Uno de los más panfleteros -a la par que competente- directores europeos de teatro presenta esta vez una disquisición alejada de los dramas colectivos y sobre el drama capital de la existencia humana. Una propuesta de altura, de las que tienen efectos retardados tras el aplauso. Un ejemplo del que por aquí por desgracia y coyuntura político-social andamos lejanos.
Nos dice: ¿Qué queda, qué es importante al final de nuestras vidas? En Everywoman, a Ursina, actriz de éxito, la escribe Helga, una espectadora a la que le han diagnosticado una enfermedad letal y cuyo último deseo es actuar en un escenario. Mientras ensayan un drama clásico alemán sobre la recta forma de vivir y la redención a través de la fe, la actriz pregunta a la enferma terminal sobre su pasado y sobre cómo se siente frente a su inminente destino, al tiempo que se hace las preguntas que todos, o muchos, o algunos, nos hacemos.
La pieza inspiradora es ‘Jedermann. Das Spiel vom Sterben des reichen Mannes’ (Cualquiera. El Juego del rico moribundo), un auto sacramental con el que se inauguró en 1920 el Festival de Salzburgo y que se sigue representando todos los años, escrito por Hugo von Hofmannsthal narrando la aparición de la muerte a un hombre rico y sin escrúpulos a quien le concede una hora más de vida antes de morir, basándose en una vieja leyenda medieval inglesa, la pantomima denominada Everyman (Cualquier hombre), cuyo origen sitúan algunos, a su vez, en una pieza holandesa, Elckerlijk. Relata cómo Dios decide que la muerte visite al rico Jedermann y le anuncie, en medio de un banquete con su amante y amigos, que ha de morir en una hora; infructuosamente, busca Jedermann la compañía de alguien que recorra a su lado el fatal itinerario, siendo rechazado por su amante, su amigo íntimo, sus bufones, sus criados y hasta por su propio dinero, que se le aparece bajo la apariencia de un hombre-moneda: sólo una escuálida mujer -sus escasas buenas obras-, acompañada de su hermana la Fe, guiará a un Jedermann pobre y solitario en su último viaje.
Milo Rau tiene 47 años y nació en Berna. Su versión apenas tiene rastro de tan moralizante relato: es una tan ingeniosa mezcla de realidad y ficción que hace imposible saber si el hecho real inspiró la trama, o su imaginación terminó configurando los hechos. Sus parcas explicaciones no terminan de aclararlo, aunque finalmente poco importe si Helga Bedau es la misma mujer afectada por un cáncer de páncreas virulento o una actriz que la interpreta, si las imágenes se grabaron en casa de la fallecida o posteriormente, si su biografía y la de Ursina son o no ciertas.
Lo que importa es que el montaje tiene las características de todos los que aciertan, sencillez, fantasía, intriga e interés en base a la interacción entre lo que ocurre en el escenario y lo que nos muestran las imágenes grabadas. Rau ha escrito un texto muy maduro en el que la visión trascendente, espiritual de la existencia es respetada, y en la que dios no es esa tontería despreciada que impera en Occidente. Un texto de preguntas y no de respuestas, un texto que deja todos los interrogantes abiertos pero que valiosamente te los recuerda de nuevo, un texto que tiene altibajos, que tiene concesiones a lo que impera -cambio climático, protagonismo femenino- , que nunca se torna sentimentaloide, que tiene la virtud de elevar una anécdota a la categoría de gran drama, y con ello mantener vivo el auto sacramental que le inspira. Bien está así, que moriremos, que aquí quedará apenas algún rastro diminuto, y que allá – quién sabe- solo tendremos el parco balance de nuestra trayectoria.
Ursina Lardi realiza con la mayor naturalidad un difícil monólogo, solo a ratos suavizado por sus parcos diálogos con la imagen de Helga Bedau, un prodigio de presencia silenciosa. Se inicia con una buena parrafada en español y culmina con una inerpretación de la cantata ‘Nun komm, der Heiden Heiland’ (Llega el Salvador) de Bach en el piano de cola que domina el escenario. La dramaturgia de Carmen Hornbostel y Christian Tschirner no hecha mano de recursos facilones y tiene su misterio: cómo el agua inunda el escenario antes de que comience a caer la cortina fina y densa de lluvia que la cause. La escenografía y vestuario de Anton Lukas tienen su acierto en la sencillez y su metáfora en un gran pedrusco sobre las tablas, mientras que la iluminación de Erich Schneider consigue una atmósfera misteriosa y transparente, el sonido de Jens Baudisch es perfecto (la protagonista no lleva micro) y el vídeo de Moritz von Dungern es de una calidad realista destacable. Son 75 minutos de gran intensidad y de gran belleza. Sin moralinas de ningún sesgo, sin literatura superflua, sin congoja.
Quizás Rau merezca atención suplementaria. Tras su nombramiento en 2018 como director artístico del NTGent de Gante colocó con un par de narices sus mandamientos en la pared:
‘Uno : Ya no se trata sólo de retratar el mundo. Se trata de cambiarlo. El objetivo no es representar lo real, sino hacer real la representación misma.
Segundo : El teatro no es un producto, es un proceso de producción. Las investigaciones, castings, ensayos y debates relacionados deben ser de acceso público.
Tercero : La autoría corresponde enteramente a quienes intervienen en los ensayos y en la representación, cualquiera que sea su función, y a nadie más.
Cuarto : Está prohibida la adaptación literal de clásicos al escenario. Si se utiliza un texto fuente (ya sea un libro, una película o una obra de teatro) al principio del proyecto, sólo puede representar hasta el 20 por ciento del tiempo final de la representación.
Quinto : Al menos una cuarta parte del tiempo de ensayo deberá realizarse fuera del teatro. Un espacio teatral es cualquier espacio en el que se ha ensayado o representado una obra de teatro.
Sexto : En cada producción deberán hablarse al menos dos idiomas diferentes en el escenario.
Séptimo : Al menos dos de los actores en escena no deben ser actores profesionales. Los animales no cuentan, pero son bienvenidos.
Octavo : El volumen total del decorado no debe exceder los 20 metros cúbicos, es decir, debe poder ser contenido en una furgoneta que pueda circular con un permiso de conducción normal.
Nueve : Al menos una producción por temporada deberá ensayarse o representarse en una zona de conflicto o guerra, sin ninguna infraestructura cultural.
Diez : Cada producción debe exhibirse en al menos diez localizaciones en al menos tres países. No se podrá eliminar ninguna producción del repertorio de NTGent antes de alcanzar este número’.
Es uno de los directores europeos que protagonizan el auge de fórmulas documentales en el teatro de hoy . En Die letzten Tage der Ceausescus (‘Los últimos días de los Ceaucescu’) recrea el fusilamiento del dictador rumano, y en Hate Radio reproduce extractos de programas de radio que incitaron al genocidio en Ruanda, por ejemplo, aunque ha dicho por ahí que ‘la función del trabajo documental puro ha quedado obsoleta en el Occidente liberal’. Cierto, más bien se puede hablar en su caso y otros de teatro panfletario, un movimiento de gran carga política, que necesita romper generacionalmente con las formas anteriores, que prescinde de la verosimilitud, que busca la provocación como a mediados del pasado siglo, que dice romper con la sociedad del espectáculo imperante.
Rau es un experto en montar ficción sobre datos reales, como en su obra Familie, en la que aborda el caso real de una familia de cuatro miembros que decidió ahorcarse juntos, o sus piezas con niños contando la historia de un pederasta o refugiados interpretando personajes bíblicos; así agita conciencias en los festivales y escenarios más importantes del mundo desde que fundara en 2007 su compañía International Institute of Political Murder (IIPM). En sus piezas teatrales, libros o películas reconstruye episodios contemporáneos como la guerra de Irak o el juicio a las Pussy Riot. Lleva sus procesos de creación a los lugares de los hechos y sube a escena, junto a actores profesionales, a gente que da testimonio en primera persona.
‘Everywoman’ se estrenó en Salzburgo en 2020 como la representación de ese año del clásico Jedermann, y ha recorrido varios escenarios europeos. Tras detenerse Ursina en una reflexión melancólica sobre el cuadro de Bruegel ‘Paisaje con la caída de Ícaro’, y contarnos Helga que le gustaría acostarse en su cama para morir con la ventana abierta y una tormenta veraniega fuera escuchando música de Bach, en un inesperado epílogo, la actriz se nos sincera diciendo que lo que más le motiva de su trabajo es ese momento suspendido entre el final de la pieza y el primer aplauso, ese momento que los públicos duchos alargan unos segundos para placer de todos, ese momento casi inexistente en los teatros españoles donde el aplauso extemporáneo rompe el breve silencio necesario en el que lo visto se condensa en un fulgor. Por supuesto, que en el estreno de este viernes, y a pesar del mensaje de Ursina Lardi, ocurrió así. Ella salió seis veces a saludar en solitario, sin la compañía de Milo Rau y su equipo, y ello quizás fue el último mensaje no premeditado de la pieza. Quizás Rau vaya a entrar en una etapa introspectiva.
VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 9
Texto: 8
Dirección: 8
Dramaturgia: 9
Puesta en escena: 7
Interpretación: 9
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 6
Teatro María Guerrero | Sala Grande
Everywoman
Texto Milo Rau y Ursina Lardi
Dirección Milo Rau
12 – 14 ENE 2024
Espectáculo en alemán con sobretítulos en castellano.
Reparto: Helga Bedau (Vídeo) y Ursina Lardi
Georg Arms, Irina Arms, Jochen Arms, Julia Bürki, Keziah Bürki, SamuelBürki, Achim Heinecke y Lisa Heineche (Vídeo)
Dramaturgia Carmen Hornbostel y Christian Tschirner
Escenografía y vestuario Anton Lukas
Iluminación Erich Schneider
Sonido Jens Baudisch
Vídeo Moritz von Dungern
Documentanción Carmen Hornbostel
Producción Schaubühne Berlin con Salzburger Festspiele
Viernes y sábado a las 20:00, Domingo 14 ENE a las 12:00 | duración: 1 h 20 min aprox.



