Elisabeth Larena es una bilbaína de cuarenta años que lleva quince haciendo teleseries. Con tan escaso bagaje se ha atrevido a escribir esta comedieta cuyo mediano éxito se basa en la presencia de una actriz nonagenaria que genera comprensibles simpatías y tres cuartas partes del aforo. La otra cuarta parte, a poco que se mantenga despierta saldrá de la función muy cabreada porque la propuesta es deficiente. Lo mejor, que dura solo ochenta minutos. Lo peor, un amateurismo al que le falta una década de oficio y aprendizaje.
El argumento es un velatorio con la muerta muy presente, una vieja insoportable llamada Pilar, con la única asistencia de su nieta reconocida Leo muy contrariada y la llegada inesperada de su nieta secreta, Inés, con la novedad de que tiene derecho a la mitad de la herencia. Leo la acoge de mala manera pero Inés consigue que a regañadientes empiece a interesarse por la que se revela ahora misteriosa vida de su abuela. Todo se limita a un diálogo abrupto entre ambas nietas en el que tercia a menudo la abuela muerta/viva con ocurrencias manidas. Cuando tal memez no da ya más de sí, aparece un cuarto personaje, la fallecida supuesta madre de Leo e Inés y supuesta hija de Pilar, y así dos muertas y dos vivas seguirán dando carrete al rollo hasta que nos revelen quien es abuela, hija y nieta de quién, un lío que no veas.
De velatorios donde se reconstruye una historia está el teatro lleno. Trama tan tópica le da pie a la autora para ironizar sobre ‘un país al que antes llamábamos España’ y loar a la vecina Francia como si allí por la misma época no pasaran las mismas cosas; para despreciar a Cuenca como si fuera una aldeucha de mala muerte, y más que nada para reírse de la Sección Femenina del partido Falange Española, constituida en Madrid en 1934, y tras la guerra civil convertida en la rama femenina del partido único de las FET y de las JONS, luego Movimiento Nacional, para mofarse de su uniforme y de sus principios sin tener en cuenta por supuesto que para juzgar el pasado hay que tener en cuenta el mucho tiempo y los muchos cambios ocurridos; hasta finalmente meter de tapadillo lo bueno que es ser lesbiana y lo malo que es ser mujer casada.

‘El proceso de documentación para dar vida a Pilar, nuestra protagonista, se entrelazó con mis propias memorias: aquellas que no viví directamente, pero que sí vivió mi abuela y que, de algún modo, me habitan. Ese «Yo, oír, ver y callar» tantas veces repetido a mi madre, a mis hermanas y a mí, aunque sienta que no me pertenece, sigue vivo a través de mí, como un eco que atraviesa el tiempo y la sangre’, explica por todo explicar Larena. Si su texto es muy flojo, su trabajo de director no consigue elevarlo, con una escenografía muy elemental de Fernando Bernués y un vestuario simplón de Ana Turrillas como contexto para un reparto donde la veteranía de María Galiana pone u toque de profesionalidad a la poca consistencia de sus tres compañeras de reparto, quizás debida a la deficiente dirección actoral del conjunto. Alicia Armenteros hace una Inés graciosilla, Ana Mayo una Leo muy irregular y Nieve de Medina el fantasmal personaje que resulta el peor de los cuatro.
De donde no hay, no se puede sacar, y realmente esta pieza teatral resulta inexplicable en el circuito teatral de primera categoría. Al margen de razones extraprofesionales que no conozcamos, todo se basa en la presencia de la entrañable ancianita María Galiana y en un sentimentalismo mal entendido y teñido de oportunismo políticamente correcto.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 4
Texto, 5
Dirección, 5
Interpretación, 6
Escenografía, 5
Producción, 5
Documentación para los medios, 0
Programa de mano, n/v
TEATRO PAVÓN
YO SÓLO QUIERO IRME A FRANCIA
Escrita y dirigida por Elisabeth Larena
Del 1 al 23 de mayo de 2026
REPARTO:
María Galiana
Alicia Armenteros
Nieve de Medina
Anna Mayo
EQUIPO:
Fernando Bernués Escenografía
Nacho Martín Iluminación
Ana Turrillas Vestuario
Alfonso Antolín Espacio sonoro
Contraproducións – Belén Pichel Producción.



