José Catalán Deus

JCDeus.org

Locura, la otra orilla de la vanguardia

¿Podría usted distinguir los mejores trabajos artísticos de los pacientes de un hospital psiquiátrico de obras de miembros famosos de las vanguardias del siglo XX, o elegir el mejor entre el ‘Paisaje ribereño nocturno’ que pintara la paciente Else Blankenhorn a comienzos del siglo pasado, y el ‘Atardecer de otoño’ (1924) del famoso Eric Nolte? Ese es el desafío no formulado, y quizás inconsciente, de esta interesante propuesta.

‘La otra orilla de la vanguardia’ pone el foco en un aspecto del arte que suele pasar desapercibido , pero que resulta muy relevante: la relación existente entre las obras creadas por personas ingresadas en instituciones psiquiátricas y el arte de vanguardia. Aunque la huella de las obras de estos pacientes puede rastrearse ya a finales del siglo XIX , su presencia se acentuó en las primeras décadas del siglo XX entre los artistas que buscaban renovar el arte moderno . En esos trabajos hallaron nuevas formas de expresión, que se situaba n más allá de los límites convencionales.

La exposición toma como punto de partida el libro Bildnerei der Geisteskranken (1922) —traducido aquí como Expresiones de la locura —, del psiquiatra e historiador del arte alemán Hans Prinzhorn, elaborado a partir de la colección de obras de pacientes psiquiátricos que había reunido en el hospital universitario de Heidelberg . Esta publicación otorgó visibilidad y dignidad artística a estas creaciones, y contribuyó con ello a cuestión ar las fronteras tradicionales del arte. El proyecto examina asimismo el contexto cultural y artístico en el que se gestó el libro, así como su influencia posterior en diversos movimientos de vanguardia y , en concreto, su papel decisivo en el surgimiento del ‘art brut’ .

Prinzhorn fue uno de los primeros en contemplar las obras de pacientes psiquiátricos más allá del diagnóstico médico. En ellas reconoció una poderosa capacidad de invención y una libertad formal que conectaban con algunas de las búsquedas más radicales del arte moderno. Su aproximación contribuyó a ampliar la idea de creación artística y a cuestionar los límites establecidos por la tradición académica. El libro y la colección reunida por él despertaron muy pronto el interés de las vanguardias europeas. Expresionistas, dadaístas y surrealistas vieron en aquellas obras intereses comunes a los suyos . Por ejemplo, Jean Dubuffet vio la posibilidad de un modelo alternativo al arte oficial y acuñó la expresión art brut para referirse a creaciones realizadas al margen de los circuitos artísticos establecidos, especialmente por personas excluidas o alejadas de la cultura dominante. Para muchos artistas de vanguardia , estas obras abrían una vía distinta para pensar el arte, lejos de las normas académicas y de los modelos establecidos.

La exposición tiene un tamaño muy accesible y está desplegada de tal manera que sin leer detalladamente las cartelas uno no distinguiría las creaciones de los pacientes mentales de las de los artistas presentes. Quizás se ha hecho a propósito. Establece así un diálogo difuso e intrigante entre obras de la colección Prinzhorn y piezas de algunos de los principales protagonistas de la modernidad. Dividida en cinco secciones, reúne setenta obras y amplia documentación:

La primera, ‘Un espíritu compartido: expresionismo alemán’, está dedicada a la confluencia de la propuesta de Prinzhorn con el ambiente expresionista de grupos como ‘Der blaue Reiter’ (El jinete azul) y ‘Die Brücke’ (El puente) , que defendían una creación nacida de impulsos primarios, físicos y psíquicos, al margen de las normas. Artistas como Emil Nolde, compartieron ese interés por una expresión más libre, ya fuera a través de la forma, el color, o la imagen en movimiento propia de la danza. En paralelo, ‘Der blaue Reiter’, fundado por Vasili Kandinsky y Franz Marc, defendió un lenguaje espiritual y alejado de las convenciones.

La segunda, ‘Dadá y el arte fuera de la norma’ recuerda que tras la Primera Guerra Mundial, la locura adquirió un lugar central en el imaginario artístico como huella del trauma colectivo, e impregnó al movimiento dadá , nacido en Zúrich en torno al Cabaret Voltaire , como crítica radical al orden racional y burgués. En Berlín, artistas como George Grosz o Kurt Schwitters exploraron lenguajes deformados, satíricos y construidos a partir de materiales de desecho. Desde Colonia, Max Ernst contribuyó después a llevar este universo visual a París, donde circularía entre los surrealistas.

‘Atardecer de otoño’, Eric Nolte.

La tercera, ‘Surrealismo: la frontera entre la realidad y el inconsciente’ se basa en que el libro de Prinzhorn circuló con rapidez entre los surrealistas interesados en explorar los límites entre realidad, imagen e inconsciente. Paul Éluard lo definió como «el libro de imágenes más bello del mundo», y sus reproducciones conectaron con las búsquedas iniciadas por André Breton y Philippe Soupault en torno al automatismo psíquico. En 1929, la exposición L’Art des fous , mostró varias obras de la colección Prinzhorn y reforzó el interés surrealista por las formas de creación vinculadas al sueño, el trance, la hipnosis o los estados alterados de la conciencia. Artistas y escritores como Robert Desnos, Henri Michaux, Unica Zürn o Antonin Artaud llevaron esta investigación hacia zonas cada vez más intensas de la experiencia interior.

La cuarta, ‘El periodo de entreguerras y el arte degenerado’, abarca el periodo de entreguerras, durante el cual las teorías sobre la degeneración sirvieron para interpretar las vanguardias como síntoma de una supuesta patología social. Esta lectura se radicalizó en manos del nacionalsocialismo, que asoció arte moderno y enfermedad mental para desacreditar toda forma artística alejada del canon oficial. Expresionismo, dadaísmo o abstracción quedaron así incluidos bajo la etiqueta de «arte degenerado». La exposición Entartete Kunst , inaugurada en Múnich en 1937 presentó las obras de vanguardia de forma deliberadamente caótica y ofensiva. En su itinerancia a Berlín, ya en 1938, se incorporaron también creaciones de pacientes psiquiátricos de la colección Prinzhorn , con el objetivo de establecer una equivalencia entre ambas y justificar la censura y persecución del arte de las llamadas vanguardias.

‘Paisaje ribereño nocturno’, Else Blankenhorn.

La quinta, ‘Del legado de Prinzhorn al art brut’, quiere documentar cómo a partir de 1945, la revalorización de las obras creadas por pacientes psiquiátricos cobró un nuevo impulso, promovida tanto por el interés previo de los surrealistas como por la obra de Jean Dubuffet (1901 -1985). Durante sus viajes por Suiza, el artista visitó hospitales psiquiátricos, prisiones y colecciones etnográficas, experiencias que reforzaron su interés por las formas de creación existentes al margen del arte oficial. Fue en este contexto donde desarrolló el concepto de art brut . En 1948, Dubuffet cofundó la Compagnie de l’Art Brut , dedicada a localizar, conservar, estudiar y difundir estas obras, actividades que fueron decisivas en la formación de un conjunto que más tarde se convertiría en el núcleo de la Collection de l’Art Brut de Lausana. Al mismo tiempo, trató de dar mayor visibilidad a estas creaciones mediante muestras, como la celebrada en 1949 en la Galerie René Drouin de París, cuyo catálogo contribuyó a consolidar el concepto. En 1967, el Musée des Arts Décoratifs de París acogió la mayor exposición hasta la fecha y la primera organizada en un museo público.

Se soslaya en aras de la temida corrección política que esa caracterización de degenerado para las escandalosas e incomprendidas propuestas de la vanguardia artística era compartida por la mayoría de la población culta europea y aún hoy por grandes sectores de la opinión pública. Otra cosa es que el partido nacionalsocialista y el III Reich de Hitler llevaran al paroxismo persecutor la represión brutal de lo que no les gustaba. Y otra cosa sería realizar hoy un balance valiente de lo que nos han dejado esas vanguardias además de un experimento a la larga fallido y iuna búsqueda de nuevos horizontes solo lograda en algunos casos.

El excelente catálogo de la muestra, por razones que no conocemos, ha cambiado en sus páginas el orden entre el tercero y el cuarto apartado de la muestra. Por lo demás, es completo y esclarecedor. ‘La otra orilla de la vanguardia’ es una propuesta interesante cuya visita además puede completarse con otras dos exposiciones simultáneas bien diversas, ‘Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos’ y una antológica del fotógrafo Minor White.

Aproximación a la propuesta (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 7
Comisariado: 7
Programa de mano: n/v
Catálogo: 8
Documentación a los medios: 8

Fundación Mapfre
‘La otra orilla de la vanguardia’
Del 24 de septiembre de 2026 al 10 de enero de 2027
Comisaria: Pilar Soler Montes

Paseo de Recoletos, 23. Madrid
Tlf. 91 5816100
Mail: cultura@fundacion m apfre.org
Web: www.fundacionMapfre.org
Entrada general: 5 €
Entrada gratuita los lunes (no festivos): 14.00 -20.00 h
HORARIOS
Lunes: 14.00 -20.00 h
Martes a sábado: 11.00 -20.00 h
Domingos y festivos: 11.00 -19.00 h
AUDIOGUÍA (gratuita):
Disponible en español y en inglés.