José Catalán Deus

JCDeus.org

El sueño veraniego de Britten sobre la comedia de Shakespeare

Han sido seis las funciones de esta nueva producción de El sueño de una noche de verano, y ha sido muy celebrada. Pero sintiendo disentir, nos pareció inferior a otras suyas ya vistas en el Real, una ópera tediosa y ñoña con mucho coro infantil, poco esmero vocal y eso sí, excelente orquestación que Ivon Bolton elevó a las alturas, mientras que su contraparte artística, Deborah Warner, ilustraba con fantasía una producción de notable factura formal para un contenido bien corriente.

Este ‘Sueño de una noche de verano’ está basado en ‘A Midsummer Night’s Dream’ la comedia de William Shakespeare, escrita alrededor de 1595, de la que la traducción correcta del título sería Sueño de una Noche de San Juan, ya que la midsummer night es la noche del solsticio de verano, la noche de san juan en España, del 23 al 24 de junio. El compositor británico Benjamin Britten (1913-1976) recibió un encargo con apenas un año de antelación, y se inclinó por el comodín de basarse en una obra literaria que fuera muy conocida de un autor muy valorado, y quien mejor que Shakespeare para los británicos, decidiendo escribir él mismo el libreto con la colaboración de su pareja, el tenor Peter Pears.

.

Suprimió la primera escena del primer acto de la comedia original, que transcurre en la corte ateniense, y optó por subrayar la parte fantástica, el mundo mágico de las hadas gobernado por Oberón y Titania. El rey, frustrado por no conseguir quedarse con el joven paje de la reina, decide vengarse y encarga al duende Puck que la unte un brebaje en los párpados que la hará enamorarse locamente del primer ser que vea al despertarse, y al tiempo haga lo mismo con el joven de una de las dos parejas humanas que se han adentrado en el bosque, Demetrio, por rechazar de malas a maneras a Elena. Pero Punk se equivoca y se lo pone al otro joven, Lisander, que abandona a su Hermia en pos de Elena, a la que ve al despertar. Así que se organiza un buen lío la noche de San Juan, porque Titania cae rendida ante un tosco cómico, Botton, que con el resto de la compañía se han venido al bosque a ensayar la obra ‘Píramo y Tisbe’ programada para la boda del duque Teseo y la reina Hipólita, mientras las dos parejas juveniles se mezclan en confusión rotunda de pretensiones. Todo terminará felizmente, por supuesto.

Musicalmente, Britten creó mundos sonoros claramente diferenciados para los grupos de personajes shakespearianos. Para el reino de las hadas y duendes utiliza timbres etéreos –arpa, celesta, cuerdas agudas, maderas y voces infantiles–, armonías delicadas y sonoridades suspendidas. Para los encuentros y desencuentros de las dos parejas, líneas líricas e intensas, con sorpresivos desajustes melódicos y armónicos que reflejan la inconstancia y el desorden emocional. Y para los cómicos , una música paródica que se burla de las convenciones operísticas decimonónicas.

Por primera vez en la historia del género, compuso el personaje principal para voz de contratenor., lejos de los heldentenores wagnerianos, próximo a los castratos de las óperas del siglo XVIII. Y Puck, aunque normalmente en la lírica el ayudante del héroe es un barítono, en el libreto ni siquiera canta, y en esta producción ha sido desdoblado en un actor y un trapecista. Además, los celos de Oberón por el paje de Titania, que en este montaje lo representa un niño- están teñidos de un fuerte tono pedófilo que resulta llamativo en estos tiempos de Empstein y cía. Y es que a lo largo de su vida, Britten se sintió especialmente atraído por los niños y mantuvo una estrecha amistad con varios adolescentes: Piers Dunkerley tenía trece años en 1934, cuando Britten tenía veinte, y los jóvenes David Hemmings y Michael Crawford cantaron papeles de tiple en sus obras de los años 50. Hemmings declararía que nunca el músico abusó de la confianza, y Crawford escribió que ‘tenía una afinidad maravillosas con los jóvenes. Amaba la música y amaba a los jóvenes que se interesaban por la música’. Varios allegados a Britten sospecharon durante mucho tiempo que su atracción por los adolescentes tenía algo excesivo, y su pareja Pears le decía en una carta: ‘Recuerda que todavía hay cosas bonitas en el mundo: los niños, los chicos, el sol, el mar, Mozart, tú y yo’. Algunos comentaristas han cuestionado su conducta, a veces de forma muy aguda. Los biógrafos Carpenter y Bridcut concluyen que mantenía relaciones afectuosas —incluyendo compartir la cama, besos y baños desnudos—, pero estrictamente platónicas. Parte de los compositores y músicos de su tiempo estaban convencidos de que Britten y Pears eran los líderes de una red homosexua de influencias e intercambio de favores en la música del momento. Con el tiempo las sospechas, indicios y pruebas manifiestas sobre ello se han extendido a todo el mundo cultural occidental, en el que los homosexuales ejercen ya un poder bastante notable, a veces el poder ni más ni menos. Como ocurre con el sionismo en el mundo occidental, se puede aplicar el famoso dicho gallego de que ‘las brujas no existen, pero haberlas, haylas’.

El caso es que esta ópera recibió, desde el principio, críticas contrapuestas. W. H. Auden, que había sido colaborador de Britten y posteriormente se alejó de él, la desdeñó considerándola «terrible, puro Kensington» (barrio privilegiado londinense), pero se fue imponiendo y en las estadísticas de Operabase[3]​ aparece la n.º 84 de las cien óperas más representadas en el período 2005-2010. Tiene un mundo sonoro muy especial, no marcadamente disonante, pero repleto de sutiles armonías atmosféricas y pintura tonal, ejemplo de su «conservadurismo progresivo» que evitó la vanguardia y no desafió las convenciones. Con el paso del tiempo, al ser barridos el serialismo, la atonalidad y la mayoría de las formas de modernismo musical mientras el neorromanticismo, el minimalismo y otros modos de expresión relacionados con la tonalidad se ponían de moda, apareció un renovado interés por los compositores que se habían considerado desfasados en su tiempo.

El equipo artístico de la ópera es el mismo que hizo otros dos programadas anteriormente, en 2017 ‘Billy Budd’ y en 2021 ‘Peter Grimes’: Ivor Bolton en la dirección musical, Deborah Warner en la dirección de escena, y Kim Brandstrup en la coreografía. Esta última consigue ordenar a duras penas la barahúnda de bailarines y actores infantiles; Warner potencia la atmósfera misteriosa, delirante y grotesca de la ópera, ayudada por el escenógrafo Christof Hetzer (un árbol del revés, un duende surcando los aires, columpios para que todo parezca flotar), del iluminador Urs Schönebaum que llena de lucecitas las faldas de las hadas, y del figurinista Luis Filipe Carvalho, que viste a Oberon de traje y corbata, y a los cómicos como obreros de la construcción. La puesta en escena resulta llamativa pero finalmente estática, algo cansina.

Ivor Bolton vuelve al Real después de haber sido su director musical una década. Consiguió que la orquesta brillara ala altura de la partitura, y que los coros infantiles tuvieran todo el protagonismo vocal dado el reparto de buenas voces no tiene muchos momentos de lucimiento. No nos terminó de convencer el hierático contratenor británico Iestyn Davies en el papel de Oberon, mientras que la soprano estadounidense Liv Redpath (Tytania), y las mezzos Simone McIntosh (Hermia), y Jacquelyn Wagner (Helena) fueron lo mejor de la noche, junto a Clive Bayley (Botton) bien secundado por el resto de los cómicos. Correctos Thomas Oliemans (Teseo), Christine Rice (Hipólita), Sam Furness (Lisandra), Jacques Imbrailo (Demetrio). A destacar el bailarín aéreo Juan Leiba, ese Puck trapecista que Wagner se saca de su majín para distraernos un poco de una acción plúmbea. Y en sentido negativo, unos subtítulos malos, malos, malos.

Benjamin Britten ha ocupado un lugar privilegiado en la programación del Teatro Real desde su reapertura. En 1997, dos meses después de la reinauguración, ya se programó ‘Peter Grimes’ en producción del Teatro de La Monnaie de Bruselas. Le han seguido El sueño de una noche de verano (2006), La violación de Lucrecia (2007), Otra vuelta de tuerca (2010) (ver nuestra reseña), Muerte en Venecia (2014), Billy Budd (2017) (ver nuestra reseña), Gloriana (2018) (ver nuestra reseña), Peter Gimes (2021) y las obras infantiles El pequeño deshollinador (2005, 2006 y 2007) y El diluvio de Noé (2008). Actualmente sus óperas de Britten son de las más representadas en el mundo entre los compositores de siglo XX, sólo Puccini y Richard Strauss le superan. A lo largo de los 28 años transcurridos entre ‘Peter Grimes’ y ‘Muerte en Venecia’, su estilo fue cambiando con la introducción de elementos atonales, aunque siguió siendo esencialmente un compositor tonal.

‘A Midsummer Night’s Dream’ en definitiva nos pareció una ópera poco lograda, de magnífica orquestación y apologética infantil de doble significado, en una producción efectista para mayor gloria británica. La versión de Britten desmerece de otras de esta obra, como el ballet ‘Le songe’, que pudo verse en 2012 (ver nuestra reseña) o la representación teatral del Teatro Nacional Weimar en el festival de Almagro en 2017 (ver nuestra reseña).

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 7
Música: 8
Libreto: 6
Dirección musical: 9
Dirección artística: 7
Voces: 7
Producción: 8

TEATRO REAL
SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO
Ópera en tres actos, op. 64
10, 12, 14, 17, 20, 22 de marzo de 2026

Música de Benjamin Britten (1913-1976)
Libreto de Benjamin Britten y Peter Pears, basado en la obra homónima (1600) de William Shakespeare
Estrenada en el Jubilee Hall de Aldeburgh en Suffolk el 11 de junio de 1960
Estrenada en el Teatro Real el 11 de enero de 2006
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Royal Ballet and Opera de Londres y el Teatro Maggio Musicale Fiorentino.

EQUIPO ARTÍSTICO
Dirección musical Ivor Bolton
Dirección de escena Deborah Warner
Escenografía Christof Hetzer
Vestuario Luis Filipe Carvalho
Iluminación Urs Schönebaum
Dirección de movimiento Kim Brandstrup
Dirección del coro de niños Ana González
Asistente de la dirección musical Roderick Shaw
Asistentes de la dirección de escena Isabelle Kettle, Marco Berriel
Asistente de escenografía Alice dal Bello
Asistente de vestuario Anuschka Braun
Iluminador asociado Chris Wilkinson
Asistente de escenografía (maqueta) Agnes Hasun
Asistente del director de movimiento Joanna O’Keeffe
Maestros repetidores Mark Lawson, Bernard Robertson
Intérprete del clave Bernard Robertson

REPARTO
Oberon Iestyn Davies
Tytania Liv Redpath
Puck Daniel Abelson (voz)
Juan Leiba (bailarín aéreo)
Theseus Thomas Oliemans
Hippolyta Christine Rice
Lysander Sam Furness
Demetrius Jacques Imbrailo
Hermia Simone McIntosh
Helena Jacquelyn Wagner
Bottom Clive Bayley
Quince Henry Waddington
Flute Ru Charlesworth
Snug Stephen Richardson
Snout John Graham-Hall
Starveling William Dazeley
Cobweb Stella Moreno Monaco
Peaseblossom Emma Alcañiz Rodríguez
Mustardseed Marta Yagüe Alonso
Moth Aisel de la Rosa Hernández

Orquesta Titular del Teatro Real
Pequeños Cantores de la ORCAM (solistas, coro y cinco niñas actrices)
Coro y chiquicoro Algadir-Daniel Martin (Alcorcón) (cinco niñas actrices)

Bailarines
Álvaro Almodóvar, Maia Alves, Juan Pablo Arcila,
Juan de la Blanca, Uxoa Carmona , Sofía Llano,
Javier López Villalón, Diego Martínez, Clara Navarro,
Gastón Palermo, Marcos Pelado, Lydia Plaza, José Ruiz

Niños actores
Carlos Armada Hortelano, Julia Ciardo Jiménez,
Leire Corcuera Fundora, Axel García Balanta,
Rubén García Martínez, Candela Gómez Vilela,
Elena González Juárez, Valentina Iglesias Borrero,
Ára Lapeña Bogado, Alfonsina Leiba Barrera,
Frida Leiba Barrera, Leo López Martínez,
Valeria Medina Carrascosa, Clara Moreno Sánchez,
Silas Muñoz Rodríguez, Sara Ruíz Baracaldo,
Valeria Sánchez Martínez, Izan Santana Castillo,
Ariadna del Carmen Tiscana Gualoto,
Clara Vásquez Espina

Duración aproximada 2 horas y 50 minutos
Actos I y II: 1 hora y 35 minutos
Pausa de 25 minutos
Acto III: 50 minutos
19:30 horas. Domingo, 18:00 horas.