José Catalán Deus

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Recordando a Tàpies

Fue muy famoso en el medio siglo que va desde el final del franquismo hasta ayer, transitando la transición interminable. Falleció hace una docena de años y es buen momento para revisitarlo y plantearse sus vigencias. Esta retrospectiva lo permite en buena medida, aunque Antoni Tàpies (1923-2012) permanezca recóndito en sus introspecciones, en su ser íntimo, como casi siempre pasa cuando se expone a los grandes artistas.

Con motivo del centenario de su nacimiento, el Museo Reina Sofía y la Fundació Antoni Tàpies han organizado, con la colaboración de la Comunidad de Madrid, la muestra ‘Antoni Tàpies. La práctica del arte’. Se trata de la mayor retrospectiva celebrada hasta hoy del artista y toma su título de la primera compilación de sus escritos, publicada en 1970. Más de doscientas obras permiten al visitante obtener una panorámica de su larga trayectoria -entre 1943 y 2012-, en la que experimentó con las propiedades expresivas de la materia y del lenguaje sin dejar de reflexionar en ningún momento sobre la pintura y la representación. Una panorámica que extensa y cuidada sin embargo nos deja insatisfechos, como frustrados por no haber llegado al fondo de la obra de este artista.

Partiendo de unos inicios marcados por la herencia de las vanguardias históricas y su vinculación con el grupo artístico Dau al Set, los primeros años de la década de 1950 evidencian el paso hacia una prolongada experimentación con la materia que hace despegar el conocimiento del artista en el ámbito internacional. Durante los años sesenta lleva a cabo una serie de tentativas objetuales y con la transición a la democracia emprende nuevas investigaciones matéricas, la incorporación del barniz y un interés creciente en la espiritualidad oriental. Su trabajo es entonces más depurado, alcanzando cotas de gran lirismo. Un sentimiento de nostalgia invadiría la obra de Tàpies en sus dos últimas décadas.

Asociado a la abstracción y al informalismo de posguerra por sus rasgos expresionistas, Tàpies se consideraba un pintor realista más que abstracto, y su empleo inconfundible de la materia para crear formas y objetos le otorgan una identidad propia. Tremendamente prolífico, el trabajo de Tàpies se asemeja a un compendio en permanente construcción. El artista, en lugar de concebir sus obras de forma aislada, las relacionaba con otras anteriores y posteriores, una práctica que resulta crucial en su arte, siendo esta “conformación de entornos” una inspiración que se ha querido seguir a la hora de seleccionar y mostrar las obras en esta exposición..

En la última década parecería haber caído una pesada losa de olvido sobre quien había sido izado en vida al olimpo artístico, aunque en 2014 un cuadro suyo se subastara en casi tres millones, algo inesperado y quizás irrepetible. Con este centenario de su nacimiento, que en Cataluña va a ser especialmente celebrado, es posible que se consiga retomar el interés por su obra, numerosísima, irregular y salpicada de grandes hallazgos en la difícil confluencia de la pintura con la materia, de la idea con la imagen, de la abstracción con los signos.

En una de sus últimas entrevistas, con Josep Massó en La Vanguardia en 2007 decía: ‘Me han dicho que hago pintura visionaria. Sí, tal vez. Una visión interior, estimulada por el conocimiento, las lecturas, los afectos… Tengo una visión del conjunto de lo que nos rodea, del universo, de lo que son los hombres. Ese esfuerzo visionario procuro estimularlo. No lo he inventado yo. Lo hacen las religiones orientales por medio de la concentración mental. Ahora, como siempre, me concentro en una habitación tranquila y esa concentración me aboca una serie de imágenes que me dan la posibilidad de transformarlas en una obra de arte… La realidad va variando cada segundo. Todo cambia… He sido un escéptico toda la vida. El escéptico no es el que no cree en nada, sino el que duda de todo lo que pasa en el mundo… Hay muchas cosas del presente que no me gustan, pero al menos en Cataluña y en España, en comparación con lo que hemos vivido, la situación me parece un paraíso».

En su primera etapa se percibe una influencia notable de Joan Miró, Max Ernst o Paul Klee, Con el colectivo Dau al Set experimenta un giro iconográfico de reminiscencias mágicas en el que destaca el Tríptico (1948), una de sus obras más destacadas y más alejadas de lo que será su estilo personal. A partir de 1953 abandona la figuración, incorporando texturas densas similares a las de una pared o tapia, a las que aplica incisiones, marcas, huellas, perforaciones, al compás del interés por la materia generalizado en el arte de posguerra en ambos lados del Atlántico.

Tàpies alcanza su madurez artística con las pinturas matéricas siendo aun relativamente joven y la crítica le sitúa
pronto en un lugar destacado de la vanguardia nacional e internacional. En 1964 es invitado a participar en la documenta III de Kassel, Alemania, para la que produce expresamente tres obras de grandes dimensiones reunidas ahora que rara vez se han mostrado juntas desde entonces. Se trata de Gran tela gris para Documenta
(1964), Ocre para Documenta (1963) y Relieve negro para Documenta (1964) procedentes, respectivamente, de los museos Artium de Vitoria, Louisiana Museum of Modern Art (Dinamarca) y Fondation Beyeler de Basilea (Suiza).

Desde los 60, le da una vuelta de tuerca a su producción a través de la representación e incorporación de elementos de la realidad exterior, que confieren un marcado carácter objetual a las obras de este período. La acción de agregar objetos reconocibles, a menudo usados y banales, entraña una aproximación a lo real y concreto que denota un paso más allá en términos de la representación. También dan cuenta de cómo la cuestión del cuerpo humano cobra una importancia creciente en la obra de estos momentos. A medida que su reputación se va consolidando en el panorama internacional, su oposición al franquismo se va haciendo más explícita, como demuestran las obras expuesta ‘A la memoria de Salvador Puig Antich’ y ‘7 de noviembre’. En los 80 sus obras resultan más sosegadas, sin apenas variaciones en el repertorio. En la primera mitad de la década experimenta con una técnica de diálogos austeros de ocres y negros. y la segunda mitad es el tiempo de los “barnices”, de las tonalidades aureas. ‘Hay mutaciones y cambios en su obra y desde las materias de los años cincuenta a los barnices de los ochenta hay una evolución. Pero esta no se fundamenta en una progresión, en un quemar etapas, en un desarrollo lineal, sino en las superposiciones, repeticiones y ritornelos’, opina el comisario de la muestra.

El crítico Pedro Alberto Cruz Sánchez se preguntaba hace un par de meses: ‘¿Sigue siendo transgresor Tàpies?
El gran pintor de la vanguardia abstracta fue una figura central del relato artístico pero muchos de los debates que sustentaban su obra han perdido virulencia. Tàpies constituía el exponente máximo de eso que se podría designar como «vanguardia». Nadie mejor que él ejemplificaba la renovación estética que se fraguó a contrapelo del franquismo: su universo plástico constituía ese perímetro de «transgresión confortable» en el que maduró el imaginario de tantos profesionales del arte durante la fase media y tardía de la dictadura… En términos generales, existe una falla considerable entre la generación de artistas de posguerra –incluido Tàpies– y las nuevas prácticas artísticas españolas. Podríase afirmar que el artista catalán funciona más como tradición que como modelo de transgresión para los nuevos nombres del arte. Lo mucho que hay de pintura en el panorama actual ya no remite a los paradigmas estéticos del informalismo, sino, antes bien, a la reelaboración –en ocasiones cansina– de los nuevos cánones generados por la posmodernidad. Tàpies queda muy atrás… La concepción unidireccional de la historia del arte que tenía el artista barcelonés era propia de un marco de pensamiento como el de la modernidad que ya hizo crisis en la década de 1960. Tras él, la posmodernidad devolvió a los lenguajes figurativos su carta de legitimidad y, en el actual contexto de lo contemporáneo, pocos son los artistas que se plantean una competición esencialista y agonística entre abstracción y figuración. Las nuevas generaciones transitan por ambos territorios con una naturalidad que exorciza viejas rencillas entre ambos bandos’.

Aproximación a la propuesta (del 1 al 10)
Interés: 9
Despliegue: 7
Comisariado: 7
Catálogo: n/v
Documentación a los medios: 8

Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini, 4ª planta. Madrid
Antoni Tàpies. La práctica del arte
21 de febrero de 2024-24 de junio de 2024
Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Fundació Antoni Tàpies
Comisariado: Manuel Borja-Villel
Coordinación: Rafael García y Carlos González
Itinerancia: Bozar-Palais des Beaux-Arts, Bruselas: (14 septiembre, 2023 – 7 enero, 2024), Fundació Antoni Tàpies, Barcelona: (17 julio, 2024 – 13 enero, 2025) .

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-Todavía Tàpies. Encuentro con Manuel Borja-Villel y recital de poesía. Viernes 15 de abril –
18:00 h: un recorrido por los principales temas de la muestra que culmina con un recital de poesía, seleccionado y leído por Alfonso Alegre y Victoria Pradilla, sobre las relaciones entre Tàpies y la escritura poética.