José Catalán Deus

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Las brujas de Salem y otras cazas de ídem

Quizás hacía medio siglo que no se reponía por aquí. Con el tiempo, han ido emergiendo los aspectos más oportunistas de la obra que Arthur Miller escribió inspirada en un episodio de oscurantismo religioso a finales del siglo XVII. ‘Las brujas de Salem’ evoca tanto capítulo de fanatismo colectivo, esas ‘cazas de brujas’ de las que el pasado siglo desplegó un amplio muestrario de los dos colores. Esta desmesurada versión es fatigante y artificiosa, aceptable a pesar de que sus planteamientos programáticos aporten poco alimento intelectual a las mentes dialécticas.

Ya el autor advertía en una nota previa al texto de este drama en cuatro actos que la pieza no era histórica, que había creado personajes, aumentado la edad de la protagonista, fusionado autoridades. Y sobre todo, ignorado el balance final del lamentable episodio, al parecer mucho menos grave que lo que aparece en escena. Y que la falta de datos biográficos le permitió inventar los caracteres y hasta los comportamientos de los personajes de esta obra, titulada originalmente ‘The Crucible’ (El crisol).

Al parecer, -porque la leyenda se ha comido a los hechos como en tantas ocasiones-, se trató de una serie de audiencias locales, posteriormente seguidas por procesos judiciales formales, en torno a una supuesta oleada de brujería en cuatro comarcas de Massachusetts entre 1692 y 1693. Unas 150 personas fueron detenidas y encarceladas. Al menos cinco de los acusados fallecieron en prisión. Un hombre, Giles Corey, fue lapidado por negarse a declarar. Del 18 de junio al 22 de setiembre fueron ahorcadas diecinueve personas —catorce mujeres y cinco hombres— y el “terror” perduró hasta el 13 de enero del siguiente año, cuando el jurado se retractó y eliminó 30 de las 56 actas de acusación; y de las 26 restantes, sólo se reconoció culpabilidad de tres acusadas de “provocar la aparición de malos espíritus después de pactar con el diablo”. Cuatro años después del juicio, los jurados que dictaron sentencia firmarían una confesión de error, en la que achacaban su actuación al miedo y la histeria desatados desde las primeras acusaciones. Un cierto número de procesos por brujería habían tenido lugar desde los primeros tiempos de la colonia, pero el de Salem se hizo famoso porque fue de los últimos, un siglo después de la última gran caza de brujas en el continente europeo.

En estos días, «El libro de las brujas. Casos de brujería en Inglaterra y en las colonias norteamericanas (1582-1813)», de Katherine Howe, profesora de la Universidad de Cornell, ha aparecido traducido en España. En una entrevista concedida a Efe, la autora señala que la creencia en la brujería perduró hasta la Ilustración y después «porque las elite de la sociedad y la Iglesia la utilizaron para garantizar la cohesión social y la adhesión a los modos de comportamiento prescritos por la religión y la cultura establecidas». Y porque al mismo tiempo, permitía dar explicación a problemas cotidianos y conflictos personales. Howe se acercó al tema porque tres de sus antepasadas -Elizabeth Howe, Elizabeth Proctor y Deliverance Dane- fueron acusadas en los juicios de Salem y una de ellas, condenada a muerte. Una parte de responsabilidad correspondió, a juicio de la autora, al rey Jacobo I, quien trató de imponer su control como cabeza de la iglesia anglicana, y hasta escribió un manual para descubrir brujas, ‘Demonology’, el mismo que aparece en la obra. El puritanismo, variedad estricta del protestantismo, practicado extensamente allí y entonces, agravó el tema.

Bien. Además de que Miller inventara mucho sobre una base cierta, ha habido otros dos filtros un tanto redundantes para que estas Brujas de Salem sean más ficción que documento: una ‘adaptación teatral’ de Eduardo Mendoza -como si la obra no fuera ya en origen teatral- y una ‘versión literaria’ de José Luis López Muñoz que nadie explica en qué han consistido. Andrés Lima afirma haber respetado el original ‘casi en su totalidad’, pero ha creado un narrador ‘que nos introduce en la obra y nos ayuda a entender la trama’, y suprimido seis personajes. Y sobre todo, el ambiente de histeria reinante se ha transformado en fría maldad, la bola de nieve inculpadora viene a ser premeditación y alevosía, y la culpabilidad de todo un colectivo social manipulado, pasa a ser responsabilidad del poder religioso de la época y hasta de un malvado terrateniente ávido de comprar las tierras de los inculpados, a pesar de estar demostrado que en el siglo siguiente nadie compró tierras en Salem.

Y es que cuando se tiene todo claro para qué complicarse la vida. ‘Yo busco un paralelismo entre la obra y la situación actual’, dice Lima. ‘El texto tiene muchos planos como para permitirse hacer una lectura contemporánea del mismo. Una de ellas podría ser el renacimiento del fascismo en Europa. Renacimiento que creo es fruto de las políticas que se aplican y que son en cierta manera consecuencia del fracaso del capitalismo’. Y por si fuera poca delcaración de intenciones preconcebidas, ha añadido a un diario: ‘Debajo de estas brujas, de estos demonios de Salem, no hay más que codicia por parte de los poderosos. Lamentablemente esta piedra sigue rebotando en Europa y Estados Unidos. Su nuevo presidente, Donald Trump, es un ejemplo de esta tradición radical y puritana que no está tan alejada de las posturas del más rancio catolicismo en España y del rebrote de los fascismos en Europa».

Así de un plumazo, desparecen otras cazas de brujas, las del Frente Popular antes y durante nuestra guerra civil, las gigantescas purgas estalinistas y maoístas, el régimen de los Khamer Rojos camboyanos y todo lo que no cabe en el izquierdismo de salón. Así, la pieza es trufada con apariciones del autor invocando su comparecencia en las investigaciones antisubversivas de la Comisión de Actividades Antiestadounidenses (HUAC), exagerando su importancia para colocarlas a la altura de aquellos procesos inquisitoriales de hace tres siglos.

En realidad, en 1947 ese comité interrogó durante nueve días a sospechosos de propaganda e influencia comunista en la industria cinematográfica de Hollywood. Al negarse a contestar algunas preguntas del comité, los llamados ‘Diez de Hollywood’ (ninguno de ellos Miller) fueron sentenciados por desacato, lo que llevó a que la industria los pusiera en la lista negra. Con el paso del tiempo la exclusión se extendió a más de trescientas personas y afectó a directores, locutores, actores y, en especial, guionistas. Pocos pudieron volver a la industria del entretenimiento, parte de ellos bajo pseudónimos o utilizando el nombre de colegas, y algunos como Charles Chaplin se vieron forzados a marcharse del país. En 1956 Miller compareció ante el comité, que lo condenó por desacato al no querer delatar a los miembros de un círculo literario sospechoso de actividades procomunistas. Miller apeló la sentencia y finalmente fue absuelto. A raíz de la moción de censura contra el Senador McCarthy y el posterior ocaso de su figura política, el prestigio del HUAC comenzó a deteriorarse a finales de la década de 1950. Para 1959, el presidente Harry S. Truman ya denunciaba al comité como «lo más antiestadounidense que hoy tenemos en el país».

Las obras de Miller se estrenaron en la España franquista al poco que en Estados Unidos y con gran éxito. Miller en 1968 fue en su país delegado en la Convención Demócrata. En 1970 ayudó a la formación del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) prestando su apartamento en París para las primeras reuniones del comité coordinador y hospedando a Julio Álvarez del Vayo, el veterano político republicano que sería su presidente. En 2002 recibió de manos del príncipe Felipe el premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Todo esto puede interesar al lector, o probablemente no, pero es necesario para recordar que no nos gusta la tendenciosidad y que el sesgo político que se quiere dar a esta versión es rechazable de plano. Las Brujas de Salem son una metáfora del peligro que representa la mayoría manipulada contra la minoría diferente. De cómo la envidia, la murmuración y la venganza individual pueden envenenar las crisis hasta causar catástrofes colectivas. De cómo el honor, el valor y la búsqueda de la verdad y la justicia siguen siendo las cualidades que distinguen a los seres humanos dignos de así llamarse.

Por lo demás, y yendo a lo estrictamente teatral, las derivas hacia la peripecia personal del autor en los años 50, las explicaciones del narrador, un principio y un final añadidos (baile en el bosque y ahorcamiento), y otros meandros innecesarios, consiguen que la obra se prolongue 160 interminables minutos. Otras veces hemos criticado esta tendencia actual a ser todos como Peter Brook y Henry Lapage en sus primeros tiempos. La escenografía -un artilugio desmontable en madera industrial- colabora al frío distanciamiento elegido por el director, tan sólo roto en escasos momentos, y junto al discutible vestuario (¡la pelliza de Gules Corey!) presentan una propuesta escénica sin duda más viable en un festival al aire libre.

El elenco es muy desigual aunque meritorio en el esfuerzo que desarrolla. Borja Espinosa consigue un Jhon Proctor verdaderamente protagonista, ese disidente auténtico que todos los vecinos y colegas envidiosos del mundo quieren ahorcar, mientras que Nora Navas se mantiene en muy segundo plano en el papel de su esposa Elisabeth, uno de los personajes más fallidos de la pieza original. Naturalmente que el poderoso Lluís Homar destaca presentando un malvado Danforth sin atisbo de dudas, y que Carles Martínez hace un gran reverendo Hale, y que Miquel Gelabert está impecable como Thomas Putnam. En el otro extremo, Nausicaa Bonnín tiñe a Abigail de tintes demasiado actuales, y Albert Prat no emite esa angustia que el reverendo Parris debía sentir al borde del precipicio. Todo el reparto sufrió en la sesión de este domingo de abundantes titubeos, quizás debidos a falta de ensayos, quizás producto de un bilingüismo no tan fácil como se dice.

Una producción notable y una puesta en escena aceptable para una versión que quiere dar respuestas fáciles a preguntas muy complejas. Pero, como dijo una vez el autor, ‘el trabajo consiste en formularse preguntas, tantas como se puedan, y hacer frente a la falta de respuestas precisas con una cierta humildad’.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 6
Versión, 6
Dirección, 6
Escenografía y vestuario, 6
Interpretación, 7
Producción, 8
Documentación para los medios, 8
Programa de mano (acompañado de Cuaderno pedagógico), 9

CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL
Teatro Valle-Inclán
LAS BRUJAS DE SALEM
De Arthur Miller
Adaptación teatral Eduardo Mendoza
Versión literaria José Luis López Muñoz
Dirección de Andrés Lima
Del 20 de enero al 5 de marzo de 2017

Reparto (por orden alfabético)
La señora Ann Putnam, Míriam Alamany
Abigail Williams, Nausicaa Bonnín
Betty Parris, Marta Closas
John Proctor, Borja Espinosa
Thomas Putnam, Miquel Gelabert
Mercy Lewis, Núria González i Llausí
Giles Corey, José Hervás
El vicegobernador Danforth, Lluís Homar
El reverendo John Hale, Carles Martínez
Mary Warren, Anna Moliner
Elisabeth Proctor, Nora Navas
El reverendo Parris, Albert Prat
Rebecca Nurse, Carme Sansa
Tituba, Yolanda Sey
Susana Walcott, Joana Vilapuig

Equipo artístico
Escenografía y vestuario, Beatriz San Juan
Iluminación, Valentín Álvarez
Música original, Jaume Manresa
Espacio sonoro, Jordi Ballbé
Caracterización, Toni Santos
Ayudante de dirección, Ester Nadal
Fotos, David Ruano
Coproducción, Centro Dramático Nacional, Teatre Romea y Grec 2016 Festival de Barcelona

Teatro Valle-Inclán
Plaza de Lavapiés s/n
28012 Madrid
De martes a sábados, a las 20:00 h.
Domingos, a las 19:00 h.
Encuentro con el público
Jueves 16 de febrero de 2017
Funciones accesibles para personas con discapacidad auditiva y visual
Jueves 9 y viernes 10 de febrero de 2017.