José Catalán Deus

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La Bailadeira de Ángel Corella, por J.C.Deus

El Teatro Real ha cedido generosamente la inauguración de la temporada a La Bayadera del Corella Ballet, un ambicioso proyecto de danza clásica que pretende acabar con la anomalía de ser un país europeo sin compañía estatal de ballet. La función de ayer miércoles fue la última programada y Ángel Corella puede estar satisfecho después de siete años de proyecto. Todo ha salido bien: éxito de crítica y de público, como solía decirse.

El Corella Ballet merece aplausos y reconocimiento como todo proyecto positivo y creador. Pero no hay que olvidar que está en sus comienzos y una compañía de baile, y más si es de clásico, necesita años, bastantes años para madurar. En este sentido, y con toda la humildad de un neófito en procelosas aguas, me gustaría añadir dos interrogantes. Uno, de carácter general, sobre las posibilidades de superviviencia de la danza clásica más allá de la arqueología cultural, una vez realizada la revolución de la danza contemporánea con tan fabulosos resultados en las últimas décadas. Y el segundo, yendo a lo concreto, sobre este estreno de La Bayadera por la troupe de Corella. Un hermoso espectáculo, pero algo acartonado. Una notable exhibición de buen hacer, pero sin emoción alguna. Una brillante presentación, pero con cierto aroma a naftalina.

Quizás buena parte de la culpa la tenga que Corella ya arriesgaba bastante para ponerse encima a inventar e innovar. Jugó la carta segura de su madrina Makarova, la versión cien veces probada en todo el mundo, sacando del armario el vestuario creado por Theoni V. Aldrege y los decorados creados por Pier Luigi Samaritani para el Teatro Colón de Buenos Aires. Todo ello tiene muchos años encima. Es de probada eficacia con los públicos más tradicionales pero ha quedado sepultado por décadas de escenografía y ambientación.

Corella acierta porque el público del Real no quería más que ver ballet clásico, difíciles piruetas de puntillas, rememorar un pasado perdido, reconstruir una sensaciones olvidadas, y ciertamente lo premió con generosidad casi desproporcionada, ovacionando cada movimiento con un ritual sobrecogedor que recordaba a las peñas taurinas.

Pero para los que buscábamos enamorarnos de un ballet clásico casi desconocido, recuperar un sitito para el mismo en nuestro corazón ajetreado, reinvidicar su vitalidad junto a la explosión de danza actual que lo pospone a la historia pasada, la experiencia fue fallida. Sería también culpa nuestra, sin duda.

Por eso, más que nunca, debemos juzgar a dos niveles. Muchas felicidades a todos porque esta nueva compañía sea una realidad de futuro. Algunos pesares porque no me gustó La Bayadère: música vulgar, trama imposible, ambientación demencial, decorados naif. Un notable técnico, un suspenso emocional, y un aprobado en todos lo demás. Como escribía Angel Fumagalli una reseña titulada ‘La Bayadera: Anacronismo y Supervivencia’ en la revista del Teatro Colón de Buenos Aires: ‘Obra del tardorromanticismo ruso y tributaria de la evolución académica, la bayadera tiene las características propias de la transición. Cualidades y debilidades que llaman la atención del espectador contemporáneo que debe, con inteligencia, comprender sus convencionalismos para profundizar en la nobleza de su mensaje y en sus valores trascendentes. El desarrollo dramático puede haber perdido convicción, el color oriental puede haber visto acentuada su dudosa pureza y la ingenuidad de su música puede asombrar a un oyente contemporáneo, pero la danza clásica logró conformar, en el llamado «Cuadro de las Sombras», uno de sus monumentos más perfectos que, por si solo, justifica la existencia de la obra en la historia del ballet. Allí está el «sinfonismo coreográfico», la autoridad de un concepto y el triunfo de una estética llevada a sus máximas posibilidades’.

Tiene razón Corella cuando reclama cubrir el vacío existente: ‘La Compañía Nacional de Danza (CND) nunca se pone zapatillas de punta y un ballet como La Bayadera o Corsario requiere puntas, una técnica totalmente distinta. A Duato no se le puede pedir que haga algo que no es su especialidad. Cuando controlas la danza clásica, puedes bailar cualquier cosa. El clásico es la formación académica, la formación pura. Y de ahí puedes derivar a los demás estilos, incluso al flamenco’.

Tiene razón el joven emprendedor madrileño que inicia una segunda carrera, cuando se defiende: ‘He querido hacer La Bayadera porque una compañía no se puede hacer sólo con bailarines principales, sino que exige un cuerpo de baile. Y La Bayadera es uno de los ballets para el cuerpo de baile más difíciles, además de ser de los más grandes y ambiciosos del ballet clásico. Se necesitan como mínimo entre 50 y 60 bailarines. El segundo acto, El reino de las sombras, son 21 bailarinas que tienen que estar impecables, una detrás de otras, perfectas en su posición. Y he querido hacerla también para demostrar que no es una compañía que sólo lleva mi nombre’.

El 90 por ciento del presupuesto del Corella Ballet, un millón y medio de euros, lo aporta la Junta de Castilla y León. Además, recibe la propina de 100.000 euros del INAEM. “Contamos también con el apoyo de empresarios como la familia Tous y patrocinadores como Rolex y Loewe. Luego tenemos una fundación en Estados Unidos que ayuda a la española”, dice el bailarín. Y ello sin contar los ingresos que obtendrán por actuar. Con este presupuesto el Corella Ballet ha hecho dos programas. La compañía la forman 54 bailarines, pero llegarán a 70. La mayoría procede de otras formaciones y el 60 por ciento son españoles.

La coreografía original es del francés Marius Petipa que la estrenó en el Teatro Mariinski de San Petesburgo el 23 de enero de 1877 con la actuación de Lev Ivanov, quien luego se convertiría en una de las figuras cimeras de la danza clásica. El libreto fue escrito por el propio coreógrafo con la colaboración de Sergei Kuschelok, inspirados en dos dramas del poetas hindú Kalidasa. La música estuvo a cargo de León Minkus quien trabajó bajo las especificaciones de Petipa y logró una de las más notables composiciones pre-chaikovskianas. Varias estrellas del ballet clásico han obtenido grandes éxitos en esta obra: Ana Pavlova, quien alcanzó su primer gran éxito en 1902 interpretando a Nikiya, y Rudolf Nureyev, quien en 1958 causó fascinación en la misma ciudad donde se estrenara la obra cuando añadió al papel de Solor toques personales.

Las devadasi o servidoras de Dios han sido denominadas a veces «bayaderas», como deformación del portugués «bailadeira». Una doncella consagrada desde niña a la divinidad, como esposa y partícipe de las grandes ceremonias del culto, cuyo adiestramiento implicaba una rigurosa disciplina. La Bayadère -por qué en francés- tiene siglo y medio y su escena de El reino de las sombras es una cumbre del género. Sus principales revisiones han sido las de Marius Petipa (1900, Imperial Ballet); Alexander Gorsky y Vasily Tikhomirov (1904, Bolshoi Ballet); Agrippina Vaganova (1932, Kirov Ballet); Vakhtang Chabukiani y Vladimir Ponomarev (1941, Kirov Ballet); Rudolf Nureyev (1963 -la escena de El reino de las sombras- Royal Ballet); Natalia Makarova (1974 -la escena de El reino de las sombras- y 1980 -toda la obra- American Ballet Theatre); Rudolf Nureyev (1992, Paris Opera Ballet), y finalmente Sergei Vikharev (2001, reconstrucción de la de Petipa). Hoy se representa sobre todo en dos versiones: la derivada de la de 1941 de Chabukiani y Ponomarev, y las que parten de la de 1980 de Makarova.

Y tras La Bayadère, el Teatro Real reúne hoy a las estrellas del Kirov y del Bolshoi en una Gala de Estrellas de la Danza con una veintena de grandes figuras del Ballet del Teatro Mariinsky de San Petersburgo -antiguo Kirov- y del Bolshoi de Moscú, que interpretarán piezas de coreógrafos como Marius Petipa, Balanchine o Willian Forsythe.

La gala estará dirigida por Makhar Vaziev, Premio Espíritu de la Danza en 2002, que ha preparado un menú degustación con todos los platos famosos de la danza clásica. ‘La arlequinada’ (pas de deux) de Marius Petipa abrirá la gala, en la que se han incluido otros ‘pas de deux’ de ‘El corsario’, ‘Raymunda’ y ‘Chaikovski’, así como el adagio de ‘Rubíes’. La segunda parte incluye una coreografía de Forsythe, titulada ‘In the middle, somewhat elevated’, interpretada pro Irina Golub, Olesia Novikova, Xenia Dubrovina, Mikhail Lobukhin, Maxim Khrebtov y Yana Selina, entre otros. Para terminar, el ‘pas de deux’ de ‘La bella durmiente’; ‘Diana Acteón’ y ‘La hija del faraón’, y el ‘grand pas’ del ballet de ‘Don Quijote’.

ACERCA DE LA DANZA CLÁSICA O BALLET

La danza clásica, en un tiempo mal denominado ballet, está considerado como una de las Artes Escénicas. La técnica tiene gran dificultad, ya que requiere una concentración para dominar todo el cuerpo, añadiendo además un entrenamiento en flexibilidad, coordinación y ritmo musical. Lo habitual, aunque no obligatorio, es que se aprenda con una edad temprana, para interiorizar y automatizar movimientos y pasos técnicos. Es ideal una formación paralela en solfeo, aunque tampoco imprescindible. Cuando la experiencia, la condición física y la fuerza del bailarín ya lo requieren, se comienza el entrenamiento con las puntas de ballet, su verdadera señal de identidad.

Son zapatillas con puntas de cartón o yeso para sostenerse de punta. Se trata de una zapatilla especial creada para la estilización del cuerpo femenino. Es muy peligroso que alguien sin la capacidad se suba a ellas ya que podria causar lesiones extremadamente graves y que como consecuencia no pueda bailar nunca más en su vida. Al comenzar, la practica con ellas suele ser dolorosa. Hoy en día se acostumbra a usar protectores de silicona en la punta, antiguamente se usaba solamente protectores de tela. Aún así hay profesionales que tan solo se ponen esparadrapo para no sangrar, ya que les gusta mas sentir la punta. En muchas escuelas, donde las niñas empiezan apenas a los cuatro años, se suele comenzar con las puntas alrededor de los nueve o diez años. Sin embargo, en academias reconocidas como la del Royal Ballet de Londres, los pequeños aprendices comienzan apartir de los once años y se empiezan a utilizar puntas alrededor de los quince.

Hay diferentes estilos de entrenamiento en el ballet, siendo los más comunes siete, que corresponden con escuelas de danza nacionales: Ruso: método Vaganova, de la profesora de ballet Agrippina Vaganova (1879-1951). Italiano: Enrico Cecchetti. Inglés: Royal (Royal Academy of dance). Americano: George Balanchine. Francés, Cubano y Australiano.

La danza clásica nació en Italia pero alcanzó su máxima expresión en Francia durante el reinado del rey Luis XIV. En Francia, el vestuario, la música, la decoración y el lenguaje corporal, tomaron una gran importancia. El estreno en 1913 de la La consagración de la primavera de Ígor Stravinski con una coreografía de Vaslav Nijinski provocó uno de los mayores escándalos de la historia de la música. Una de las bailarinas españolas mas reconocida internacionalmente es Tamara Rojo, primera bailarina del Royal Ballet de Londres. Precisamente, en The Royal Opera House, el pasado mes de octubre de 2007 «La Bayadère» fue protagonizada por Tamara Rojo, Carlos Acosta y Marianela Núñez . También merece una especial mención entre las figuras españolas Lucía Camarillo. Destaca también internacionalmente Igor Yebra, que más modestamente se ha contentadocon abrir una escuela de danza en su Bilbao natal. Puede parecer un reducto muy minoritario, y de hecho lo es, pero por ejemplo la asociación Dancedance tiene 2.900 miembros en 15 paises.