Tres escritoras del XIX con propuestas dramáticas breves unidas por un uso enriquecedor del riquisímio habla popular que ya es recuerdo. Una propuesta original que no debiera pasar desapercibida sino celebrada como adelanto de muchas más que se le asemejen. Con una puesta en escena de austera eficacia imaginativa, y un notable tono general en dirección e interpretación, la Compañía Nacional de Teatro Clásico se apunta otro tanto importante.
Sí, la CNTC se acerca al teatro español del siglo XIX, su punto débil, y lo hace en femenino como abunda últimamente. ‘Tres voces completamente distintas a través de tres obras breves. Tres maravillosos lenguajes para entrar en tres mundos escénicos extraordinarios’, nos dicen: y tienen razón. El mundo galaico de ‘doña’ Emilia Pardo Bazán. El mundo de las clases populares urbanas e Caterina Albert alias ‘Víctor Catalá’; y por último, la eterna comedia de enredo sentimental y social en la pluma de la actriz y bailarina andaluza Joaquina Vera de mitad de siglo XIX. Tres escritoras del siglo XIX entre el anonimato y la celebridad pasando por la identidad fingida. De las notas de Yolanda Pesch resumamos algunos de sus datos biográficos:
Joaquina Vera fue una de las pocas mujeres que se dedicaban a la escena en España antes de la importantísima irrupción de Gertrudis Gómez de Avellaneda en el teatro romántico. Actriz secundaria, produjo una serie de obras arregladas o traducidas libremente del francés, que se publicaron en Madrid a finales de la década de 1830, con adaptaciones a la realidad y los gustos españoles de su tiempo o versiones libres de las piezas originales. Pocas llegaron a los escenarios. El único estreno del que tenemos noticia es el de este sainete adaptado de un autor francés desconocido, El disfraz, que se representó una sola vez en el teatro Variedades o en el Teatro del Circo allá por octubre de 1847.
Caterina Albert ‘Víctor Català’ en 1898 presentó un monólogo, La infanticida, pieza rompedora y descarnada sobre una chica que queda embarazada fuera del matrimonio y, al temer la reacción de su padre, arroja a su bebé recién nacido a la muela de un molino. Cuando la premiaron y descubrieron que la autora era una mujer, fue un escándalo. A partir de entonces, usará ese seudónimo masculino. Las cartas fue escrito en 1899, pero no fue estrenado hasta 1967, un año después de su muerte siendo yam nonagenaria.
Emilia Pardo Bazán (1851-1921), una de nuestros mejores novelistas, necesita afortunadamente poca presentación después de su celebrado centenario el año pasado. Nacida en una familia aristocrática, tuvo la suerte de recibir una esmerada educación. Ávida lectora de los clásicos desde muy pequeña, con su dinamismo se creó un espacio propio en la esfera pública, y se ganó, no sin dificultades, el respeto de intelectuales de su época; se la conoce fundamentalmente por sus novelas, pero cultivó también la poesía, el ensayo, el cuento y tiene numerosos artículos de prensa. Entre 1897 y 1909 probó fortuna en el teatro con obras como El vestido de boda (1898), La suerte (1904), Verdad (1906) o Cuesta abajo (1906). En 1906 es nombrada presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid y, un año después, el ministro de Instrucción Pública la nombra catedrática en la Universidad Central. Falleció el 12 de mayo de 1921 en Madrid, a los sesenta y nueve años.
‘Las tres obras, escritas entre 1844 y 1904, están marcadas por un rasgo común: la inquietud lingüística de sus autoras y
una compartida voluntad de incorporar en los argumentos el habla, a veces endiablada, de la gente rústica, sencilla, la mayor parte de las veces analfabeta, que pugna con las palabras para expresar lo que vive y lo que siente, aportando a los parlamentos una extraordinaria creatividad’, opina Ana María Caballé en nombre de la CNTC, lo que hace suponer que sea la autora de la idea de esta propuesta triple.
El disfraz es un epílogo tardío de las comedias de enredo en la que el azar consigue por un momento que aristócratas y labriegos se mezclen para, una vez terminados los malentendidos, volver cada uno a su sitio en la escala social. Luisa, sirvienta de la Condesa, acaricia la idea de convertirse en una aristócrata como ella si se casa con el barón del Chopo, mientras que el joven marqués de Villa-Buena se asoma a la posibilidad de casarse con Luisa, desafiando todas las leyes no escritas de la época sobre las conveniencias de clase. Para ello se hará pasar por labriego, hablando o pretendiendo hablar como uno de ellos. El habla rústica, pues, entendida (y finamente denunciada) como estigma de un supuesto primitivismo e incivilización.
La segunda de las piezas es el monólogo Las cartas. Madrona es una mujer fuerte, trabajadora, vistosa, decidida y analfabeta, protagonista de un acercamiento a lo que después se llamaría el cinema verité, el desgarro dramático que podía proporcionar el testimonio de una vida, la exhibición de un carácter, arte surgido de la realidad como un fluido y no fruto del artificio. El título juega con la ambigüedad de dos de sus acepciones posibles, porque ambas cumplen una función en el monólogo: los naipes del tarot constituyen el desencadenante de la historia conyugal, mientras que el destino de Madrona vendrá marcado por las dos cartas manuscritas que recibe de su marido. Añadamos que la traducción de Albert Arribas es excepcional y hace dudar incluso de que el original estuviera escrito en catalán, tal es su uso del castellano más recio.
Y la tercera, es La suerte, cuya protagonista es una mujer gallega, aureana de profesión (es
decir, buscadora de oro, en el caso que nos ocupa en la cuenca del río Sil) que conserva desde su juventud un saquito de oro que le da seguridad en la vida, pero también fomenta de algún modo su avaricia. En la primera escena el protagonismo absoluto es de ella, Ña Bárbara, mientras que en la segunda aparece Payo, un joven algo retardado al que ha adoptado desde niño. Ambos personajes serán víctimas del destino, de una suerte entendida como fuerza sobrenatural que guía
la vida humana junto al azar, la otra fuerza telúrica por más que las creamos divinas.
Tres piezas, doshoras y media. Divertida la primera, tragicómica la segunda y sobrecogedora la tercera. En la primera, un despliegue de esos actores jóvenes que ha formado la compañía y que venimos viendo evolucionar tan satisfsactorimente, ya sea Mariano Estudillo o José Juan Rodríguez, y con una estelar Alba Enríquez; en la segunda, una excelente interpretación de Memen Camacho, bien merecedora de esos premios que se dan a veces sin tino; y en la tercera, una Alba Recondo impresionante con un José Carlos Cueva a la altura del dramón.
En las tres piezas, la excelencia en directo de José Pablo Polo que compone frente al público unos espacios sonoros perfectos, y que nos hacer recordar por qué los actores cuando saludan al final señalan a las alturas donde trabajan los técnicos que tanto mérito tienen en el buen teatro.
Gran trabajo de los tres directores -Julia Barceló, María Prado e Íñigo Rodríguez-Claro- en una propuesta en la que Luis Homar vuelve a acertar como director de la CNTC en un momento en el que escasean los aciertos en la escena madrileña.
APROXIMACIÓN A LA PROPUESTA (del 1 al 10)
Interés: 8
Concepto: 8
Dirección: 8
Puesta en escena: 8
Interpretación: 8
Ambiente sonoro: 8
Producción: 8
Programa de mano: 8
Documentación a los medios: 8
Teatro de la Comedia
Compañía Nacional de Teatro Clásico – CNTC
EL DISFRAZ/ LAS CARTAS/ LA SUERTE
«El disfraz» de Joaquina Vera
«Las cartas» de Víctor Català
«La suerte» de Emilia Pardo Bazán
Del 15 de abril al 5 de junio de 2022.
EL DISFRAZ
Autora: Joaquina Vera
Íñigo Rodríguez-Claro – Dirección
Reparto (por orden alfabético)
Alba Enríquez – Luisa
Mariano Estudillo – Marqués
José Pablo Polo – Músico
José Juan Rodríguez – Barón
Andrea Soto – Condesa
Daniel Teba – Antonio
José Juan Rodríguez – Coreografía
Andrea Soto – Asesoría vocal
LAS CARTAS
Autora: Víctor Català (Caterina Albert)
María Prado- Dirección
Albert Arribas – Traducción
Reparto (por orden alfabético)
Mamen Camacho – Madrona
Silvia Nieva – Actor
José Pablo Polo – Música
Andrea Díaz Reboredo – Asesoría objetual
LA SUERTE
Autora: Emilia Pardo Bazán
Júlia Barceló – Dirección
Reparto (por orden alfabético)
José Carlos Cuevas – Payo
José Pablo Polo – Músico
Alba Recondo – Ña Bárbara
Equipo artístico de las tres piezas
Elisa Sanz (AAPEE) – Escenografía y vestuario
Pedro Yagüe – Iluminación
José Pablo Polo – Compositor musical y espacio sonoro
Javier L. Patiño – Vídeo
Producción – Compañía Nacional de Teatro Clásico
De martes a domingo, a las 17:30
Duración: 2 h 25 min aprox.
Encuentro con el público: 12 de mayo de 2022.



