone de un pequeño salón para encerrar a los seis personajes sin más ayuda que el que se apaguen de noche las luces y los teléfonos móviles del personal recluido. ‘Son unos personajes que se enfrentan a un gran cambio en sus vidas. ¿Será este cambio definitivo? ¿Lo trágico es capaz de modificar realmente al ser humano de hoy?. El espectador se sitúa en la mirada del que ve el cuadro de Géricault: la balsa frente a un mar embravecido, a punto de hundirse. Como observador podría tender la mano a esos náufragos escénicos que nos presenta el autor’, explica.
Será el elenco el que tendrá que literalmente salvarse del naufragio con una aceptable y en algunos casos notable interpretación colectiva. El entramado se apoya especialmente en el anfitrión, ese señor Aliaga que interpreta Marcial Álvarez con fogosidad. Su antagonista Miguel corre a cargo del autor, Miguel Escribano, que nunca consigue librarse de la máscara. Las tres actrices dan trío de reinas, que en el póquer dramático es como para apostar a tope. Rosa Vivas y Sara Yllán mejoran conforme pasa el tiempo; Mélida Molina empeora arrastrada por su inconsistente personaje -que en la primera etapa de la sala La pensión de las pulgas debía hacer un hombre a la vista de las fotografías-, una vez que deja de cantar (de cantar muy bien, por cierto). Y nuestro amigo Antonio de la Fuente aporta un mayordomo plano, cuya incredulidad y llaneza no terminan de aportar ese contraste rompedor que todo el tiempo se espera.
‘La balsa de Medusa’ es un esfuerzo loable y podría dar lugar a una compañía estable en busca de horizontes más ambiciosos. No aporta casi nada a la película y se queda en un naufragio demasiado trivial, con un principio rematadamente malo y un final decepcionante.
No son los únicos tentados por el argumentos en los últimos años. En 2005 la compañía alemana Schaubühne presentó en el Teatre Lliure de Barcelona una versión de «El ángel exterminador» en alemán con subtítulos en catalán. Su director Thomas Ostermeier explicaba así su versión: ‘No se puede decir que nos basáramos en la película, sino más bien en la idea de fondo: unas personas encerradas en un espacio del que ya no pueden salir. Y, cuando salen, están en el cementerio. Esta es una situación teatral genial’.
Aquí el elenco no acaba en el cementerio pero su entrega llega a la extenuación en aras de una metáfora gastada con moraleja recurrente. Son cosas del teatro donde lo difícil es aunar todos los ingredientes a la misma altura. Aquí nos faltó contenido.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés: 6
Texto: 6
Dirección: 6
Puesta en escena: 5
Interpretación: 7
Música: 7
Producción: 5
Programa de mano: 7
Documentación para los medios: 6
Teatro Fernán Gómez – Centro Cultural de la Villa
Sala Jardiel Poncela
LA BALSA DE MEDUSA
Del 3 al 20 de septiembre de 2015
Reparto:
Marcial Álvarez – El Señor
Rosa Vivas – La Señora
Antonio Escribano – Miguel
Sara Illán – Eva
Mélida Molina – La Cantante
Antonio De La Fuente – Mayordomo
Dirección: Manu Báñez
Dramaturgia: Antonio Escribano
Ayudante de dirección: Irene Calabuig
Producción: El ángel exterminador
Espacio escénico: Lupe Valero, Alberto Puraenvidia
Diseño de vestuario: Lupe Valero
Diseño de iluminación: Víctor Blázquez, Manu Báñez
PRECIO: 16€
HORARIO: Martes a sábado – 20:30h, Domingos – 19:30h
DURACIÓN: 75 min. aprox.



