Esta princesa judía, hija de Herodes, personaje medio legendario, ha pasado por dos mil años de versiones literarias y musicales para llegar a esta cumbre del teatro europeo actual, deconstruida hasta ser un monólogo plañidero de actriz famosa. Una producción resonante en efectos especiales, que apenas contiene algo dentro. Un paradigma de la decadencia cultural del continente. El dramaturgo italiano Romeo Castellucci, sin duda ocupante del podio europeo, se apodera de la versión neoclásica del francés Jean Racine en el siglo XVII para dejarla en mera exhibición discutible de una de las actrices consagradas del momento, la muy francesa Isabelle Huppert. Pero vayamos por partes, explicando lo que nadie se molestará en hacer. Y es que, aunque nos maten, no vamos a prescindir de la lógica y la razón como métodos para analizar los artefactos culturales. Berenice de Cilicia, hija de Herodes Agripa I y hermana del rey Herodes Agripa II, reina clientelar del imperio romano durante la segunda mitad del siglo I. Escasos datos sobre su vida han llegado a través de Flavio Josefo y además se encuentran menciones sobre ella en Tácito, Juvenal, Dion Casio y Suetonio. En los Hechos de los Apóstoles, también se la nombra. Desde el Renacimiento se ha hecho famosa por su tumultuosa vida amorosa, reputación que comenzó a partir de los antiguos autores romanos. Después de una serie de matrimonios fallidos, pasó gran parte del resto de su vida en la corte de su hermano, entre rumores de una relación incestuosa. Durante la primera guerra judeo-romana, comenzó una relación amorosa con Tito Flavio Vespasiano, futuro emperador, que tuvo que acabar cuando fue nombrado emperador en el año 79, tras la destrucción del Segundo Templo y el saqueo de Jerusalén, con aproximadamente un millón de muertos y 97.000 cautivos. Triunfante, Tito volvió a Roma,
para ayudar a su padre en el gobierno, mientras que Berenice permaneció en Judea. Pasaron cuatro años antes de volverse a reunir, cuando ella y Agripa fueron a Roma en el año 75. Y para entonces las cosas se torcieron definitivamente en su relación. Se la ha comparado a Cleopatra.
Jean Racine (1639-1699) está considerado junto a Molière y Corneille como el trío excelente del llamado ‘gran siglo’ francés, ese con el que los Borbones sucedieron al imperio español de los Habsburgo y a su siglo de oro artístico; maestro del clasicismo y devoto de los griegos, escribió once tragedias, entre ellas Bérénice (1670), y lo hacía primero en prosa y luego las pasaba a pareados de alejandrinos sonoros y de rima perfecta, con un estilo claro, de léxico reducido pero siempre elevado que carece de la desmesura retórica de Corneille y alcanza, sin embargo, un mayor grado de lirismo. Su lenguaje rico en imágenes es reconocido por su elegancia: todavía hoy es considerado todo un genio literario y su obra leída y representada con frecuencia.
Y, -ya vamos llegando-, su Berenice tiene cinco actos y parte de una frase del historiador Suetonio: ‘Tito, que la amaba apasionadamente y había prometido casarse con ella, la expulsó de Roma, a su pesar y a pesar de ella, desde los primeros días de su Imperio’. La sencillez de este tema es lo que más atrajo a Racine: Tito sacrifica su felicidad a la conveniencia política. Ocho días después de su estreno en París, Molière cederá su teatro a una sonora réplica, ‘Tito y Berenice’ del gran rival de Racine, Corneille, en la que triunfa el amor sobre las conveniencias. Pero ciñémonos a la Berenice de Racine de la que parte Castelluccci: Acto I: Antíoco confiesa a un amigo suyo el amor que siente hacia Berenice. Esta se siente feliz ante su próxima boda con Tito, que acaba de ser nombrado emperador. Acto II: Tito reconoce que no se puede casar con Berenice porque no es romana. No se atreve a hablar con ella. Acto III: A petición de Tito, Antíoco explica a Berenice que el emperador ha decidido separarse de ella. Acto IV: Tito confirma a Berenice su posición. Berenice piensa en darse muerte. Acto V: Berenice acaba aceptando la decisión de Tito. Volverá a Palestina y reinará en sus dominios.

Aquí entra en juego Romeo Castellucci (Cesena, Italia, 1960), que lleva décadas de campeón del teatro europeo con no menos de cincuenta propuestas de éxito. Citemos sin ir más lejos ‘Go Down, Moses’ que pudo verse en el festival de otoño de 2016 (nuestra reseña), ‘un monumento desequilibrado, de formas exuberantes y argamasa improvisada’, decíamos entonces, o la difícil de olvidar por sobrecogedora ‘‘On the Concept of the Face, regarding the Son of God’ (nuestra reseña) de 2017, sin olvidar sus incursiones operísticas, como la dirección artísticas de ‘Moisés y Aarón’ de Arnold Schönberg, que pudo verse en el Teatro Real (nuestra reseña). Un estilo propio que permanece en esta ‘Bérénice’, despliegue formal efectista de gasas colgantes, contrastes lumínicos y turbamultas musicales en un inmenso escenario vacío a mayor gloria de la actriz Ruppert. La obra original ha sido desguazada hasta dejarla únicamente en los parlamentos de la princesa, Tito y Antioco son esfinges enigmáticas y solo hay sombras huidizas de senadores que terminan desnudos. Siendo como decimos muy efectista la puesta en escena, resulta confusa e ininteligible, quizás o probablemente a propósito. Hay muchas sugerencias confusas – cintas azul y roja que se enrollan y desenrollan a su aire desde el techo, barras metálicas que surgen y se ocultan desde el fondo y los laterales, un crucero que hace de trono, una elipse fluorescente corona que va por su cuenta y hasta una lavadora y un radiador- para que intentes adivinar si es que algo significan, y todo ello ‘ameniza’, si se puede usar el término, el cansino y repetitivo monólogo de la protagonista. Al gratuito ‘épater le bourgeois’ colabora enormemente una banda sonora en 2016 (nuestra reseña)a de estallidos, crujidos y chirridos que se debe a un especialista en este tipo de ‘música antimúsica’, Scott Gibbons, habitual colaborador de Castellucci, que los usa y profusa en sus electrónicas propuestas, ‘ingenioso balance entre delicadeza y fisicalidad, a menudo sobre frecuencias acústicas en los límites del oído humano’. Anoten que casi todos los sonidos de la pieza son generados por la voz de Huppert procesada por Gibbons.
Y así llegamos a la diva. Isabelle Anne Madeleine Huppert (París, 1953) está considerada una de las actrices más exquisitas y prolíficas del cine europeo, favorita del mercado cinematográfico anglófilo, y según The New York Times, ella es el segundo mejor actor el siglo XXI tras Denzel Washington. A sus 73 años, tiene el mérito de enfrentarse a este melodramático papel -más exigente que sus últimos teatrales (en 2021-22 en el ‘El jardín de los cerezos’ y en2020 en ‘El zoo de cristal’)- en el que despliega su experiencia en un registro múltiple que incluye sollozos, balbuceos y lamentos. Diva, dijimos: nos recuerda a Nuria Espert.
Un espectáculo sobre la locura, la verdad y la mentira de amar y ser amado, nos aleccionan los padrinos de su visita a Madrid. ‘Aquí, las renuncias pesan más que las acciones, la sangre o las cópulas. La educación y la castidad marcan los límites de una morbilidad erótica que destroza los cuerpos; la violencia es ahora endocrina, y los frenos son más poderosos que el acelerador. Esta energía no explota, contenida como está por un cuerpo que ya no tiene palabras. Dentro de este teatro paralítico, Bérénice es probablemente la “tragedia” más inmóvil, estática y desconcertante jamás concebida. Y, sin embargo, nos hace llorar. Y, sin embargo, Bérénice -podría decirse- soy yo. En escena, como una estrella fija, una sola actriz encarna a Bérénice: Isabelle Huppert, la sinécdoque del arte de la interpretación en el teatro occidental. Ella es el teatro mismo’. Pues bien, todo ello nos dejó fríos, impertérritos ante un espectáculo distante en el que no se puede penetrar ni intelectual ni emocionalmente. El teatro europeo actual en su quintaesencia. Sofisticado, grandilocuente, autista.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 6
Versión, 6
Puesta en escena, 6
Interpretación, 7
Escenografía, 6
Producción, 5
Documentación para los medios, 9
Programa de mano, 7
TEATROS DEL CANAL
Sala Roja Concha Velasco.
‘Bérénice’ de Romeo Castellucci
Un monólogo de Isabelle Huppert libremente inspirado en Jean Racine.
10, 11 y 12 de abril de 2026
Con la participación de Cheikh Kébé y Giovanni Armando Romano y la presencia de doce figurantes locales.
Concepción y dirección: Romeo Castellucci
Música original: Scott Gibbons
Vestuario: Iris van Herpen
Producción y gira: Giulia Colla, Bruno Jacob, Théa Schmitt
Una producción de Societas, Cesena; Printemps des Comédiens / Cité Européenne du Théâtre et des arts associés – Domaine d’O, Montpellier. Coproducción: Théâtre de La Ville Paris – France; Comédie de Genève, Switzerland; Ruhrtriennale, Germany; Les Théâtres de la Ville de Luxembourg; deSingel International Arts Center, Belgium; Festival Temporada Alta, Spain; Teatro di Napoli – Teatro Nazionale, Italy; Onassis Culture – Athens, Greece; Triennale Milano, Italy; National Taichung Theater, Taiwan; Holland Festival, Netherlands; LAC Lugano Arte e Cultura, Switzerland; TAP – Théâtre Auditorium de Poitiers, France; La Comédie de Clermont-Ferrand – Scène Nationale, France; Théâtre national de Bretagne – Rennes, France.
Con el apoyo de la Fundación Hermès.
Duración: 1 h 30 min
Aviso: luces estroboscópicas, desnudos integrales y máquina de humo.



