José Catalán Deus

JCDeus.org

Dos fotógrafos con empatía

Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930-2021) y Paolo Gasparini (Gorizia, Italia, 1934) comparten una mirada cómplice -más distante en el primero, más rendida en el segundo- por la gente corriente, sean turistas o campesinos, indígenas o gitanos, mujeres y hombres captados fundamentalmente en España por el almeriense y en Iberoamérica por el italo-venezolano, y centrados ambos en la segunda mitad del siglo XX.

Pérez Siquier vivió toda su vida en Almería. Viene a reflejar, entre sus inicios en La Chanca y su repliegue de los últimos hacia ámbitos más personales, el desarrollo económico y el impa to del turismo en los años sesenta, el surgimiento de una nueva cultura visual, colorista y sensual, condensada en el eslogan Spain is Different. Se percibe en su trabajo la celebración entre escéptica y curiosa de una sociedad de consumo que refleja el cambio de paradigma entre regímenes sucesivos, el franquista y el juancarlista.

Quiso mostrar una imagen optimista del arrabal almeriense de La Chanca, que se había convertido en símbolo de atraso y subdesarrollo para los intelectuales antifranquistas, y lo hizo con un respeto profundo por sus habitantes. En 1956, mientras comenzaba esta serie, era secretario de la Agrupación Fotográfica Almeriense, AFAL, cuya revista revolucionó el panorama fotográfico español y es considerada el movimiento de renovación más significativo de la historia de la fotografía española. En los 60 abandonó la confortable estética del blanco y negro -que ya dominaba- y la película de 35 mm, para comenzar a utilizar una cámara de mayor formato, una Rolleiflex, cargada con película de 6 x 6 mm en color. Con ella retrato de nuevo La Chanca con una estética más conceptual, alejada de la vida cotidiana.

La amplia retrospectiva recorre las series más señaladas de quien recibiera Premio Nacional de Fotografía en 2003. El recorrido, compuesto por más de 170 fotografías, está organizado en siete series dispuestas cronológicamente. Tras ‘La Chanca’ y ‘La Chanca en color’ (1957-1965), llega ‘Informalismos’ (1965), paredes desconchadas de las casas y los muros de las cuevas del barrio: ‘Me di cuenta de que las paredes, que habían sido pintadas por sus anteriores moradores con cal, con distintos colores, desconchándolas tenían unas texturas muy interesantes. Hice una serie de primeros planos, y con eso monté una exposición. Eran fotos de conceptos, que tuvieron una gran importancia. Aparte de su configuración estética, la tenía social. Era una especie de lectura del paso del tiempo. Una familia había pasado por esa casa, y la mujer la había pintado, por ejemplo, de color amarillo. Pero al cabo de los diez años, había pasado otra familia que la había pintado de otro color. Yo iba y arañaba y salían una especie de estratos, como si fueran tiempos geológicos’. Estos paramentos aislados, fragmentados, con sus sedimentos de color, enlazan con el informalismo pictórico, o con la búsqueda de la pura abstracción hacia la que Siquier tiende desde ese momento, buscando las formas autónomas y la valoración de los colores planos.

‘La Playa’ (1972-1980) se basa en su trabajo de fotógrafo contratado por el Ministerio de Información y Turismo. Junto a imágenes de promoción turística, tomará primeros planos de los cuerpos al sol, los bonitos y los feos, hasta rozar lo grotesco,con sentido del humor y gusto surrealista, una celebración del volumen corporal y la vida que destila y una mirada fina hacia una cotidianidad distinta. Pocos se atrevían en ese momento con la fotografía en color, pocos lograban encontrar una voz propia con este nuevo medio que parecía quitar toda la poesía a la tradición del blanco y negro. Esto convierte a Pérez Siquier en un verdadero pionero a nivel mundial.

El interés por las superficies que aparece ya en «La Chanca en color» se desarrolla plenamente en ‘Tramas para incautos’ (1980-2001), donde Pérez Siquier parece recorrer un mundo crecientemente superficial, poblado por representaciones alternativas de la realidad, escenarios de aparente cartón piedra donde lo cotidiano se congela en escaparates, maniquíes, figuras de feria, parasoles ilustrados o enseñas publicitarias. Como inmersas en un universo paralelo, estas escenas producen un peculiar efecto de extrañamiento pues captura motivos que normalmente, por su banalidad suelen pasar desapercibidos. El uso de un color saturado, por otra parte, incide en los contrastes entre la figura y el fondo, lo que sitúa aquellas en un entorno irreal, despoblado, ajeno e incluso hostil, como una localidad turística fuera de temporada: en ese sentido, su obra se vincula a los intereses de la aparición del kitsch en la cultura contemporánea y del hiperrealismo norteamericano, interesado en ese período por las superficies pulidas de la modernidad tardía y por las paradojas del mundo consumista.

En ‘Encuentros’ (1991-2002) es el turno de espacios de su entorno, lugares duros, vulgares, anodinos: azulejos, plásticos, cortinas metálicas doradas, coches enfundados o abandonados, medianeras de edificios. Y los retrata, sin concesiones, de manera directa, certera y brillante. Se trata de una versión muy personal de la estética pop que le lleva a encontrar atractivo en todo aquello en lo que otros encontrarían desolación. Y como contrapunto y referencia final al trabajo más reciente de un fotógrafo que siguió en activo durante sus últimos años, cuando contaba con casi noventa, la exposición se cierra con la serie ‘La Briseña’, que sugiere un repliegue hacia el interior, un vistazo emocionante al interior de su refugio en el desierto almeriense. Un pequeño cortijo que da nombre a la serie y que toma su denominación de los vientos que recorren ese paisaje.

El catálogo que acompaña a la exposición cuenta con textos de los comisarios, Carlos Gollonet, conservador jefe de Fotografía de Fundación, y Carlos Martín, comisario independiente, una conversación con el fotógrafo dirigida por la historiadora de la fotografía Laura Terré y un ensayo de Juan Goytisolo, en tres ediciones en castellano, catalán e inglés.

En paralelo a Pérez Siquier, la propuesta de Paolo Gasparini, conformada por más de 300 obras, hace un recorrido completo por la trayectoria del artista, incluidos sus fotolibro, mecanismo narrativo crucial en su trabajo. Emigró a Caracas en 1954, siguiendo a parte de su familia y, en concreto, su hermano Graziano, entonces ya un reputado arquitecto que le regaló su primera cámara a los diecisiete años. Ponto comienza a trabajar para proyectos de la Unesco, en paralelo a su obra más personal, que desarrolla en Venezuela y Cuba. Fruto de este trabajo, se publica en México su emblemático libro Para verte mejor, América Latina (1972), que refleja el paisaje urbano, social ycultural de un continente en el que pugnan socialismo y capitalismo, imágenes de Marlboro o Pepsi con el Che y el Niño Jesús, un imaginario invadido por mensajes simultáneamente políticos y publicitarios.

En su obra tiende a romper la temporalidad, revisitando imágenes que ha realizado hace tiempo con algunas más recientes. Es lo que denomina ‘il senno di poi’, la sabiduría del después. Coincidiendo con la revolución cubana y las protestas en toda Centro y Sudamérica, Gasparini se alineará con el discurso de los intelectuales de izquierdas a favor de un arte comprometido, algo que con el paso de los años ha devenido en una postura moderada frente a cualquier tipo de extremismo. La propuesta afirma que Paolo Gasparini es el fotógrafo que mejor ha retratado las tensiones y contradicciones culturales del continente sudamericano, una dura realidad social enfocada con un lenguaje visual propio que parece manifestar siempre una crítica a la sociedad de consumo, al tiempo que revela una cierta obsesión por el modo que tiene el marketing y la publicidad de seducirnos.

Sus obras permiten comprender no solo las diferencias entre Europa e Iberoamérica, sino las diversidades que ofrece esta, desde México hasta el sur de los Andes. El recorrido expositivo está dividido en dieciséis secciones. ‘Andata e ritorno’ es, además de la primera sección de la muestra, el título del fotolibro editado en 2019 revisando sus series entre Gorizia y Caracas: setenta fotografías impresas a sangre que conectan realidades de dos mundos en apariencia opuestos al tiempo que matizan sus diferencias. Entre 1955-1960 Gasparini viaja por Venezuela, cruza hasta la frontera de Colombia, atraviesa las serranías de los Andes y recorre las tierras del estado Lara. Documenta el modo de vida de los campesinos en el medio rural y la comunidad indígena wayú. Publica ‘Bobaré’ en 1959, ‘el pueblo más pobre, más abandonado y más miserable del estado Lara’, dirá.

Entre 1961 y 1965 Gasparini viaja a La Habana, invitado por el arquitecto Ricardo Porro y el escritor Alejo Carpentier. Realiza fotografías de la arquitectura colonial y el estilo barroco habaneros, de donde surge la serie ‘La Habana, la ciudad de las columnas’ (1961-1963). Allí también comienza a representar escenas callejeras, concentraciones populares. Comparte el entusiasmo revolucionario y trabaja en el Consejo Nacional de Cultura documentando la campaña de alfabetización. Colabora con cineastas como Armand Gatti o Agnès Varda, de los que extrae algunos recursos expresivos y técnicos, como el uso de fundidos, los barridos de imagen y la inclusión de cuadros con texto en el relato, con los cuales ordena buena parte de su praxis fotográfica, en especial los audiovisuales, a partir de 1980. Regresará a Cuba en varias ocasiones y dirá: ‘ la Revolución cubana, en cierto momento significó la utopía, la alternativa, la posibilidad de creación del hombre nuevo y se fotografió en ese sentido. Hoy ha tomado un rumbo que no es el que habíamos pensado. Y eso nos crea una gran decepción, amargura y falta de credibilidad’.

En su producción, Gasparini articula en los encuadres situaciones contradictorias, registra imágenes dentro de imágenes. En ocasiones las monta en el laboratorio y las superpone. Utiliza el montaje y la edición como sistema para producir ideas, y sus narraciones tratan de motivar a la acción y golpear conciencias. Entre 1968 y 1970 el artista se une al equipo editorial de la revista Rocinante, publicada por intelectuales de la izquierda venezolana comprometida con las causas revolucionarias del mundo. En Retromundo (1986) establece un diálogo entre el primer y el tercer mundo. Ciudadanos paseantes que se reflejan y multiplican en las superficies translúcidas de los escaparates frente a escenas callejeras de miseria y pobreza, mientras captará la vida de los mineros y los campesinos andinos en series como ‘Acá, este cielo que vemos’ a través de imágenes dotadas de una gran dignidad, como las de las madres con sombreros encintados que amarran a sus hijos con mantas artesanales tras largas jornadas de trabajo en Perú.

La Unesco le contrató para fotografiar las edificaciones precolombinas, coloniales y contemporáneas del continente, y así pudo visitar proyectos urbanísticos desde México hasta la pampa argentina y desde Brasilia hasta Machu Picchu: los efectos injustos de la poscolonización se pueden contemplar en series como ‘Brasilia, dos en uno’ (1972-1973 y 2013); ‘São Paulo, la muerte del aura’ (1997-2015); ‘Maracaibo, La Guajira y petróleo’ (1970-2017) o «La calle» (1970-1999), ejemplos de un proyecto visual sólido que reivindica sin victimizar. Una de sus series más reconocidas es la basada en la Plaza Venezuela de Caracas, donde la gigantesca Torre Capriles contrasta con una realidad más humilde a pie de calle.

Desde 1971, han sido frecuentes los viajes de Gasparini a México, y ‘Letanías del polvo’ (2009), un audiovisual en formato CD que acompaña al fotolibro ‘El suplicante’ (2010) relata una historia que se inicia con la revolución
zapatista y hala del subcomandante Marcos. ‘El ángel de la historia’ es un mural de doce metros compuesto por 63 fotografías tomadas en diferentes países que conforman una panorámica de su trabajo. Y en 2014, publica el fotolibro Karakarakas con fotos de archivo, desde las primeras que tomó cuando llegó a Venezuela en 1954 hasta imágenes de las manifestaciones en contra del régimen chavista.

El catálogo reproduce todas las obras expuestas y cuenta con ensayos a cargo de la comisaria de la exposición María Wills Londoño, el historiador de la fotografía Horacio Fernández, la historiadora e investigadora de la cultura visual Sagrario Berti, el escritor y periodista Juan Villoro y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras Antonio Muñoz Molina.

Tanto Pérez Siquier como Gasparini vienen a incidir en lo dudoso de aquel dicho que tanto éxito tuvo el siglo pasado, el de que una imagen vale por mil palabras. Aparte de que muchas veces mil fotografías dicen menos que una frase, su inclinación a las series como tantos y tantos confirma que el trabajo de los fotógrafos necesita casi siempre de un conjunto de instantáneas para decirnos algo serio, y que en eso la fotografía se ha acercado al documental. Nos parece un acierto juntar a estos dos fotógrafos en una propuesta así doblemente interesante que forma parte de la sección oficial del Festival PHotoESPAÑA 2022.

Aproximación a la propuesta (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 8
Comisariados: 8
Catálogos: 8
Documentación a los medios: 8

Fundación MAPFRE
Del 1 de junio al 28 de agosto de 2022
PÉREZ SIQUIER
Comisarios: Carlos Gollonet y Carlos Martín
PAOLO GASPARINI – CAMPO DE IMÁGENES
Comisaria: María Wills Londoño
Producción: Fundación MAPFRE.