Cumpliendo escrupulosamente el plan de renovación ideológica y mediática que le ha sido encargado por el Teatro Real, su director artístico Gérard Mortier sigue cultivando la polémica mientras aplica sus gustos. Król Roger (El rey Roger) de Karol Szymanowski es otra interesante incursión en el género operísitico del pasado siglo. Una música digna de su momento (1924) ilustra un libreto pretencioso y fallido, en una producción foránea de excelente ejecución musical y lamentable puesta en escena. El escenógrafo Warlikowski, actuando de edecán ‘ad hoc’, convirtió la pieza en una sucesión de elucubraciones confusas, de penosas ensoñaciones que abruman al espectador, le impiden comprender la trama y le distraen con una mezcolanza de sugerencias visuales que no ayudan a sumergirse en la música. No se esperaba de él otra cosa. El público tradicional abominó del espectáculo y los nuevos conversos comulgaron modernidad en dosis aceptable.
Vayamos por partes y comentemos la propuesta sin la suficiencia que parece innata cuando se habla de ópera. Karol Szymanowski (1882-1937) está siendo consagrado en su Polonia natal como el refinado y vanguardista artista homosexual que toda nación necesita hoy día para ser considerada de los nuestros. De su emocionada visita a Sicilia, de su peregrinación al mediterráneo caliente y sensual junto a su amado Jaroslaw Iwaszkiewicz (primo y libretista), nació la idea de esta ópera. Se nos ha contado en clave mítica, como conflicto interdivino entre Dioniso y Apolo, en clave clásica como relectura de Las Bacantes de Eurípides, y en clave gay como manifesto del tercer género, perseguido y clandestino entonces, triunfador hoy día en la superestructura cultural de la sociedad posmoderna.
Pero la verdad es que consiste solamente en una ficción en la que el rey normando Roger (Rogelio) II de Sicilia es informado de la existencia de un pastor que predica un dios nuevo, del que apenas se nos dice que es joven y hermoso, y va ataviado con corona de laurel. La corte le considera un blasfemo y pide que sea condenado a muerte, pero Roger II decide escucharle aconsejado por la reina Roxana (Elvira, hija de Alfonso VI de Aragón), su esposa, y el sabio árabe Edrisi, que es su personal consejero. El carisma del pastor atrae a Roxana y hace vacilar a Roger. La reina seguirá al profeta pero el rey se mantendrá fiel a su deber y no cederá a la tentación de lo que se insinúa como un nuevo culto hedonista.
Pero como opinaría un guionista, no está bien contado, y el fluir de metáforas manidas impide los parlamentos legibles. La pieza es muy estática, tiene escasos personajes y es resuelta en tres actos de corta duración. No es genial ni despreciable. No nació para comerse el mundo pero merece un respeto. La Orquesta Titular del Teatro Real sonó madura y sensible a las órdenes de Paul Daniel. El reparto cantó muy bien y el Coro Titular del Teatro Real estuvo al nivel alto que siempre mantiene.
Krzysztof Warlikowski repite en el Real agravando el primer impacto que nos causó (‘El caso Makropulos’ de Leoš Janácek en junio de 2008); superpone efectos visuales sin tregua, sobre todo en el primer acto, en el que apenas es posible verlo todo. El espacio elegido es una piscina vacía en cuyos bordes laterales hay tres sillones de peluquería y en cuyo frontal transparente hay suspendido un maniquí femenino de tamaño natural, mientras que el fondo del escenario se descubre para hacer sitio al coro de cortesanos y sacerdotes en el que domina una multiplicación de féminas con pelucas oxigenadas y rimbombantes, ataviadas con collares de varias vueltas a juego con pendientes de perlas blancas, que son clones de una Margaret Teatcher joven que vienen a simbolizar el poder inflexible, el conservadurismo denostable.
En los sillones de peluquería, el rey en calzoncillos y la reina en enaguas se observan largo rato con gestos que se supone lascivos. En primer plano un figurante recibe un chute con todo el ritual de los yonquis. Es una metáfora del mismo rey, que para que no haya dudas se inyectará también su dosis al final de la obra. Siendo el barítono Mariusz Kwiecien y la soprano Olga Pasichnyk unos excelentes cantantes, están obligados a representar unos personajes acartonados que les mantienen toda la obra en poses forzadas. Otro tanto puede decirse de
Will Hartmann, un folclórico al que sólo falta peineta, y Stefan Margita, un sufi transmutado en portero de discoteca.
El impresionante himno religioso que entona el coro en el inicio de la obra es amenizado con proyecciones de efebos desnudos en poses equívocas, especialmente una que incluye un niño de meses sentadito en el suelo, junto al que está tumbado un maromo en bolas. En ello se basan las acusaciones de incitación a la pederastia con que algunos han criticado la escenografía. Para cuando aparece el pastor travestido, con las uñas de los pies pintadas de rojo y collares de fantasía al cuello, no falta un equipo de televisión filmando en directo a los presentes.
Poco más ya hay que reseñar hasta el final de la pieza. La piscina se puebla de enfermos comatosos ayudados por bañistas apuestos cuyos calzoncillos y camisetas del modelo clásico pululan omnipresentes para mayor gloria del ‘macho look’. El pastor se disfraza de Mickey Mouse y se rodea de una tropilla de niños con caretas del célebre ratón con los que toma el sol, baila la conga y realiza la postura yóguica más famosa. Poco a poco va destacando al fondo del escenario un enorme rótulo de feria con la palabra ‘sun’. Y la obra termina con un apagón de luces.
La platea se quedó atónita. Literalmente estupefacta. El rechazo hizo huir inmediatamente a una parte del público. El resto permanecía sin apenas aplaudir y sin saber a dónde mirar. Poco a poco, los figurantes, el coro, los cantantes y la orquesta recibieron aplausos nutridos que parecían funcionar sobre todo como contrapunto vengativo frente al abucheo generalizado con que a continuación el director de escena fue acogido en el escenario.
Es lo que tienen estos montaje ferolíticos. Que absorben el total protagonismo y le dejan a uno exhausto para comentar la música, la orquesta, las voces. Y le empujan hacia asuntos más mundanos, como la política. Monsieur Mortier siempre lo dice, que todo es política, y él tiene su propia línea política: exaltación de la cultura gay y de la cultura francesa a partes iguales.
Por su parte, el presidente de la Comisión Ejecutiva del Patronato del Teatro Real, y presidente de su Comisión Ejecutiva, el marqués de Marañón, además de pertenecer a la élite de este país tiene también la suya, su orientación política, -ese centrismo escorado a babor-, vinculada estrechamente al Grupo Prisa y a la ‘gauche divine’. Le une con Mortier la admiración por Francia, cuyo gobierno le ha otorgado en 2006 las insignias de Oficial de la Legión de Honor en reconocimiento a su contribución a la amistad hispano-francesa.
Han decidido dinamizar el Teatro Real. Y a nosotros nos gusta la idea en principio, mientras nos reservamos la libertad de opinión para sus aplicaciones prácticas. Por eso hoy, tenemos una mala noticia para el ‘rey’ del Real y su edecán del momento: han repetido estos días que les da lo mismo lo que piense el público, que lo único grave sería que se durmiera o se aburriera. Pues bien, en la función del día 2, que es la que presenciamos, el espectador de la localidad de platea 21 de la fila 4, se durmió plácidamente a los veinte minutos de representación y no despertó hasta que retumbaron unos acordes en el segundo acto allá por el minuto 60. Andaba por los cuarenta y tantos años de edad, y vestía descuidada e informalmente. Se diría representante de esos nuevos públicos que se quieren captar. Cuidado con las curvas.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Argumento, 3
Libreto, 4
Partitura, 7
Dirección musical, 7
Dirección artística, 3
Voces, 7
Orquesta y Coro, 7
Interpretación, 5
KRÓL ROGER
El rey Roger
Karol Szymanowski (1882-1937 )
Ópera en tres actos en lengua polaca
Libreto de Jaroslaw Iwaszkiewicz y del compositor
Estrenada en el Gran Teatro Wielki de Varsovia el 19 de junio de 1926
Estreno en Madrid
EQUIPO ARTÍSTICO
Director musical, Paul Daniel
Director de escena, Krzysztof Warlikowski
Escenógrafa y figurinista, Malgorzata Szczesniak
Iluminadora, Felice Ross
Coreógrafa, Saar Magal
Creador videográfico, Denis Guéguin
Director del coro, Andrés Máspero
Directora del coro de niños, Ana González
REPARTO
Roger II, Mariusz Kwiecien
Roxana, Olga Pasichnyk
Edrisi, Stefan Margita
Pastor, Will Hartmann
Arzobispo, Wojtek Smilek
Diaconisa, Jadwiga Rappé
Coro Titular del Teatro Real
(Coro Intermezzo)
Orquesta Titular del Teatro Real
(Orquesta Sinfónica de Madrid)
Nueva producción en el Teatro Real
Procedente de la Opéra National de Paris
Actos I, II y III: 1 hora y 30 minutos. Sin descanso.
Abril 25, 27 y 29, Mayo 2, 5, 7, 10, 12, 14
20.00 horas.


