Esta compañía tunecina estrenó hace catorce meses en su país ‘Amnesia’, la historia de un ministro y padre de la patria que fruto de una conspiración indefinida cae en desgracia repentinamente, y más y más aislado y reprimido, termina encerrado en un hospital psiquiátrico. Parece una predicción de lo que pasó en Túnez a comienzos de año, de las protestas y disturbios que obligaron al presidente Zine El Abidine Ben Ali a huir con su familia en la tarde del 14 de enero, dejando el poder al primer ministro Mohammed Ghannouchi, quien a su vez fue sustituido al día siguiente por el Presidente del Parlamento, Fouad Mebazaa. Pero además de rabiosa actualidad, la obra tiene importantes valores y méritos que la colocan sin duda entre lo mejor de esta edición del festival de otoño en primavera de la Comunidad de Madrid.
La compañía Familia Productions ha cumplido quince años, en los que han consolidado una estructura independiente de producción teatral y audiovisual en Túnez bajo el lema de “elitismo para todos”. Jalila Baccar y Fadhel Jaïbi presentan una tragedia griega en el islam moderno, un coro plural como encarnación de un sistema en crisis, de una sociedad gastada que no consigue renovarse y avanzar. Todas las preguntas, las dudas, los miedos de la llamada revolución árabe que hemos visto a lo largo de todo el año están en la obra. Jalila no preveía en absoluto un levantamiento popular, en todo caso un golpe de palacio, y aunque los medios de comunicación han representado su propio espectáculo con las masas tomando las calles de forma espontánea, en realidad no sabemos todavía lo que ha pasado, un valor añadido de la indagación dramática de este espectáculo y un plus para valorar la inteligencia de sus creadores.
La trama tiene altibajos y sufre del mal eterno, excesiva duración, provocada por una errónea introducción de media hora -estática, manida, absurda- que está a punto de expulsar al espectador exigente. Aguante, no se vaya como algunos hicieron la noche del estreno. Es una penitencia gratuita, pero lo que viene detrás merece la pena. El texto es un tanto convencional, elaborado a base de recortes de periódico para retratar al protagonista. La dramaturgia o puesta en escena es lo mejor, impresionante en los movimientos colectivos y sobre todo en el desfilar por el escenario de los personajes, en sus carreras de un lado al otro del proscenio, en sus mutis. Es un coro griego dinámico, un sujeto vivo en el que las vibrantes personalidades individuales engarzan en un colectivo poderoso, mayestático, a base de una interpretación excelente y de una dirección acertada en el tono general declamatorio. Es una tragedia en la más pura tradición teatral, una tragedia de esas que llamamos griegas, pero una gran tragedia árabe, con una intrigante personalidad propia que viene de la cultura musulmana.
La escena es un abismo oscuro de aparente sencillez y gran belleza. Estamos a punto de perdonar otro de los males eternos del teatro actual, el uso y abuso de ese utensilio casero llamado silla. Parece que los escenógrafos a medida que bajan presupuesto aumentan el recurso a la modesta silla. Será una casualidad, pero el montaje de Las bodas de Fígaro en el Teatro Real, el espectáculo de Israel Galván en el Matadero, y naturalmente la versión de Luc Bondy de Las sillas de Ionesco, han precedido excesiva y absurdamente ‘ensilladas’ a las dos docenas de sillas que Jaïbi obliga a sus actores a cambiar continuamente de posición en el escenario durante toda la obra.
El elenco es un conjunto de hombres y mujeres muy sugerente, muy auténtico, muy lejano de esos montajes españoles ficticios a base de jóvenes guapos y guapas sacados del casting de Danone. Aquí tenemos once actores y actrices bajos y altos, delgados y gordos, mayores y pequeños, feos y atractivos, que interpretan varios papeles cada uno -una familia, personal de hospital, aeropuerto- siempre en un tono unificado y notable.
¿Y por qué ese título? Podía llamarse El sueño o El ministro o El brindis o El cumpleaños. Amnesia, hay, cierto; pero no en el sentido habitual de olvido, sino en el sentido de la capacidad humana de manipular los propios recuerdos para construir con ellos supuesta historia colectiva y supuesta biiografía personal a la medida. Es teatro actual árabe de gran calidad, hecho por nuestros vecinos de la otra orilla mediterránea. Sin turbante y sin velo tan parecidos a nosotros. Item más: Baccam y Jaïbi presentan una reflexión emocional sobre los regímenes dictatoriales en su fase semiblanda, sobre el autoritarismo al que tantos pueblos han debido recurrir antes de homologarse con la democracia anglo, sobre las buenas intenciones del tirano, las bajezas de los esbirros y los miedos de los súbditos, que ya nos gustaría ver aquí en alguna obra que alguna vez algún prócer en algún momento no muy lejano se atreviera a plantear sobre el franquismo.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Argumento:9
Trama:7
Texto:7
Dirección: 8
Interpretación: 8
Realización: 8
Producción: 8
AMNESIA
Familia Productions / Fadhel Jaïbi
XXVIII festival de otoño en primavera Comunidad de Madrid
Teatro Español
2, 3 y 4 de junio a las 20.30 horas
País: Túnez
Idioma: árabe y francés (con sobretítulos en español)
Duración aproximada: 2 horas (sin intermedio)
Dramaturgia y texto: Jalila Baccar y Fadhel Jaïbi
Dirección: Fadhel Jaïbi
Escenografía: Kaîs Rostom
Música: Gérard Hourbette (Art Zoyd)
Iluminación: Fadhel Jaïbi
Vestuario: Anissa B’diri
Reparto:
Jalila Baccar, Fatma Ben Saîdane, Sabah Bouzouita, Ramzi
Azaiez, Moez M’rabet, Lobna M’lika, Basma El Euchi, Karim El
Kefi, Riadh El Hamdi, Khaled Bouzid, Mohammed Ali Kalaî
Producción: Familia Productions, Bonlieu Scène nationale Annecy
Coproducción: TnBA Théâtre National de Bordeaux en Aquitaine, Théâtre de
l’Union Centre dramatique national du Limousin, Théâtre de
l’Agora Scène nationale d’Evry et de l’Essonne
Con apoyo para la gira de l’Organisation Internationale de la Francophonie
Con apoyo del Ministerio de la Cultura y de la salvaguardia del Patrimonio de Tunis



