La última de las cuatro grandes obras de Antón Chéjov se parece tanto a la anterior ‘Tío Vania’ que uno confunde trama y personajes. Junto a ‘La gaviota’, y ‘Las tres hermanas’, se han convertido en clásicos contemporáneos. Esta notable producción no solo es fiel a un original que el tiempo ha sometido a indudable desgaste, sino que lo adorna hasta llegar a unos excesivos 140 minutos sin pausa.
Los herederos de un rico terrateniente están en la ruina y ven vencer la hipoteca de su hermosa hacienda sin encontrar cómo pagarla y evitar que sea subastada, una propiedad cuya joya más preciada es el enorme huerto de árboles frutales junto al río. El hijo Leonid habla y habla sin haberlo evitado mientras Varya su sobrina adoptiva le reprocha su dejadez; la hija Liuba se ha gastado su herencia en una vida derrochadora en París y vuelve sin un rublo con Anya, su hija de 17 años, y la institutriz Carlota. Ermolai, hijo de antiguos siervos, ahora un rico comerciante al que todos suponen que se casará con Varya, les ofrece la solución: talar la plantación y venderla por parcelas a los veraneantes de la ciudad. A tal oprobio se oponen los hermanos, sobre todo la arrogante Liuba. Y así llega el día fatídico de la subasta y para sorpresa general es Ermolai el que compra la finca para realizar el gran negocio inmobiliario. Hay otros personajes que colaboran a alargar la obra con disgresiones paralelas a la trama esencial, entre los que destacan Piotr, el estudiante utópico, y Dunyasha, la soñadora sirvienta, cuyo romance frustrarán las circunstancias; el ambicioso lacayo Yasha juguetea con ella sin que le importe, el anciano mayordomo Fritz recuerda tiempos pasados, el administrador Semion va y viene para irritación de Varya, que ve precipitarse la tragedia y su desgracia, y el vecino Boris Pitschick añade confusión al conjunto. Se han suprimido otros personajes secundarios y se ha convertido a un vagamundo que aparecía brevemente en escena en autor de una larga invocación a la madre rusia que no estaba en el original. Solo por esa morcilla habría que suspender al adaptador, don García May. Ermolai y Varya no sabrán, no podrán juntarse, y ella se empleará de institutriz mientras Leonid terminará de empleado bancario y Liuba se vuelve a París con dinero fresco que derrochar donado por su tía abuela. El azar y el destino se han cruzado en el escenario y la vida sigue.

Fue estrenada en el Teatro de Arte de Moscú el 17 de enero de 1904, con dirección del célebre Konstantín Stanislavski y protagonizada por Olga Knipper, la mujer de Chéjov, que moriría al poco con tan solo 44 años. Cuando la obra llegó a Europa décadas después el título original más fiel ‘El huerto de los guindos’ debió parece poco poético y se convirtió en ‘El jardín de los cerezos’, a pesar de que no se habla de un jardín y los cerezos no pueden crecer en el clima helador ruso. Juan Carlos Pérez de la Fuente, director artístico del TFG, no ha desperdiciado la oportunidad de llevar a cabo su deseo de montar esta obra y ha podido hacerlo con un presupuesto generoso que ha permitido una lujosa puesta en escena y un reparto de postín que funcionan con prestancia, aunque falte algún guindo en escena, y la escenografía tenga un exceso de recursos superfluos -muchas gasas y telones que sube y bajan, que se corren y descorren; muchas incursiones difíciles en los pasillos de esta platea -, aunque la dirección actoral no consiga definir tantos personajes -trece- pertenecientes a un espacio-temporal ya tan lejano. En el elenco femenino, destacaríamos la Anya de la casi debutante Helena Ezquerro y el Leonid de Marcos Marín. Jesús Torres va creciendo como crece su papel del sempiterno estudiante Piotr Sergueyevich Trofimov, y Noelia Marló hace una Dunyasha brillante.

Es en el dúo protagonista donde la indefinición y ambigüedad de los personajes de Chéjov emerge, en la Liuba Andreyevna Ranevskaia de Carmen Conesa y el Ermolai Alekseyevich Lopajin de Chema León, y ello causa una teatralidad que distancia, mejor resuelta con la sobriedad casi pasota de Marta Poveda en su Varya impotente ante el panorama. Dice el director que Chéjov no sólo habla de la Rusia de finales del siglo XIX, sino de personas desorientadas y perplejas en medio de una encrucijada o un laberinto que les aturde, les noquea, algo que en nuestro siglo XXI le parece más vigente que nunca. Pero habría que añadir que Chéjov se recrea en presentar solo lo negativo de su país, en una actitud como la que tomaron algunas lumbreras españolas coetáneas a él con el nuestro. La obra es una crítica a lo peor de la Rusia de su tiempo ignorando que había mucho positivo, especialmente el impulso reformista que daría lugar al año siguiente a un intento de monarquía constitucional, boicoteado por socialistas y bolcheviques hasta desembocar en los soviets de 1917. Chéjov no vivió lo suficiente para, como dice la frase hecha, caerse del guindo. Se habría caído.
Algo tiene la obra original de impostura literaria que el tiempo ha sacado a la superficie. Algo tiene el montaje de Juan Carlos Pérez de la Fuente para gustarnos bastante menos que el de Ernesto Caballero de 2019 –una fabuloso y rompedora producción nos pareció entonces-, réplica a una versión ortodoxa de Ángel Gutiérrez que el mismo había hospedado en 2015 en el CDN que dirigía.
Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 7
Texto y dramaturgia originales. 8
Versión: 7
Dirección: 8
Interpretación: 8
Escenografía: 8
Producción: 9
Información a los medios: 8
Programa de mano: 8
TFG – Centro Cultural de la Villa
EL JARDÍN DE LOS CEREZOS
De: Antón Chéjov. Versión: Ignacio García May. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente
Del 15 de febrero al 12 de abril de 2026
Reparto (por orden alfabético):
Boris Borisovich Semyonov Pischik: Juanma Cifuentes
Liuba Andreyevna Ranevskaia: Carmen Conesa
Anya: Helena Ezquerro
Ermolai Alekseyevich Lopajin: Chema León
Yasha: Manuel Maciá
Caminante / mendigante: Borja Maestre
Carlota Ivanovna: Cristina Marcos
Leonid Andreyevich Gaev: Markos Marín
Dunyasha: Noelia Marló
Firs: Chema de Miguel
Semion Panteleyevich Epijodov: José Gonçalo Pais
Varya (Varvara): Marta Poveda
Piotr Sergueyevich Trofimov: Jesús Torres
Coro de mendicantes: Maribel Cuadra, Pablo Méndez Lobo, Sonia Molina Leivinson, Elena Jerez, Marta Alonso, Jorge Tasende y Abel Ferris
Diseño de escenografía: Juan Carlos Pérez de la Fuente e Isi Ponce
Dirección de vestuario y figurines: Rosa García Andujar
Diseño de iluminación: José Manuel Guerra
Espacio sonoro: Ignacio García
Diseño y realización de maquillaje: La kasa del Maquillaje
Coreografía y dirección de movimiento: Guillermo Weickert
Diseño de videoescena: Violeta Nêmec
Asesor de magia: Alejandro García May
Asesor de guitarra: Nacho Vera
Agradecimientos a la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD)
Una producción del teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa en colaboración con Octubre Producciones S.L.
Duración 140 minutos aproximadamente
Entrada general – 22€.



