José Catalán Deus

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La Bella Otero y el Ballet Nacional de España

Este ‘ballet operístico’ es una gran producción, un enorme despliegue de facultades en el que Rubén Olmo demuestra buen hacer y al que podría discutírsele una banda sonora estruendosa y una duración excesiva., mientras que coreografía, escenografía, vestuario e iluminación funcionan, a veces de forma excelente. El reparo mayor sería su poca sutileza estética que le da un cierto aire anticuado. Patricia Guerrero consigue sobrevivir rumbosa al desafío de una obra tan larga, tan variada y tan exigente para la protagonista.

Cuenta la intensa vida de una de las más famosas e influyentes bailarinas de finales del siglo XIX, Carolina Otero. Una mujer procedente de una aldea gallega que se inventó a sí misma a partir de un suceso trágico de su infancia. Utilizó a los hombres para ascender en su carrera artística y fue admirada por reyes de toda Europa, pero el único amor en cuyos brazos cayó fue el del juego. La propuesta se define como ‘una reflexión sobre el maltrato, la ambición, el éxito, la incapacidad de amar y la soledad’, mucha tela marinera.

Una anciana Carolina Otero, sola, arruinada y olvidada por el mundo, recuerda su vida y sus éxitos. Desde su violación siendo niña en una aldea gallega a mediados del siglo XIX y cómo se escapó con un grupo de artistas ambulantes, con los que se inició como bailarina y conoció a su primer amante. Cuando este la vende a un noble portugués, Carolina aprende que el amor es una moneda de cambio para alcanzar lujo y fama. Inspirada por la protagonista de la ópera Carmen, de Bizet, se reinventa como una exótica gitana y, de mecenas en mecenas, que la educan, visten y enseñan a seducir, consigue triunfar en teatros de todo el mundo, dejando tras de sí una sucesión de hombres que se suicidan al no poder tenerla. Cuando se convierte en primera figura del Folies-Bergère de París, donde baila vestida de torero o cubierta tan solo de joyas, su lista de amantes alcanza a la realeza de toda Europa. Las riquezas que recibe de ellos las dilapida ante la ruleta de los casinos de Niza y Montecarlo. Confiando en su fortuna, intenta seducir a Rasputín, el monje y consejero del zar Nicolás II de Rusia. Este la juzga y la condena a vivir sola y arruinada, perdiendo la belleza y el talento en escena que la sostenían en el olimpo de las mujeres más deseadas. Tras entonar la Habanera de Carmen, su canto del cisne como la Bella Otero, es obligada a abandonar a su único amor, el juego, y a esconderse en el olvido, acompañada tan solo por los espectros de su pasado.

“Mi vida ha sido una larga sucesión de aventuras, entre ensayos, funciones, giras, cenas, fiestas, homenajes y súplicas de enamorados de todas clases. ¡Cuántos hombres he visto suspirar, llorar, exigir…! Todos llevaban esa máscara del deseo que les transforma el rostro, con arrugas en la frente y ese rictus en la boca… Seductores bruscos o tiernos, sátiros irónicos, algunos tímidos y torpes, otros lanzados y juguetones, hombres ricos y satisfechos que podían pagar sus caprichos y no admitían negativas, viejos ávidos con la falaz esperanza de vibrar una vez más con la pasión de sus años mozos… Todos niños enfermos que concedían demasiada importancia a lo que no podían conseguir y se exaltaban, hasta el punto de preferir la muerte al sufrimiento que produce un deseo insatisfecho. A todos les he visto egoístas y gozadores, dispuestos a cualquier sacrificio con tal de satisfacer su deseo, pero incapaces de ofrecer un gesto de verdadera bondad y de amor.”: así lo resume en ‘Les Souvenirs et la Vie Intime de la Belle Otero’ en 1926.

Retirada de los escenarios en 1910, se estableció en Niza, donde vivió hasta su muerte en 1965, con noventa y seis años, arruinada y sola. Vivía de una pensión que le pasaba el Casino de Montecarlo en agradecimiento por los millones de francos que en él dejara.​ Nunca se casó. A su entierro solo asistieron varios crupieres y el gerente del casino. ‘La Bella Otero es la primera obra argumental que he creado y dirigido para el Ballet Nacional de España desde mi nombramiento como director en 2019. El espíritu de los dos programas anteriores, Invocación y Centenario Antonio Ruiz Soler, era disfrutar de la danza española en todos sus estilos. En cambio, ahora he puesto la danza al servicio del argumento para contar la vida de una mujer sorprendente, utilizando desde el folclore hasta la danza contemporánea, dice Olmo.

El intento es digno de elogios en su ambición argumental y artística. El resultado no podría ser perfecto, pero es muy digno de contemplar. El esfuerzo de dirección coreográfica y actoral de Rubén Olmo es apreciable, con más de una docena de coreografías que llegan hasta la danza contemporánea y conceptual en el juicio de Rasputín, pasando por el musical de Broadway, el cancán de los cabarés parisinos, la zambra de tablao flamenco y la mazurca de zarzuela, con alguno de los números que hicieron famosa a la bailarina española: la bulería, que bailaba vestida de torero con diez guitarristas, y el erótico baile oriental con el que hechizaba al público vestida con las joyas que le habían regalado sus amantes.

Le apoya una dramaturgia de Gregor Acuña-Pohl en la que se abusa de una gesticulación más tosca de lo que hoy se estila. Resulta de violencia exacerbada el primer número -‘Romería y llanto’, que prosigue en los dos siguientes con demasiadas riñas y empujones ‘Casino de Montecarlo’ nos pareció la escena más lograda de la primera parte. Muy destacable el vestuario historicista de Yaiza Pinillos (280 trajes para 49 bailarines) y la caracterización para un reparto con 23 personajes, todo un inusual despliegue, en la que habría qiue destacar algo que raramente se hace, la peluquería y posticería de Carmela Cristóbal -¡qué barbas y bigotes!- y el diseño de maquillaje de Otilia Ortiz

Manuel Busto se ha atrevido a enhebrar músicas de hasta siete compositores muy diferentes en una lectura atrevida, con toques disonantes y orquestaciones sorprendentes, que siendo notable, no nos sonó bien, quizás por la poca calidad de la grabación o del rimbombante sonido ambiente. Sin música en directo todo se empobrece. Como en todo el repertorio del BNE el zapateado tiene una presencia rotunda que a nosotros nos desagrada, y el flamenco sigue mandando sobre todas las demás posibilidades del variado folclore patrio: la fuerte y modernizada presencia de la muñeira gallega al inicio de la pieza no nos llegó convincente, y en general todos los números de la primera parte se alargaban demasiado en nuestra humilde opinión. Si a eso se suma un horario tan tardío, comenzando a las 20’30, es explicable aprovechar el intermedio para marcharse con gran dolor de corazón y no terminar a las 23’00 y llegar a tu casa a medianoche.

Estrenada en el Teatro de la Zarzuela en 2021 ha recorrido ya una decena de escenarios españoles y americanos, y puede y debe seguir haciéndolo. Resumiendo, una gran producción, un ballet de altos vuelos, un espectáculo de peso. Más allá de reparos subjetivos y secundarios, un logro sobresaliente del BNE y de su director al que le quedarían retoques para ser sobresaliente.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Coreografía: 8
Música: 6
Escenografía: 8
Dramaturgia: 6
Dirección musical: 6
Dirección artística: 8
Producción: 9
Sin programa de mano físico
Documentación a los medios: 7

Teatros del Canal – Sala Roja
Ballet Nacional de España
La bella Otero
14, 15 y 16 de diciembre de 2023.

Dirección y coreografía: Rubén Olmo
Dirección musical: Manuel Busto
Músicas: Manuel Busto, Alejandro Cruz, Agustín Diassera, Rarefolk, Diego Losada, Víctor Márquez, Enrique Bermúdez y Pau Vallet.
Dramaturgia: Gregor Acuña-Pohl
Diseño de escenografía: Eduardo Moreno
Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos
Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo
Diseño de sonido: Luis Castro
Grabación musical: Fundación Barenboim-Said dirigida por Manuel Busto
Músicos flamencos del BNE
Realización de vestuario: Cornejo
Zapatos: Gallardo
Utilería de accesorios: Beatriz Nieto
Peluquería y posticería: Carmela Cristóbal
Diseño de maquillaje: Otilia Ortiz

Personajes
(Por orden de aparición)
Madame Otero: Maribel Gallardo
Carolina Otero: Patricia Guerrero
Cura Carradan: Francisco Velasco
Conainas: Antonio Correderas
Paquito: José Manuel Benítez
Duque: Sergio García
Carmen: Inmaculada Salomón
Don José: Antonio Correderas
Escamillo: Carlos Sánchez
Émilienne d’Alençon: Inmaculada Salomón
Alberto I, príncipe de Mónaco: Eduardo Martínez
Manuela: Miriam Mendoza
Ernest A. Jurgens: Francisco Velasco
Bellini, maestro de ceremonias: Eduardo Martínez
Edward VII, príncipe de Gales: Sergio García
Leopold II, rey de Bélgica: Antonio Correderas
Guillermo II, emperador de Alemania: Cristian García
Nicolás II, zar de Rusia: José Manuel Benítez
Grigori Rasputin: Rubén Olmo
Loïe Fuller: Sara Arévalo
Cléo de Mérode: Miriam Mendoza
Rayen: Albert Hernández
Alfonso XIII, rey de España: Axel Galán

Duración: 2 h y 20 min (con intermedio incluido)
Edad recomendada: a partir de 14 años
Encuentro con el público: jueves 14 de diciembre tras la representación

Partes
-Prólogo
Una anciana Carolina Otero invoca los recuerdos de sus tiempos de fama y gloria en un teatro vacío a ritmo de castañuelas. Sones de gaitas la transportan a la Galicia de su infancia y a la joven inocente que fue. Ambas Carolinas bailan juntas en un ritual rítmico que conecta el presente con su pasado.
-Romería y llanto
Algunos de los hombres del pueblo descubren a Conainas sobre el cuerpo inerte de Carolina y le persiguen cuando sale huyendo. El cura acoge con ternura a la desvalida y herida joven. Una familia de canasteros aparece al son de sus panderetas y guitarras, llamando la atención de Carolina, que queda prendada del joven Paquito y de la alegría de su familia de faranduleros ambulantes. Cuando el cura intenta forzarla para que lo acompañe, ella se da cuenta de las intenciones ocultas tras sus atenciones y se escapa con la familia de artistas.
-Canasteros
La familia de canasteros acoge en su campamento alrededor de la lumbre a la joven Carolina. Las mujeres le enseñan los secretos de sus bailes y ella los utiliza para seducir a su primer amante, Paquito. Aparece un duque en busca de una mujer para pasar la noche y se encapricha de Carolina. A cambio de dinero, Paquito le cede sus favores. Carolina descubre entonces que él también la ha usado y decide que, a partir de entonces, ella será la que utilice a los hombres. Sin fe en el amor, se marcha del brazo del rico duque, transformada en otra mujer.
-Carmen
El Duque y Carolina Otero acuden al estreno de la ópera Carmen, de Bizet, en el Liceu de Barcelona. Por el escenario desfilan cigarreras, soldados y el trío protagonista, Don José, el Torero y Carmen. Carolina es hechizada por la bella gitana, que maneja a los hombres según sus caprichos. Acaba de descubrir al referente femenino que será su inspiración durante el resto de su vida.
-Casino de Montecarlo
El Duque lleva a Carolina al gran Casino de Montecarlo, donde se encuentran con el Príncipe Alberto I y su flamante amante, Emilienne D’Alençon. Es la primera vez que Carolina entra en contacto con una cortesana, que le inspira la idea de seguir sus pasos en un glamuroso ascenso hacia la cima de la alta sociedad. Las dos parejas bailan y juegan, compartiendo la complicidad de la seducción y el placer del juego. El azar favorece a Carolina, que gana en la ruleta una gran cantidad de dinero.
-Café cantante
El Duque y Carolina visitan un café cantante en Marsella. Coinciden con el cazatalentos norteamericano Ernest Jurgens, que ha acudido al café en busca de una nueva estrella. En el escenario, la famosa bailaora Manuela derrocha su arte acompañada por un cuadro flamenco. Nada más terminar, Carolina se sube al tablao y baila la Canción del aire, de Joaquín Romero Murube. Manuela, molesta con la espontánea que invade su escenario, se enfrenta con ella y se repite la escena antes vista en la ópera entre Carmen y una cigarrera. Jurgens decide intervenir, tal y como Don José lo hace en la fábrica de tabaco, pero en lugar de detener a Carolina, le ofrece un contrato. Ella se siente inmediatamente atraída por este nuevo galán y le hace un tremendo desplante al Duque, como Carmen hizo a Don José. Aunque, en lugar de intentar matarla de una puñalada, como en la ópera, el Duque se suicida de un disparo tras ver cómo Carolina y Jurgens salen cogidos del brazo.
– Aprendiz de estrella
Jurgens lleva a su joven y prometedora artista ante un famoso maestro de baile que, tras unas pocas clases de estilo y elegancia, la convierte en una perfecta aspirante a estrella. Ambos bailan y cantan juntos La mazurca de los paraguas, canción de la recién estrenada y aclamada zarzuela El año pasado por agua, de Federico Chueca y Joaquín Valverde.
-Gira mundial
Carolina inicia una gira por los centros culturales del mundo, desde Nueva York a Londres, Bruselas, Berlín y Moscú. En cada una de estas ciudades, Carolina conoce a un representante de la realeza mundial, que le regala las joyas más preciadas y cotizadas. Durante este periplo, Jurgens permanece a la sombra como un Pigmalión despechado, tolerando a regañadientes los coqueteos de su protegida. Cuando es abandonado definitivamente por ella, se pega un tiro.
SEGUNDA PARTE
-Folie-Bergère
En el mítico cabaré de la Belle Époque parisina, las bailarinas interpretan el famosísimo cancán y actúa la innovadora bailarina Loïe Fuller, conocida por sus etéreas telas. El Maestro Bellini presenta a la estrella del momento: la Bella Otero. En su programa, inspirado en el exotismo del Capricho andaluz, interpreta su número más famoso, la Torera bailando por bulerías. Cierra el espectáculo bailando una zambra con el vestido más caro del mundo, formado por las joyas que le han regalado sus admiradores reales.
-Reina del casino
Carolina y su troupe son los invitados de honor del Casino de Montecarlo. La glamurosa fiesta se desarrolla entre mesas de ruleta y bailes. Carolina juega y juega, y gana y gana. Los billetes y las fichas vuelan a su alrededor. Es agasajada por el príncipe Alberto de Mónaco, que deja a un lado a su propia amante y se va con la Bella Otero.
-Belle Époque
Domingo por la mañana, la alta sociedad parisina pasea por el Bosque de Boulogne de París. Todo personaje rico e influyente que se precie se deja ver por allí ataviado de sus mejores galas. Las mujeres que más llaman la atención son las tres coquettes más famosas del momento: Carolina, Emilliene d’Alençon y Liane de Pougy, conocidas como ‘las tres gracias’. Entre el gentío se encuentra Rayen, un ex amante de Carolina, que intenta llamar su atención y ganar de nuevo sus favores sin éxito. Ante las reiteradas negativas y despechos de la Bella, se suicida en público, ante la mirada de todos. No es el único que sufre con la actitud fría y distante de Carolina.
-Cumpleaños en Maxim`s
En el lujoso restaurante parisino Maxim’s se han reunido Leopoldo II de Bélgica, Guillermo II de Alemania, Eduardo VII de Inglaterra, Alberto I de Mónaco, el zar Nicolás de Rusia y el jovencísimo Alfonso XIII de España, que aún no la conoce, para celebrar una fiesta sorpresa a la Bella Otero por su cumpleaños. Cada uno baila una danza de su país y ella les agasaja un sensual striptease que termina ofreciendo su cuerpo a los reyes en una bandeja. Se marcha con el joven Alfonso, para iniciarlo en las artes amatorias.
-Virgen de Valga
El mismo vestido del que se ha despojado Carolina en Maxim’s es entregado al cura de Valga. Éste lo coloca cuidadosamente sobre el armazón de la Virgen, mientras dos compadres conversan sobre la famosa Carolina Otero: “¡Esa, la propia que se acuesta con el rey de los franceses!”, según escribió Valle Inclán en su obra ‘Divinas palabras’.
-Rasputín
Es el personaje más misterioso y deseado por Carolina. Lo conoció junto al zar Nicolás durante su gira por Rusia. Ella intenta seducirlo, pero él logra que se vea reflejada en lo que se convertirá: una solitaria anciana. El místico ruso la somete a un juicio, en el que ejerce como juez supremo, y en el que la obliga a encararse con su vida pasada. Aún así, en su afán de seguir en la brecha, la Bella Otero produce su propia versión de Carmen y entona la Habanera como su particular canto del cisne.
-Espectros del pasado
Una anciana Carolina Otero entra por última vez en el Casino, el templo del placer donde vivió sus dos únicas pasiones: ganar y perder en el juego. En una danza de fantasmas y recuerdos comienzan a desfilar los personajes más importantes que pasaron por su vida y los hombres que se suicidaron por ella. El peso de su vida cae tan gravemente sobre ella que intenta jugar para evitar enfrentarse a sus demonios. Pero el crupier la invita a abandonar el casino, quedando absolutamente sola frente a su pasado.