Esta versión del famoso drama rural de hace un siglo hace justicia a su autor y premio nobel Jacinto Benavente. Puede decirse que la adaptación -con Juan Carlos Rubio- y la dirección de Natalia Menéndez son un ejemplo de actualización de las grandes piezas del pasado, sin moderneces absurdas ni historicismo tópico. Una excelente producción que reivindica a un gran dramaturgo injustamente eclipsado.
En la hacienda de Esteban y Raimunda, se celebra la pedida de boda de la hija de esta, Acacia, que odia a su padrastro. Cuando Faustino y su padre Eusebio se vuelven de noche a su casa, alguien emboscado mata al novio de un disparo al corazón. Todos sospechan de Norberto, el anterior novio de Acacia, que será detenido y encarcelado, pero que podrá probar su inocencia. No obstante, Eusebio y sus otros hijos le siguen considerando culpable y los hermanos quieren matarlo a toda costa. Pero pronto por indiscreciones de El Rubio se extenderán las sospechas hacia Esteban y una copla recorrerá el pueblo: “El que quiera a la del Soto… tiene pena de la vida. Por quererla quien la quiere le dicen… la Malquerida”. Los personajes van devanando el misterio con sucesivas revelaciones que aumentan la intriga hasta estallar todo en un desenlace explosivo.
Menéndez explica que la conmovió sobremanera la relectura de ‘La Malquerida’ y que mano con Juan Carlos Rubio pudimos ir mucho más allá, por eso hoy es solo Malquerida. Nos propusimos una versión donde algunos personajes se perfilarán más, eliminamos otros para centrarnos en la esencia de la tragedia y, con respecto a la forma, preferimos ahondar en la vertiente más poética de la obra. Benavente dibuja con maestría un triángulo amoroso en el que no hay vértices triunfadores, un duro retrato de la condición, la humana, difícil de doblegar ante ciertos impulsos. El deseo, carnal en algunos casos y material en otros, atrapa a nuestros personajes, les ciega, les paraliza, pero también les alimenta y da sentido a su existencia y a sus inesperadas reacciones. Como autores del siglo XXI, rescatar un clásico de la dimensión de La malquerida y favorecer que siga caminando por los escenarios de España es un auténtico reto. Por un lado, respetando toda la grandeza de su escritura y la vigencia de su historia. Por otro, despojándole de los condicionantes con que cada época atrapa a sus creadores.

Su extensa y ajustad explicación nos ratifica en que juzguemos como sobresaliente el trabajo realizado. Para ella, ‘Malquerida surge como un grito seco y brutal que nos ata sin remedio a nuestra esencia menos racional. Una historia en la que el amor, el poder, la ambición, el deseo y la violencia se unen irremediablemente, como caras de una misma moneda que, lanzada al aire, puede sorprendernos con su implacable veredicto’. La puesta en escena cuenta con una notable escenografía fija de Alfonso Barajas que permite ir volver de la casa al campo sin notarlo, y el vestuario de Rafael Garrigós consigue ajuste espacio-temporal sin caer en tipismos. Notable como siempre la iluminación de Juan Gómez Cornejo y apropiada y sobria la música de Mariano Marín.
Si todo encaja en la dirección artística para dar idea precisa del contexto de la obra, la dirección actoral remata la faena con el tono adecuado, sin estridencias vocales y gestuales, personajes vivos y latentes que obtienen un sobresaliente colectivo del elenco, en el que merecen mención especial el tío Eusebio de José Luis Alcobendas, Dani Pérez Prada por ese capataz impresionante que es El Rubio, y la Juliana de Goizalde Núñez, ese sirviente fiel siempre más lúcido que su amo en una admirable continuidad de los del siglo de oro.
Jacinto Benavente Martínez (1866-1954) en su larga vida escribió más de ciento setenta tragedias, comedias, dramas y sainetes, reflejando todos los ambientes, rural y urbano, plebeyo y aristócrata, una galería completa de tipos humanos, una reacción de veracidad frente al melodramatismo desorbitado de Echegaray. Puede decirse que abre un nuevo periodo en la dramaturgia española. Por Los intereses creados (1907), hábil combinación de sátira y humor, fue llevado a hombros hasta su domicilio en la calle del León, 27 desde el teatro Lara. Está considerada su obra maestra, pero tiene difícil acomodo hoy día. Por nuestra parte, nos parece superior La malquerida, aunque se le haya criticado con razón ser más narrador que dramaturgo, y que los personajes cuenten la trama más que vivan en escena. A lo que habría que sumar el salto casi cuántico que se produce en esta pieza al corta de un tajo el nudo gordiano que la ata.

A su cierto ostracismo durante el régimen monárquico actual, que tantos pecados de sectarismo cultural ha cometido, ha colaborado la falacia de considerarlo franquista; ocupó en 1918 un escaño en el Congreso de los Diputados por el Partido Conservador y fue cofundador en 1933 de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Las autoridades del Frente Popular le homenajearon repetidamente, lo que le creó serias dificultades tras la guerra civil, aunque él alegase repetidamente que sus tomas de posición le habían sido impuestas bajo amenaza de muerte, y se supiera que ya en el 36 pidió permiso a Juan Negrín para salir del país, lo que le denegó este por razones de preservación de la moral de la población. Durante el primer franquismo se llegó al extremo de permitir la puesta en escena de sus obras, pero sin indicar su nombre, aunque una vez subió a la tribuna presidencial para asistir al desfile de la victoria y estuvo presente en la plaza de Oriente de Madrid en la gran manifestación pro-Régimen de 1946, lo que le aseguró un final respetado.
Siempre ha sido injusto juzgar las creaciones culturales por nuestros prejuicios ideológicos, hoy sigue siéndolo y ha sido elevado a mandamiento por el remedo de democracia en que degenera el mundo occidental. Convendría que el teatro público subvencionado programara algo de Benavente todas las temporadas, que recuperara a Echegaray en incluso a los proscritos posteriores, como Pemán. Todos ganaríamos.
En 2017 pudo verse la versión musical (ver nuestra reseña) de Manuel Penella de 1935 de ‘La malquerida’, por desgracia ambientada erróneamente en México y con mariachis, y sin embargo una zarzuela muy interesante. La última reposición (ver nuestra reseña) de ‘Los intereses creados’ -en 2012- resultó fallida, y después Alquibla Teatro hizo otra en 2014. Y para el celebrar el centenario de la concesión del nobel en 2022 hubo unas excelentes lecturas dramatizadas de ‘El nido ajeno’ y ‘La ciudad alegre y confiada’, así como una versión notable de ‘El encanto de una hora’, en este mismo teatro. Menos que poco, misérrimo.
Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 9
Original: 8
Adaptación: 9
Dirección: 9
Interpretación: 8
Montaje: 8
Producción: 9
Información a los medios: 7
Programa de mano: 7
TEATRO ESPAÑOL
Malquerida
De Jacinto Benavente
Dirección de Natalia Menéndez
13 de marzo al 26 de abril de 2026
Reparto
Raimunda – Aitana Sánchez-Gijón
Esteban – Juan Carlos Vellido
Acacia – Lucía Juárez
Juliana – Goizalde Núñez
Eusebio – José Luis Alcobendas
El Rubio – Dani Pérez Prada
Norberto – Alex Mola
Faustino – Antonio Hernández Fimia
Ficha artística
Autor Jacinto Benavente
Dirección Natalia Menéndez
Adaptación Natalia Menéndez y Juan Carlos Rubio
Escenografía Alfonso Barajas
Vestuario Rafael Garrigós
Iluminación Juan Gómez Cornejo
Música y espacio sonoro Mariano Marín
Cante Marcos León
Violoncello Clara Rivière
Una producción de Producciones Of.



