José Catalán Deus

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La Fura, madura; por J.C.Deus

El Centro Dramático Nacional abrió la temporada apostando por La Fura del Baus, en otro paso decisivo para acercar las instancias oficiales al mundo teatral real, donde nadie puede dudar el peso y autoridad de la compañía catalana. Su Boris Gudonov aborda el argumento más actual, más polémico y más morboso. Lo hace con autoridad enorme en la realización, pero con una previsible ambigüedad que hace de poso amargo.

Pretendían esta vez, no sus tradicionales catarsis irracionales, sino provocar la reflexión, es decir, dar que pensar, aportar elementos, ayudar a comprender. En mi modesta opinión, consiguen un desasosiego meritorio, pero no aportan casi nada a lo que hacen los medios de comunicación, especialmente cine y televisión, todos los días. El ‘infotainment’, o industria de la información convertida en entretenimiento, hace mucho que descubrió el filón del terrorismo y la violencia política, y de manera involuntaria lo alimenta cada día. La Fura esta vez sigue la onda, la eleva a los escenarios, y nos deja entre los mismos interrogantes y uno más: que sea su público -y ellos más bien lo reflejen- el que sustenta este eclecticismo neutral entre el malvado poder imperial y la justificable insurgencia de los oprimidos mediante el arma poderosa del terrorismo.

El Boris Gudonov de La Fura parte de una representación de este clásico teatral ruso en la que irrumpe un grupo armado que secuestra a espectadores y actores y amenaza con matarlos si las fuerzas del orden no se retiran de su país ocupado y sus compañeros presos no son liberados. En ese momento, todo el teatro se convierte en el escenario, y el espectador empieza a vivir uno de los principales miedos contemporáneos: ser víctima de un atentado terrorista. Y como La Fura tiene fama de ser un poco bestias, el que más y el que menos no las tiene todas consigo aunque se repita en su fuero interno que sólo es teatro.

Los hechos reales que se rememoran, ocurrieron así: el 23 de octubre de 2002, un grupo terrorista asaltó el Teatro Dubrovka de Moscú durante la función. Más de 900 personas permanecieron dos días y medio como
rehenes de un grupo de hombres y mujeres armados, que exigían la salida de las tropas rusas de Chechenia. Después de tres días de negociaciones, la intervención de las fuerzas especiales rusas, utilizando gases, acabó con la vida de 130 rehenes y 41 asaltantes. El acto fue posteriormente reivindicado por el caudillo checheno Movsar Barayev.

Todos nos acordamos. El espectáculo tiene una escenografía austera donde los elementos principales son las proyecciones en el escenario, unos convincentes decorados virtuales creados por Frank Aleu, colaborador habitual de la compañía en montajes como Faust 3.0 y Metamorfosis, que también ha sido el encargado del diseño y el montaje de los vídeos con los que se complementa el espectáculo. Porque la acción terrorista se alterna con escenas de la obra clásica, imágenes complementarias del secuestro y las fuerzas policiales en el exterior, y las deliberaciones filmadas del presidente del gobierno y sus asesores deliberando cómo actuar. Interviene también una mediadora. Los terroristas son arquetipos: está el jefe realista y su mano derecha, el exaltado embrutecido; están la idealista y la vengadora. Hay de todo en los dos bandos, como hay de todo entre el público. La banda sonora está compuesta por Josep Sanou, a base de recursos sonoros electrónicos que generan ambientes y atmósferas que acompañan las diversas escenas.

La Fura se une a la moda de hacer ficción sobre hechos reales contemporáneos, imitando al cine. Y tienen buen cuidado en que la representación esté descontextualizada ni se pueda relacionar con un terrorismo en concreto. Durante el asedio, los terroristas forman un colectivo dividido y plural como cualquier grupo humano, mientras se proyectan las deliberaciones del gabinete de crisis gubernamental -igual de dividido- y los temores del grupo de actores que representaba la obra cuando irrumpen los secuestradores, también dividido.

Dicen que la elección del Boris Godunov de Pushkin como esa obra paralela no es casual: ‘Los paralelismos con la acción terrorista que se ha producido en el teatro son importantes. Dos mundos, realidad y ficción, que confluyen y se tocan’. Pero realmente el drama histórico ruso es sólo un pretexto, pues el texto original ha sido sometido a lo que llaman ‘un trabajo de contemporaneización’ que ha mezclado y remeclazdo textos del Che con Mao y dicen que hasta el mismo George W. Bush.

EVOLUCIÓN ‘FURERA’

La Fura se hace madura, abandona los bochinches que la hicieron famosa, consciente de las limitaciones y caducidad de sus chisporroteos. Los últimos trabajos de Àlex Ollé han sido óperas -quién iba a decírselo- y obras de texto que él llama ‘a la italiana’, más convencionales. ‘Ha sido una evolución del lenguaje físico o gestual hacia un trabajo de actores con texto, la evolución natural del grito a la palabra’, dice. Después de haber adaptado clásicos -Goethe, Sade y Kafka-, Ollé quería trabajar desde otro punto de vista, partiendo de un hecho real y no de una historia clásica, y reconoce por tanto que el uso de Pushkin ha sido un recurso y no un punto de partida.

Ha contado en la dramaturgia y dirección escénica de la obra con la colaboración de David Plana, que se ha encargado también de la creación del texto de la obra, un texto que se ha realizado a partir de tres vertientes diferentes: la selección de escenas adecuadas al argumento, la actualización del lenguaje de la obra y la infiltración de textos de políticos reales.

Boris Godunov es un reto para los actores, debido a la propuesta inusual, atrevida y arriesgada de La Fura dels Baus con este nuevo montaje: escenificación de un acto terrorista dentro de un teatro, con los espectadores como rehenes y con un espacio escénico tan grande como toda la sala. En este sentido, el trabajo no tiene fallos.

‘El terror es la respuesta que, en algunos casos, ofrecemos al terror’, dicen. Esta paradoja es la esencia misma del Boris Godunov de Pushkin: un impostor asalta el poder dispuesto a derrocar a un gobernante corrupto y puede suponerse que no va a ser mejor que aquel al que pretende suplantar. La tragedia del Teatro Dubrovka se desarrolló en un teatro, en un teatro ocupado, y esta situación era la más terrible de las propuestas escénicas. El público, que acudía a disfrutar de la ficción de un banal musical, acabó inmerso en una tragedia que no había elegido, con un final terrible.

MIEDO CONTRA EL MIEDO

Este Boris Godunov comenzó a tomar forma cuando Àlex Ollé oyó las noticias de Moscú y se planteó la posibilidad de aproximar al público a lo que sufrieron los espectadores aquel día infausto en aquel teatro de Moscú. ‘El hecho de que este secuestro tuviera lugar en un teatro nos impactó, cuentan Alex Ollé y David Plana, y nos hizo reflexionar. El teatro, nuestro lugar de trabajo habitual, había sido el escenario de una macabra función donde los espectadores se habían convertido en involuntarios actores. En el espacio de la función había tenido lugar una tragedia real. Así pues, partiendo de ese hecho real, hemos creado una ficción que no intenta reproducir lo que allí pasó. Hemos querido alejarnos también de cualquier concreción política y geográfica. No queremos hablar de unos terroristas en particular sino de conceptos universales, que son inherentes al ser humano en cualquier época: la lucha por el poder, la violencia como método para imponer unas ideas, y la corrupción de las estructuras de poder que acaba castigando siempre a víctimas inocentes. Creemos que la mejor forma de combatir nuestros miedos es enfrentarse a ellos’.

La obra dura una intensa hora y tres cuartos, y siempre mantiene la atención. La morbosa inquietud de sentirse protagonista -pero espectador a salvo- de un espectacular atentado terrorista funciona y atraerá al público. Que en mi opinión, no va a reflexionar, y si lo hace va a ser para compartir el mensaje subliminal de que el terrorismo, también el etarra, también el islamista, tiene razones de peso para actuar así -¿por qué se dan por válidos sus argumentos cuando se sabe que inventan y a veces producen ellos mismos los supuestos males que comabaten?- aunque la violencia blá, blá, blá, y eso sí, todos estamos contra la guerra.

Puede argüirse que este espectáculo -por cierto, no debería llamarse Boris Gudovov- es demasiado cinematográfico, y tiene poca magia y creatividad. Lo mejor es la idea, el montaje, la puesta en escena, los actores. Lo peor, la falta de emoción, su sabor a sabido, y el neutralismo donde no hay neutrales. Da miedo a veces, sin duda. Yo evitaba mirar a los ojos a los ‘terroristas’, por si acaso, y el espectador de delante se llevó un buen susto por pasarse de listo. Pero no hay profundidad, no hay drama. Dicho lo cual, se tratará sin duda de otro éxito en la triunfal trayectoria de una compañía extraordinaria.

‘No es un espectáculo furero, no hay ‘corre que te pillo’, no busca interacción: busca reflexión… Nos bastaría que por un segundo el espectador se sienta rehén… No buscamos polémica; ni apología ni didactismo… Parece mentira que tengamos que decirlo, pero estamos en contra del terrorismo y la violencia para imponer ideas’. Todo esto nos decía Alex Ollé dos días antes del estreno. Merece la pena acudir a ver si lo ha logrado.

Teatro María Guerrero
Boris Godunov
La Fura dels Baus

Idea original y dirección artística:
Àlex Ollé
Dirección escénica y dramaturgia:
Àlex Ollé y David Plana
Texto original:
David Plana
Coproducción
Centro Dramático Nacional
Teatre Nacional de Catalunya
Elsinor
La Fura dels Baus

Funciones
18 de septiembre a 19 de octubre de 2008
De martes a sábados a las 20.30 h
Domingos a las 19.30 h
Teatro María Guerrero
C/ Tamayo y Baus, 4
28004 Madrid

Equipo artístico

Creación de vídeo Frank Aleu | Urano
Banda sonora Josep Sanou
Elementos escénicos y atrezzo Alberto Pastor
Diseño de vestuario Catou Verdier
Iluminación Pere Capell y Àlex Ollé
Diseño de vídeo Joan Rodon
Ayudante de dirección Anna Rodríguez
Asistencia a diseño de sonido Damien Bazin
Director técnico Xavier Xipell
Técnico de sonido Albert Freixas
Técnico de iluminación Jordi Thomas
Dirección de producción Carles Manrique
Producción ejecutiva Susanna Jove
Road manager Sol Blasi
Auxiliar de producción Cai Felip
Entrenador físico Salvador Chaves
Asesor de armamento Ramón López
Fotografía de butaca David Ruano (TNC)

Reparto
Pedro Gutiérrez
Pep Miras
Juan Olivares
Francesca Piñón
Albert Prat
Óscar Rabadán
Fina Rius
Sara Rosa Losilla
Manel Sans

Con la colaboración de
Ayuntamiento de Molina de Segura y Ayuntamiento de Rubí

Fotografías
David Ruano

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